Balneario de Alameda: tres años taponando un manantial de aguas curativas
Levante-EMV visita el balneario municipal de estilo modernista. El edificio, aunque conserva algo del lustre de su última reforma interior, ve cómo la grifería se oxida y algunas salas resultan irrecuperables. Desde Patrimonio urgen a sacar una nueva concesión para evitar que se pierda definitivamente la utilidad pública del Spa

Miguel Angel Montesinos

En algunas estancias del Balneario de la Alameda todavía flota un leve olor a cloro. Las toallas blancas siguen puestas en las camillas, como si los usuarios se hubiesen visto sorprendidos por una catástrofe y hubieran salido corriendo. La recepción mantiene la misma disposición, con algún macetero vacío y la foto de un paraíso tropical colocada detrás del mostrador. Perdiendo color. Es difícil resistirse a hablar de balneario fantasma, pero el edificio modernista situado en el número 14 de la calle Amadeo de Saboya no resulta tétrico. Sorprende el buen estado de algunas salas, prácticamente intactas, así como el brillo de los acabados de suelos y puertas. Pese a llevar más de tres años cerrado no está todo perdido.
De hecho, como contó Levante-EMV a principios de semana, los técnicos del ayuntamiento han vuelto a realizar algunas comprobaciones sobre la profundidad del manantial o la tempura del agua brotante, que debe mantenerse a 43 grados para mantener sus propiedades terapéuticas y, en consecuencia, permitir que el edificio municipal reabra sus puertas con la consideración de utilidad pública.

Una camilla con la toalla aún extendida, lista para usarse / Miguel Ángel Montesinos
Antes de cerrar por un brote de legionela, este edificio tuvo muchas vidas. Fue construido en 1908, en el contexto de la Exposición Regional Valenciana, obra del arquitecto Ramón Lucini Callejo. Su origen fue como Asilo de Lactancia para los «Hijos de las Cigarreras», pero la Tabacalera que hoy alberga oficinas municipales al otro lado de la calle no abrió como fábrica hasta 1914, una vez terminaron las exposiciones y se efectuaron las reformas necesarias.
Posteriormente, en el marco de un conflicto entre el ayuntamiento y los huertano por un problema de aguas en 1927, se decidió perforar en suelo cercano a la Alameda y al superar la profundidad de 600 metros comenzó a salir agua a más de 40 grados con un caudal generoso tal fuerza que, según los archivos de la época, el chorro alcanzó los 15 metros de altura. Como indica el cartel colocado aún en la fachada principal, estas aguas hipertermales fueron declaradas de utilidad pública por Orden Ministerial el 30 de abril de 1951.

Detalle de una de las tapas metálicas comida por el óxido / Miguel Ángel Montesinos
Medio siglo después, en 2001, la alcaldesa Rita Barberá anunció que su ayuntamiento compraría el edificio -hasta entonces propiedad de la UV- a cambio de dos parcelas junto al Jardín Botánico y la financiación de un equipamiento en Tarongers. Las aguas sulfatadas aportan «enormes beneficios para tratamientos de reumatismo, problemas cardiovasculares o de la piel, artritis, artrosis, de varices o bronquitis», dijo Barberá. Después de adquirirlo, su gobierno sacó a concesión el inmueble que actuaría como punta de lanza de la regeneración de la zona de la Alameda.
La empresa Mibor Urbana fue la primera encargada de prestar el servicio público, sanitario y asistencial en el recinto desde su concesión en 2005 hasta que la subida del canon mermó sus cuentas, impagó durante cuatro años al ayuntamiento y entró en concurso de acreedores. El relevo lo cogió Balneario Alameda 2016 y mantuvo abierto el Spa con piscina activa, termas romanas, cabinas de tratamientos de belleza y antirreumáticos, un gimnasio, varias terrazas y una guardería hasta su cierre cautelar -que terminó siendo definitivo- en noviembre de 2022.

Piscina grande del SPA / Miguel Ángel Montesinos
Esa herencia se mantiene más o menos en pie. La piscina impresiona vacía en una gran sala con la luz natural del lucernario, que acumula encima las hojas secas de los árboles del patio. Las paredes de la piscina están sucias y las tapas metálicas oxidadas, también algunos grifos. Las camas del interior de la piscina conservan cierta dignidad y el flotador naranja sigue colgado a la espera de tener utilidad. En la planta superior hay una decena de salas con bañeras de mármol, prácticamente intactas. Una de las estancias más amplias con suelo de madera y rodeada de espejos también sigue necesitando poca reforma. Otra de suelo negro está prácticamente destrozada. La degradación en el balneario es muy desigual, pero en términos generales se aprecia bien que en el edificio se acometió una reforma interior importante y relativamente reciente, todavía vigente.
Un tanteo preliminar desde la concejalía de Patrimonio, en manos de Vox, ha estimado en unos 6 millones la rehabilitación completa del edificio. Su idea es volver a sacar la concesión, pero la última palabra la tiene el gobierno al completo, con mucho mayor peso del PP. Falta ver si Catalá recoge la apuesta de Barberá y recupera las aguas sulfatadas para el tratamiento terapéutico del reumatismo o la artrosis.

Recepción del Balneario de la Alameda / Miguel Ángel Montesinos
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