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Fiestas

Fervor en una Procesión por etapas

La patrona desfila por las calles del centro de la ciudad en un acto que vuelve a ser un desastre, con un parón de media hora, pero que llega incluso antes que el año pasado entre nubes de pétalos

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Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

La Procesión de la Virgen de los Desamparados, el acto con el que finaliza la parte más importante de la festividad de la patrona, es un caos en toda la extensión de la palabra. Pero en lo bueno y en lo malo. A ver cómo explicas qué, como acto lineal, volvió a ser una catástrofe, con media hora de parón, aburrimiento, impaciencia y enfado de la feligresía, capaz de aguantar durante horas el desfile ciudadano, pero no que por arte de birlibirloque, se corte sin motivo.

Y, sin embargo. La Patrona llegó 15 minutos más pronto que, por ejemplo el año pasado. Baste con decir que la imagen regresó a casa, a la Basílica, con luz del día. Eso es hacer un récord de velocidad y a pesar de ese enorme socavón que una vez más se produjo.

Es difícil de explicar. Es verdad. Empezaron las Fallas y lo hicieron desde las 17.30 horas a las 18.15. Clavado. Estuvo bien que, inmediatamente, empezó el resto de participantes: gremios, parroquias, asociaciones, entidades, cofradías, fiestas hermanas y todo tipo de colectivos a gusto del consumidor -el cabildo-.A las 19.40 horas salía la imagen de la Catedral. Un cuarto de hora más pronto que el año pasado. Y ese es el tiempo de adelanto, prácticamente, con el que volvió. O sea, que el recorrido de la imagen y acompañantes se hizo al mismo ritmo -o melsa, según se mire-.

El mismo parón on los mismos protagonistas

Porque además, el parón se produjo exactamente en el mismo sitio. Entre el Centenar de la Ploma, últimos del cortejo consistente y los Cavallers Jurats, que encabezaban el pelotón de rezagados. Más de 300 metros de distancia entre unos y otros entre los que iba a ritmo y los que iban a paso de tortuga, acompañando, parándose y de cháchara. Ese pelotón incluye Órdenes Militares y todo el clero que acompaña de oficio: seminaristas, Escolanía, párrocos y ya finalmente, la Mareta. ¿Quieren medirlo en distancia? Vale, pues allá va: desde la Iglesia de San Martín a los Santos Juanes.

Pero espérate que aún falta lo mejor. Entre los propios responsables de ponerle un poco de orden a esta amalgama de participantes hay opiniones encontradas. Unos dicen que es inadmisible que se vaya tan lento. Porque la Mare de Déu puede ir más rápida. Y otros dicen que, afortunadamente queda un poco de séquito, que son los otros los que van muy rápidos.

En cualquier caso, una cosa es el orden y otra es el concierto. Y éste es una sinfonía de curiosidad y devoción. La Virgen puede estar tranquila, porque el recorrido está lleno, llenísimo. Tiene una legión de seguidores de un público entregado. Con ella, con el Ejército, con las autoridades (María José Catalá se acompañó con Susana Camarero) y con todos los asistentes. En plena forma.

Con la imagen ya en casa, al son de las salvas de honor, la actividad mariana tiene hoy una nueva cita: a las ocho y media, la plaza de la Virgen vuelve a llenarse con la Ronda a la Verge, un concierto lírico que nunca defrauda.

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