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Negocios

El Balneario de la Alameda empieza a salir del letargo

Los técnicos municipales inspeccionan el edificio modernista de 1908 y el concejal de Patrimonio urge a agilizar su concesión. Un primera estimación cifra el coste de restauración en 6 millones

Fachada principal del Balneario de la Alameda

Fachada principal del Balneario de la Alameda / Miguel Ángel Montesinos

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Claudio Moreno

Claudio Moreno

València

El Balneario de la Alameda empieza a salir del letargo. Este edificio modernista lleva cerrado desde noviembre de 2022, después de que una inspección municipal detectara un brote de legionela, así como carencias en el mantenimiento de los sistemas de filtración o en el revestimiento del aljibe y el vaso de compensación. Desde entonces la empresa concesionaria ‘Balneario la Alameda 2016’ ha mantenido una batalla judicial con el Ayuntamiento de València y el edificio construido en 1908 para dar servicio a las trabajadoras de la Fábrica de Tabacos ha permanecido con las puertas cerradas, sin aparente movimiento, sumiéndose en una incipiente degradación.

Sin embargo, los técnicos del ayuntamiento acudieron ayer para realizar una serie de comprobaciones, como evaluar a qué profundidad se encuentra el agua del que se nutre el balneario: teóricamente a más de 650 metros. A partir de ahí, el siguiente paso consistirá en evaluar si el caudal de aguas termales sigue a 43 grados centígrados, manteniendo así sus propiedades medicinales. El espacio carece de electricidad y el consistorio necesita un generador para acceder al manantial que brota desde el interior de la tierra.

Según la Ley de Minas, son aguas termales aquellas cuya temperatura de surgencia sea superior en cuatro grados centígrados a la media anual del lugar donde se alumbran. Además, en función de la temperatura, las aguas termales se clasifican en hipertermales (más de 45 °C), mesotermales (entre 35 y 45 °C), hipotermales (entre 21 y 35 °C) y frías (menos de 20 °C). Solo las que están por encima de los 37 grados centígrados tienen plena aplicación terapéutica, como es el caso de las aguas que brotan junto al viejo cauce.

Por ello, considerando su valor, desde la concejalía de Patrimonio dirigida por el concejal Juan Manuel Badenas están moviéndose para intentar garantizar la reapertura de este recurso municipal. El edil ha difundido a través de sus redes sociales un vídeo donde urge a cerrar los trámites sobre la salubridad de las aguas para que la reutilización del inmueble sea lo antes posible. Y desde su delegación también han sondeado el mercado para ver cuánto costaría devolver a la vida el SPA ubicado en Amadeo de Saboya número 14. Las primeras estimaciones hablan de una rehabilitación de entre 5 y 6 millones.

Cartel histórico del Balneario de la Alameda

Cartel histórico del Balneario de la Alameda / Miguel Ángel Montesinos

En todo caso, desde Patrimonio señalan que compete al gobierno municipal en su conjunto volver a sacar a concesión el edificio diseñado por el arquitecto Ramón Lucini Callejo, de cara recuperar un inmueble de gran valor patrimonial por estar enclavado en el complejo modernista que albergó la Exposición Regional Valenciana de 1909 –motivo por el cual guarda homogeneidad estética con el Palacio de la Exposición o el edificio de Tabacalera.

Más allá de la urgencia política por desbloquear el futuro del edificio modernista, el Balneario de la Alameda todavía tiene alguna cuenta pendiente con la Justicia. De momento el cierre acordado por el ayuntamiento en 2022 al detectar el riesgo sanitario no tiene vuelta de hoja, pues el TSJCV avaló en 2025 esta suspensión motivada por el brote de legionela. Pero todavía no está resuelto el contencioso que la mercantil emprendió contra el ayuntamiento por la resolución del contrato: la empresa recurrió la sentencia de primera instancia y el fallo de apelación está previsto para el 7 de julio de 2026.

Pulso judicial

Tal como contó este diario el año pasado, la mercantil Balneario la Alameda 2016 llevó al ayuntamiento a los tribunales tras echarla de la concesión por tres incumplimientos de contrato: no haber elevado a escritura pública el acuerdo de concesión; no haber constituido la garantía para la ejecución del contrato público; y, la más importante, haber impagado el canon anual de la concesión durante cuatro años, arrastrando una deuda de más de 450.000 euros.

Sin embargo, la mercantil Balneario la Alameda 2016 defiende que los incumplimientos señalados son, en realidad, imputables a la administración. Alega que el acuerdo en realidad sí fue elevado a escritura pública, esgrime que solicitó subrogarse en el aval de la concesionaria anterior sin que el ayuntamiento contestara y que este ejecutó dicho aval sin notificación, cometiendo varios «defectos de forma». Y añade que los primeros años pactó con el ayuntamiento —mediante acuerdo verbal— una moratoria del canon y después presentó hasta en tres ocasiones solicitudes para modificar el contrato, dado que en la primera fase ya apreció dificultades para alcanzar beneficios.

Ahora, el reto del gobierno municipal pasa por evitar que se degrade aún más el antiguo Asilo de Lactancia mediante la concesión a una empresa que sufrague el importante coste de rehabilitación, y que esta además encuentre la fórmula para extraer beneficios de un negocio que ya mostró signos de agotamiento en su última vida.

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