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Sinhogarismo

Crece el asentamiento de chabolas en el circuito de F1 y el temor a un desalojo inminente

El crecimiento del asentamiento en el antiguo circuito de València preocupa a las ONG ante la proximidad de eventos, un posible desmantelamiento y la ausencia de soluciones para sus residentes

Parte del asentamiento de chabolas ubicadas en el circuito de Fórmula 1

Parte del asentamiento de chabolas ubicadas en el circuito de Fórmula 1 / Levante-EMV

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Marina Falcó

Marina Falcó

València

Acompañar en la angustia a gente que ya vive, o malvive, en una incertidumbre crónica es el cometido de varias asociaciones y colectivos sociales que se han unido conformando una plataforma solidaria con las personas asentadas en el trazado del antiguo cincuito de Fórmula 1 de València. Ese que con los años pasó de ser el epítome del glamour cuando los ferraris circulaban por la fachada marítima de la ciudad y que ahora alberga a cientos de seres humanos que tratan de sobrevivir en chabolas improvisadas y han creado una especie de barrio improvisado.

El asentamiento, que según las asociaciones implicadas en la atención de quienes viven en estas infraviviendas, no ha parado de crecer de frorma exponencial, podría ser desalojado "más pronto que tarde". Según estas mismas entidades solidarias que visitan la zona prácticamenta cada día de la semana "siempre que venimos hay alguien nuevo viviendo aquí". Estas nuevas incorporaciones provienen de las otras zonas chabolistas que han sido desalojadas como ocurrió hace poco más de un mes en el Parc Central y que buscan un lugar en el que subsistir mientras tratan de salir de una situación extrema. Una especie de migración del sinhogarismo en "una ciudad como València en la que parece mentira pero hay personas viviendo sin agua", lamenta José Pérez, miembro de Nave Albal, una de las asociaciones que atiende las necesidades más básicas de los moradores del circuito F1.

Ahora esta plataforma teme que estas cientos de personas tengan que recorrer otra estación del calvario forzoso en el que viven porque "ante la inminente celebración de varias competiciones náuticas y el PAI del Grao ya encarrilado, no es descabellado pensar que comenzarán los desalojos en breve", asegura Ana Isabel Martínez presidenta de la asociación València és Refugi quien, además, advierte de que "no se contempla ninguna alternativa para quienes viven aquí".

Entre quienes viven en las chabolas del asentamiento del antiguo circuito hay personas con patologías relevantes como por ejemplo una persona de 75 años que se somete a diálisis y otra que tiene una pierna amputada. "Expulsarlos de aquí sin una solución de residencia es una barbaridad", lamenta Martínez, quien visita los poblados casi diariamente para llevar medicinas, alimentos y acompañar a quien lo necesite en el enjambre administrativo al que se enfrentan algunos de ellos.

Tres núcleos de asentamientos

Mientras elaboran un censo pormenorizado de todas las personas que se refugian en la zona, los emplazamiento de viviendas improvisadas continúan creciendo. En estos momentos se dividen en tres localizaciones: dos en paralelo a la avenida de Francia, una de ellas muy próxima al enclave donde se ubica la Feria de Navidad, y la tercera que se sitúa al otro lado del cauce del río.

Entre quienes tratan de buscarse la vida mientras malviven en las pistas fallidas hay varias nacionalidades. "El número de personas de nacionalidad saharaui y argelina se ha incrementado", asegura la presidenta de València és Refugi. Ambos conviven en el núcleo asentado entre la avenida de Francia y la avenida del Ingeniero Manuel Soto.

Infraviviendas en las que conviven personas de diferentes nacionalidades

Infraviviendas en las que conviven personas de diferentes nacionalidades / Levante-EMV

Con respecto al grupo de saharauis "unas 60 personas" que viven en el antiguo circuito Ana Isabel Martínez lamenta que que enfrentarse a una situación de sinhogarismo "que no tiene nada que ver con lo habitual", sino que además hay que sumarle el hecho de que se quedan fuera del proceso de regularización iniciado por el Gobierno el pasado 14 de abril porque en el Real Decreto se excluye explícitamente a las personas apátridas, colectivo compuesto principalmente por personas de esta nacionalidad. Esta exclusión se debe, según explicó la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, para evitar solapamientos entre procedimientos, ya que los apátridas cuentan con un régimen específico de protección y tramitación administrativa.

Con respecto al asentamiento que crece al lado del cementerio del Grao se "mantiene más estable" en términos de nuevas incorporaciones. En este punto marroquíes y argelinos comparten plásticos y tendederos para hacer su vida un porquito más sencilla.

El grupo de chabolas que se erige al otro lado del cauce está conformado sobre todo por personas latinoamericanas "donde también hemos detectado un crecimiento en número de habitantes" y Martínez alerta de otro fenómeno: la presencia de caravanas a las que la gente ha recurrido como solución ante los enormes problemas de acceso a la vivienda.

Y es que ese es precisamente el alfa y el omega del problema: la falta de alternativas para vivir para quienes han hecho de estas casas improvisadas, su hogar. "El Ayuntamiento de València pretende llevar a cabo el proyecto del PAI del Grao, que contempla la construcción de 3.200 viviendas con una dotación ínfima de vivienda social a manos de inversores privados", critican las asociaciones en un comunicado. Esto, junto a las competiciones de vela, son los motivos "por los que el ayuntamiento pretende 'limpiar' la imagen de la ciudad 'verde y cosmopolita' pero sin contemplar ninguna alternativa habitacional para estas personas", censuran.

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