Construcción
Precintan el okupado colegio de San Nicolás antes de su reconversión en hotel
La empresa AA Guemes S.L. aporta la documentación para subsanar las deficiencias técnicas del proyecto de alojamiento con 75 habitaciones
En paralelo lleva varios años explorando la vía judicial (tras recurrir a Desokupa) para intentar desalojar a un grupo de jóvenes, algunos estudiantes

El antiguo colegio de San Nicolás, precintado / Levante-EMV

Como un coche al resguardo de la lluvia o una instalación artística en el corazón de la ciudad. El colegio de San Nicolás, ubicado en el número 2 de la calle Cadirers, lleva varias semanas completamente precintado, desde arriba hasta el límite de la planta baja en las fachadas de Cadirers y también de las calles Calatrava y Valencians. Una mole de 2.610 metros cuadrados plastificada, pero sin esconder las pancartas que cuelgan de algunos de sus balcones dando pistas sobre su actual uso. En una de ellas, la más grande, se lee: “Supor Prosfigygika i a la vaga de fam per aturar el desnonament. Valencia Okupa”.
El colegio ha estado okupado en los últimos años por un grupo de jóvenes. En junio de 2024, Desokupa –con su líder Daniel Esteve a la cabeza– intentó desalojar el edificio y bloquear los accesos, pero el intento resultó fallido y la propietaria del inmueble decidió acudir a la vía judicial. Esta vía podría entrar en una nueva fase en las próximas fechas, según fuentes conocedoras del caso.
En paralelo, la firma AA Guemes S.L. lleva unos cinco años intentando tramitar la licencia para reabrir el antiguo colegio como hotel. El proyecto para el edificio de finales del S. XIX contempla 75 habitaciones y una piscina en la terraza. La tramitación está resultando compleja y ha tenido que pasar por la comisión de Patrimonio tras el hallazgo de restos con posible valor arqueológico.

El antiguo colegio de San Nicolás, precintado / Levante-EMV
El colegio cerró a finales del pasado siglo y cambió de manos después de que la parroquia de San Nicolás se desprendiera de él. Antes del futuro hotel se barajó la posibilidad de que reabriera como residencia de estudiantes. En los últimos siete años ha atravesado un vía crucis administrativo. En 2018 se abrió un expediente de actividades con la solicitud de compatibilidad urbanística para hotel, y desde entonces se le ha pedido que subsane deficiencias en múltiples ocasiones.
El último movimiento administrativo se registró el pasado 4 de mayo, día en que AA Guemes S.L aportó toda la documentación necesaria para la subsanación del informe urbanístico. Los técnicos del ayuntamiento están analizando la documentación. Si se estima correcta, el edificio de Ciutat Vella recibirá por fin la licencia y podrá acometer las obras necesarias para habilitar un nuevo alojamiento en València.
Mientras tanto, el edificio se ha mantenido en pie con cierta dignidad, incluso mejorado respecto a años de más abandono. Tal como documentó hace año y medio el artista urbano “Patufalla”, las personas que okupan el edificio lo han mantenido “bastante cuidado en general”, “bastante más limpio” que hace años cuando también realizó una visita. “La cocina por ejemplo está en buen estado», aseguraba el artista a Levante-EMV.
A falta de conocer su estado estructural, el antiguo colegio preserva su trama y algunos elementos que distinguiría cualquier alumno, como los mármoles de las escaleras, los azulejos cerámicos o la pintura a dos colores de algunas aulas. Techos a ladrillo descubierto y hasta la vieja azotea, que en su momento se utilizó también como zona de recreo. Ha volado la instalación eléctrica y también hay muebles apilados, pintadas en fachadas y algún cascote.

Pancarta colgada del futuro hotel / Levante-EMV
Un exalumno del colegio San Nicolás explicaba a este diario la realidad del inmueble: “Entre los que okupan hay estudiantes. Y están viviendo ahí a todos los efectos. Alguna vez pueden hacer algo más de ruido, pero por lo general son tranquilos”. Entre el primer vídeo grabado por el artista en 2016 y el grabado recientemente también se aprecian diferencias importantes en las zonas comunes exteriores: hace una década el patio era un vertedero de muebles del antiguo colegio, especialmente sillas y mesas y hasta una antigua barra de bebidas. Todo eso ha desaparecido y la imagen actual es de terraza con el suelo totalmente limpio, sillas, mesas y alguna planta.
Esa imagen podría cambiar si los propietarios del inmueble avanzan en la vía judicial y logran acordar un desalojo y, en paralelo, el ayuntamiento resuelve favorablemente sobre la licencia de actividades una vez revise la documentación aportada hace apenas tres semanas.
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