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«A una madre no se le hace lo que a la Virgen cuando acaba el Traslado»

La camarera de la Mare de Déu pide que acabe la actitud «vegonzosa» de la gente cuando la imagen de la patrona llega a la Catedral, donde se organiza desde hace años un tumulto «que raya en lo peligroso»

El Traslado de la Virgen, desde dentro

Moisés Domínguez

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Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

La festividad de la Virgen de los Desamparados llega a su día grande este domingo. Aunque realmente, sus festejos y honores se prolongan durante varias semanas más. Mañana lunes, por ejemplo, se celebra la Ronda a la Verge, un concierto vespertino que es capaz de llenar hasta los topes el interior de la plaza de la Virgen. Después continúan los servicios religiosos auspiciados por diferentes entidades o colectivos. Es, por ejemplo, muy especial el jueves posterior, porque es el día de los floristas, que llenan el altar mayor de ofrendas florales como no se ve en todo el año. O el Besamanos del día 20, siempre diez días después de la jornada grande. También hay un goteo de besamanos por parte de las comisiones de falla en la capilla de la Escolanía. E incluso tras las jornadas principales, la advocación se prolonga en algunos barrios que la tienen también a su nombre.

Pero no hay día como el del «segundo domingo de mayo». Que, por otra parte, no es «el día de». Ese fue ayer, el 9 de mayo, en el que tuvo lugar su solemnidad litúrgica. De hecho, tampoco es el 8 de mayo -fecha fija- como también se cree, que es el día de la Virgen de Todas las Gracias.

Oficio religioso de este sábado, festividad "real" de la Virgen de los Desamparados

Oficio religioso de este sábado, festividad "real" de la Virgen de los Desamparados / Moisés Domínguez

El domingo es la «fiesta popular». El día pintiparado para que la ciudad salga a la calle y el que tiene articulado la doble exhibición de la imagen mariana. Por la tarde, la solemne: la Procesión General. Por la mañana, la popular y desatada: el Traslado.

Para ambos casos, la imagen Peregrina (la original no sale del camarín más que en contadísimas ocasiones, el más reciente en el Centenario de su Coronación) es vestida con alguno de los mantos que forman parte de su colección. Se trata de piezas confeccionadas a partir de patrones que tiene la Basílica sobre los que se realizan las partes del todo, de tal forma que, de la imagen, no queda a la vista mucho más que los dos rostros y la parte frontal del cuerpo.

"A una madre se la cuida"

La camarera de la Virgen, María Dolores Alfonso, se preocupa, sobre todo, por el Traslado. Y contrariamente a lo que pueda imaginarse, no por su desplazamiento por el exterior. «En el acto como tal, de verdad que no sufre, aunque suban los niños. Pero en la Catedral se la quieren comer. No creo que a una madre un hijo le haga o le tenga que hacer sufrir de esa manera. A una madre se la cuida y la Virgen lo es de todos nosotros. Teniendo ese principio, yo pediría que la respetáramos. Tengo que decirlo: es vergozoso».

Aspecto de la Virgen a su llegada al Altar Mayor de la Catedral

Aspecto de la Virgen a su llegada al Altar Mayor de la Catedral / Moisés Domínguez

Locura entre devotos o fanáticos

Ese momento es uno de los grandes desconocidos del Traslado. Cuando entra en la Catedral hay una «desconexión de la realidad». Pero dentro es una marimorena de primer orden. La multitud se agolpa como una violencia -como paroxismo- de una forma inusitada. Una amalgama entre de devotos, fanáticos -difícil considerarlos devotos-, portadors, eixidors y curiosos, unos tratando de poner orden, otros no, otros las dos cosas, tocando o arrancando el manto, acercando niños, mientras la megafonía se desgañita tratando de que el altar mayor se desaloja -so peligro de hundirlo-. Un totum revolutum entre los que quieren tocar, los que empujan y un mar de teléfonos móviles. No hay que olvidar que el año pasado hubo que desalojar una parte de la Seo por exceso de acumulación de gente y peligro de avalancha. Todo eso, antes de que empiece la Misa de Pontifical.

"¿Qué te han hecho?"

«Cuando entra a la sacristía de la Catedral, -cuando ha terminado la Misa de Pontifical y hay que volver a prepararla cambiándole el manto- le pregunto: «¿por dónde has ido, qué te han hecho? De verdad que nos da miedo: cuando sale sabemos cómo va, pero no cómo va a volver». La camarera, por ello pide encarecidamente «que la cuidemos». Porque siempre hay ocasiones de verla sin perder la razón.

Después, con la Procesión, las cosas cambian. Se vuelve a la solemnidad y a la imagen no habrá más que examinarla para que no quede ningún pétalo, de los millones que le lanzarán, por ninguno de los recovecos.

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