PAI Grao
El asentamiento de chabolas que se hace barrio: empadronamientos en el antiguo circuito de F1
Un asentamiento de unas 400 chabolas, con residentes de diversas nacionalidades, ocupa 21 hectáreas en el antiguo trazado del "circuit"

Parte de las chabolas que pueblan el circuito de Fórmula 1 / Miguel Angel Montesinos

Quienes se patean casi diariamente el asentamiento de chabolas que ha crecido en el trazado del antiguo circuito de Fórmula 1 de València bromean con que "solo nos falta tener un alcalde propio". No está lejos de la realidad. Porque, aunque quizás no llegue a pueblo, sí podría ser considerarse casi un barrio, tanto es así que hay personas que habitan en algunas estas infraviviendas que están empadronados en esa especie de tierra de nadie. Parece una broma de mal gusto teniendo en cuenta que estos 'vecinos' de València son de origen saharaui: salir de un territorio del que nadie se hace cargo para acabar en una zona que tampoco parece gestionada por ningún ente.
"Calle Circuito Fórmula 1, Chabola 8" o "Calle Asentamiento Fórmula 1 s/n" son las direcciones que figuran en las Tarjeta de Identidad de Extranjero de dos de las personas que han hecho de unas pequeñas construcciones de plásticos y maderas, sus viviendas. Chabolas que se agrupan en tres núcleos y que acaban ocupando, según explican desde la asociación València és Refugi, unas 21 hectáreas. "Estamos contando con la ayuda de un cartógrafo para tener un mapa detallado de la zona. Calculamos que hay alrededor de unas 400 chabolas", asegura Ana Isabel Martínez de la asociación València és Refugi.

Un TIE (Tarjeta de Identidad de Extranjero) con dirección en el asentamiento / Levante-EMV
Entre las casetas improvisadas se entremezclan casi tantas historias de vida como personas. Polacos, saharauis, argelinos, italianos y españoles comparten un pasado a sus espaldas que suele tener trazas comunes y un porvenir con más sombras que luces.
La rueda del desalojo
La dificultad de acceso a la vivienda es prácticamente el punto de partida de todos quienes allí viven. "Esto es una consecuencia de desalojos y la caída de los escudos sociales. Muchas de estas personas tenían una vivienda hace dos o tres años", explican desde las asociaciones. Es más, "hay algún caso con una nómina de 1.300 euros de electricista o fontanero que han terminado aquí". Los llamados trabajadores pobres.
Quique, del Sindicat d'Habitatge de València, describe la situación como una especie de "rueda". El comienzo es la incapacidad de pagar un alquiler por el elevado coste, "salen de casa y acaban viviendo en la calle, los desalojan y tienen que buscar otro poblado en el que establecerse", explica. Y así continúa este bucle infinito de errancia que no hace más que trasladar a las personas sin hogar de un lado a otro de la ciudad.

Otro documento oficial con dirección en el asentamiento chabolista / Levante-EMV
En esta misma línea se expresa Karin Janse, de Podem País Valenciá. "La gente no está aquí porque quiere", razona y añade que muchas de las nuevas incorporaciones provienen del desalojo del antiguo cauce del Turia. "Las personas se instalaban en el jardín porque allí está Casa Caridad y tienen los servicios que necesitan cerca. Si los expulsan de allí, tienen que moverse y los desvían a zonas donde no molestan", aclara Martínez. Ahora temen un nuevo desalojo más pronto que tarde. El temor a que se retire al personal de la zona tiene que ver con la proximidad en el tiempo, en septiembre y octubre, de la celebración de varias pruebas náuticas y la ejecución del PAI del Grao.
Sin embargo desde el Ayuntamiento de València niegan este extremo, de hecho no dan por ciertas las cifras que manejan las asociaciones sobre las personas que habitan en el asentamiento "ni es verdad que se va a desalojar en breve", han asegurado a este periódico.
La vida cruza por en medio
El crecimiento del poblado del circuito de F1 es exponencial. No solo lo aseguran los miembros de las plataformas solidarias que trabajan en la zona, "calculamos un crecimiento del 200 %" en el último año, aseguran, sino que los vecinos de las nuevas edificaciones cebreadas que se erigen a ambos lados del trazado dan fe del aumento.

Un vecino practica deporte por el antiguo trazado del circuito / Miguel Angel Montesinos
Ángeles vive en uno de estos bloques. Mientras Levante-EMV visita el asentamiento ella pasa con ropa deportiva por en medio de estos núcleos. "Sí, recuerdo que cuando vine a vivir aquí apenas podías ver las casas a lo lejos y ahora ya han llegado hasta aquí", explica esta vecina que utiliza el circuito como atajo para llegar desde la zona de las Moreras hasta el final de la avenida de Francia. ¿No le da reparo pasar por el campamento? "No, la verdad es que quienes viven aquí no generan ningún problema. Quienes sí nos provocan molestias son los que quedan a hacer botellón junto al puente" dice esta vecina refiriéndose a la pasarela Gusano de Luz.

Las nuevas viviendas de Natzaret contrastan con las chabolas del circuito de F1 / Miguel Angel Montesinos
Otro vecino cruza por el mismo tramo. En este caso aprovecha pese a la lluvia para hacer algo de deporte y explica a los medios que pasa varias veces al día por la zona o bien paseando al perro o bien para correr. También él ha visto crecer el campamento pero convive sin aparente problema con quienes han hecho de esta antigua vía su casa.
Los saharauis abandonados
En la zona de los saharauis, quienes predominan en el núcleo que se encuentra entre la avenida de Francia y la avenida del Ingeniero Manuel Soto, la sensación de desasosiego es aún mayor porque a las enormes dificultades a las que se tienen que enfrentar para encontrar un porvenir se suma la de ser apátridas. "Nosotros no somos apátridas, somos saharauis y la culpable de esta situación es España. Los políticos hablan del problema del Sahara para limpiar su imagen pero una vez llegan al gobierno se olvidan de nosotros", lamenta Embarec cuyos padres sí tienen la nacionalidad española y que no entiende por qué él no tiene ninguna de las dos. Este mecánico de 37 años se gana la vida trabajando en la obra o en el campo y cuando reúne algo de dinero y se lo puede permitir, abandona el campamento para irse a una casa pero cuando se agotan los ahorros, tiene que volver. Así lleva tres años.

Mohamed Abdelfatah es uno de los saharauis que viven en el poblado de la F1 / Miguel Angel Montesinos
Pero no solo culpan al estado español, sino que para ellos el Frente Polisario "tampoco hace su trabajo, el representante en España debería estar aquí" porque los saharauis sufren un doble abandono y para colmo, se quedan fuera del proceso de regularización iniciado por el Gobierno el pasado 14 de abril ya que en el Real Decreto que lo regula se excluye explícitamente a las personas apátridas.
Mientras la responsabilidad pasa de unos a otros, el campamento sigue con su vida, como un pequeño barrio y la evolución continúa su curso: "si os fijáis hay algunas tiendas de campaña tipo iglú, esas son las personas que acaban de llegar y ese alojamiento es el paso previo a la chabola, cuando se convierten en casetas es que ha pasado el tiempo y no han tenido más remedio que asentarse aquí".
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