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Religión

El Besamanos de la Virgen congrega a miles de fieles: "Necesitamos aferrarnos a la fe"

La imagen de la patrona de València atrae a miles de personas de la ciudad y alrededores, que soportan altas temperaturas para tener un momento de intimidad en la Basílica. Los fieles rezan, dan gracias, piden y se emocionan. El templo no cerrará hasta que la última persona de la cola haya pasado por delante de la Virgen

Miles de devotos acuden a la plaza de la Virgen para el tradicional besamanos

Celeste Martínez

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C.Moreno

València

No caía una gota, pero la plaza de la Virgen se llenaba de paraguas, refugio urgente ante un sol estival. Los voluntarios entregaban botellines de agua aquí y allá. Una mujer se iba en volandas socorrida por los sanitarios, con un golpe de calor. El resto aguantaba como podía, porque merecía la pena, decían, porque a la imagen peregrina hay que visitarla siempre diez días después del segundo domingo del mes de mayo.

Julia y Desamparados –muy oportuno– habían acudido al Besamanos de la Virgen a las 8 de la mañana. Son hermanas, la primera vive en València y la segunda había cogido el autobús en Villarreal a las 6.30 horas. Cuando llegaron no se lo podían creer. “Había cola desde la Basílica hasta más allá de la puerta de los Apóstoles”, decía Julia. Son unos 200 metros de fila ya a primera hora. “El año pasado había mucha menos gente. No sabemos qué ha pasado, a lo mejor necesitamos creer en algo, aferrarnos a la fe”, opinaba Julia. “Algo tiene que ser, porque no es normal”.

Las dos mujeres consideraban que el ayuntamiento terminará colocando sombras en la plaza en días como estos, tórridos, una vez ha desmontado el toldo que iba de la Basílica al bloque de enfrente, con algunos ladrillos arrancados por el peso del techado. Fuera de esa mínima petición todo lo que les salía era emoción y lágrima; Desamparados no conseguía ni hablar: “Lo que se siente por la Virgen no se puede explicar –se rompe–. Es algo que se lleva muy dentro –vuelve a romperse–. Su hermana le echa una mano: “Es el mismo fervor que puede verse en el Rocío o en la Ofrenda”, comparaba Julia tras presentar sus respetos ante la imagen y pedir salud, “porque a cierta edad poco más se puede pedir”.

En la cola de acceso, aún por dentro del vallado, María Teresa y Fernando compartían diagnóstico. “No se puede expresar. Venimos a dar gracias, porque me ha salido todo bien”, confesaba ella. “Fue ayer. Me dieron el resultado de una prueba médica que estaba esperando y ha salido bien. No era lo que esperaba. Así que venimos a darle gracias y luego a que nos mantenga como estamos”, decía María Teresa emocionada. El matrimonio había llegado de les Valls tras salir de casa a las 6.45 horas. El destino lo ameritaba. “Yo ya estoy nervioso”, decía él minutos antes de encontrarse cara a cara con la patrona de València, en una visita que viene repitiendo durante los últimos 40 años.

Como ellos, Isabel es fiel a la Virgen. Salía de la Basílica con un andador y decía que no faltaba nunca a la cita con el Besamanos, desde que sus padres empezaron a llevarla de niña. La mujer de la pedanía de Poble Nou redundaba en la inerrabilidad del encuentro con la Virgen: no hay palabras, y si existen ella no las encontraba.

Junto a la cola de fieles, Juan Melchor Seguí, Rector de la Basílica, decía que la expectativa de este año era parecida a la de otros anteriores –por la iglesia han llegado a pasar en un mismo Besamanos unas 30.000 personas–, sin bien la mañana había arrancado con fuerza: “A las 7.30 horas ya había cola. Siete hileras de personas ya de buena mañana y la cola llegando hasta el Miguelete”. Todas esas personas iban entrando y saliendo a paso corto en una procesión infinita que previsiblemente estará en circulación hasta las 2 de la mañana, cuando el último fiel haya rezado ante la imagen peregrina.

El religioso explicaba a Levante-EMV que el Besamanos es un momento de encuentro personal con la Virgen a través de la imagen. La gente va y reza, da gracias, pide, es gente que se emociona, que lleva su historia personal, cada una con el corazón en la mano. “Hay que explicarlo desde la fe religiosa. Desde la espiritualidad y desde la devoción mariana. A mí me preguntaban, ¿cómo es posible que una mujer sencilla y de un pueblo desconocido sea la mujer más querida del mundo? La Virgen María puede ser la mujer más amada del mundo. Cada persona tendrá un motivo personal, porque es la madre de Jesús, la madre de nuestro salvador, pero también porque entre la Virgen de los Desamparados y València se ha creado una simbiosis que también es signo de valencianía, de pertenencia a un pueblo. La gente ve a la Virgen y ve València”, reflexionaba el rector.

Cuidar y vestir a la Virgen

En la puerta de la Basílica también estaba –exultante– María Dolores Alfonso, Camarera de la Virgen, es decir, la persona encargada de vestir y cuidar el ajuar de la imagen mariana, preparando a la Virgen para sus cultos, procesiones y besamanos. Contaba a este diario que el manto de la patrona de València fue un regalo de los ‘Cuarentunos’ en su 50 aniversario, hace ahora una década. Este se ha confeccionado en un brocado con hilo de oro e hilo de plata, “precioso y actual”, en opinión de la Camarera, “muy bien conservado”. “Los hijos la van a disfrutar”, anticipaba María Dolores Alfonso a media mañana, cuando ya habían pasado miles de fieles por delante de la imagen.

Explicaba también la Camarera que esta devoción, este fervor masivo, es algo que se transmite de padres a hijos porque la propia imagen se presta a ello. “Tiene una carita tan acogedora. Por eso es del desamparado. A lo mejor otras imágenes tienen otra perspectiva, pero la nuestra es amparar. Todas las personas en algún momento de nuestra vida estamos desamparadas por cualquier circunstancia. Este es un día especial porque los valencianos, sus hijos, podemos dar las gracias de tú a tú”.

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