Barrios
Entre ruidos, basura y malos olores los vecinos de Benicalap esperan el PAI de Gil Sumbiela
El pasado martes se anunció la firma del convenio entre el Ayuntamiento de València y la promotora que convertirá la zona de okupación en más de 100 nuevos pisos pero los vecinos continúan viviendo en una olla a presión

Redacción Levante-EMV

El Ayuntamiento de València anunció el pasado martes que se había dado un paso más en la ejecución del PAI de Gil Sumbiela, un proyecto urbanístico que se levantará en la calle de ese mismo nombre en el barrio de Benicalap. La peculiaridad que tiene este plan de viviendas es que se va a llevar a cabo en una manzana en la que, desde hace al menos seis años, hay problemas graves de okupación en los bajos de un edificio de la calle Picayo -que desaparecerá con el PAI- y que han derivado en la "pesadilla diaria" en la que se ha convertido vivir en los alrededores.

Con el calor los okupantes hacen más vida en la calle / Cedida
La firma del convenio entre el consistorio y la promotora encargada de desarrollar el PAI de más de 100 viviendas ha provocado una sensación agridulce entre los vecinos. "Llevamos tantos años esperando y esperando y sin rumbo que la verdad es que si hubiera una fecha en el horizonte, al menos sería algo", lamentan fuentes vecinales. Porque para ellos sentirse defraudados es algo que se lleva prolongando demasiado en el tiempo. Y el abandono, aseguran, viene tanto por parte del propio ayuntamiento: "parece que la solución a este asunto venga por parte del gobierno municipal, pero al final quien va a actuar es una empresa privada", dicen refiriéndose a la promotora que pertenece a un grupo bancario. Compañía "a la que tuvimos que buscar e insistir para que presentara las denuncias de okupación, porque si no, ni eso", explican con hartazgo.
En estos momentos, como suele ocurrir en estas infraviviendas carentes de cualquier servicio mínimo, cuando suben las temperaturas quienes malviven allí empiezan a hacer más vida en la calle y esto provoca "jaleo, que se pongan a dar palmas, música hasta altas horas de la noche a lo que se suma a la basura que dejan por las calles cercanas". Los vecinos denuncian que la zona se ha convertido en una especie de ecoparque improvisado porque los okupas se dedican a la chatarra y al desgüace y, "además del ruido que generan", dejan los restos desperdigados por los contenedores de los alrededores.

Restos de coches desguazados en los contenedores de la zona cercana a Picayo / Levante-EMV
Los encontronazos entre quienes siguen instalados en los bajos del edificio que confluye entre las calles Picayo, Loriguilla y Félix del Río y el resto de vecinos del barrio comenzaron hace seis años. "Al principio el problema vino porque había menores delincuentes que se dedicaban a atracar a la gente del barrio", explican los representantes vecinales. Después la situación fue cambiando y hoy los enfrentamientos y el hartazgo tienen más que ver con faltas graves en la convivencia "que cada vez van a peor".
Un poblado de unas 50 personas
La frustración es el sentir general de quienes llevan tantos años compartiendo barrio con este punto de okupación. Un vecino de la zona que lleva 12 años residiendo cerca de los bajos de la calle Picayo cuenta a Levante-EMV la evolución del asentamiento. "Empezaron viviendo unas pocas personas y ahora serán unas 50, con niños que ves que los llevan a cole y todo, aunque también es verdad que eso es un constante ir y venir de gente", explica este hombre quien prefiere mantener el anonimato.
Los problemas que más les afectan tienen que ver con la insalubridad y la constante presencia de basura y trastos en la zona. "Por las mañanas, a una hora temprana pueden verse a las ratas rondando por la basura, que por tamaño podrías pensar que son gatos, pero no", explica. La recogida de basura es un tema sensible para este residente porque "nunca habíamos tenido el barrio tan sucio y parece que hay una sensación de pasotismo e impunidad que se ha contagiado".

Basura en el entorno de la calle Picayo. / Cedida
La impunidad "porque no hay consecuencias para quienes dejan todo esto por la calle" ha provocado que este residente haya tenido que invertir la distribución de su domicilio. El dormitorio lo ha trasladado a la parte interior y la salita de casa al lado de las ventanas "porque entre los malos olores, imagínate en verano a las seis de la tarde con toda la basura desperdigada, y los ruidos es imposible dormir ahí", y es que las peleas y gritos también son habituales. "Cuando empiezan ya bromeamos con que ya tenemos otro episodio de la telenovela... es que si no lo tomas con humor", narra tirando de ironía.
Ante la expectativa del PAI proyectado lo cierto es que este vecino se muestra ilusionado, "ojalá poder acceder a alguna de las viviendas de protección pública, porque Benicalap es mi 'pueblo', me he criado aquí y nos da un poco de esperanza, pero es que todo lo que hemos vivido en esta zona... es que no han hecho nada por nosotros", lamenta.
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