Patrimonio
Los Docks del Puerto se asoman a la ruina a la espera de un uso público
El edificio histórico de València con más huellas de la Guerra Civil languidece sin que el ayuntamiento concrete su futuro tras haber descartado su protección

Germán Caballero

Cubos de basura apilados contra la pared, palets y escombros esperando a ser recogidos, palomas recorriendo el edificio a sus anchas y depositando dentro sus excrementos. Cristales rotos y columnas desconchadas. Paredes carcomidas. Matorrales creciendo sin control en el patio y aceras golpeadas por el mal olor que sale de dentro. Alguna puerta tapiada para evitar intromisiones. Y una gran explanada exterior utilizada como aparcamiento para asear vehículos de limpieza. El edificio de los Docks languidece cada día y se asoma al abismo de la ruina mientras espera un uso público que no termina de llegar.
El último movimiento administrativo en los Docks de la Marina se realizó hace meses. El gobierno municipal decidió externalizar la evaluación patrimonial del inmueble y en diciembre del año pasado encargó un informe sobre la protección del edificio al arquitecto y presidente del Consell Valencià de Cultura, José María Lozano Velasco. La alcaldesa María José Catalá y la concejala Paula Llobet habían explicado que este documento era esencial para conocer el grado de protección que tenía el edificio y, a partir de ahí, decidir con total “seguridad jurídica” qué intervenciones podían acometerse en él.
Lozano entregó el informe en febrero de 2026 y en su argumentación descartaba elevar la protección patrimonial del edificio a categoría de Bien de Relevancia Local (BRL) apoyado en varios aspectos. Desde un punto de vista artístico y arquitectónico, “el conjunto no se identifica con un estilo característico ni contiene un lenguaje propio, ni condiciones materiales o constructivas de especial relevancia”, señala el informe. Desde un punto de vista histórico, “el bien no ha sido protagonista de hecho alguno relevante”. Y desde un punto de vista arqueológico “no se aprecia valor alguno –incluido el industrial– propio del conjunto”.
Descartada cualquier tipo de protección, el arquitecto resaltaba además en su informe que el edificio actual de los Docks no es el diseño original de Victor Gosálvez de 1912, sino que se trata del resultado de una reforma motivada por causas económicas, la cual aumentó el número de pisos y cambió la distribución interior mediante una cuadrícula de pilares más estrecha para soportar mayores cargas. Para combatir la subida de precios, se sustituyó el sistema previsto de apoyos y entramados de hierro por cemento armado, que es como nos ha sido legado.
Contra este criterio, la concejala Gloria Tello, de Compromís, prepara una moción que presentará en la próxima Comisión de Urbanismo para pedir que la evaluación patrimonial del edificio se realice por una de las tres entidades consultivas oficiales reconocidas en la Ley de Patrimonio, esto es, la Universitat de València, el Consell Valencià de Cultura o la Academia de Bellas Artes de San Carlos y no por un profesional particular, dado que el “edificio es suficientemente importante” como para tenerlo en consideración. De hecho, algunos informes previos del Servicio de Planeamiento o del Servicio de Patrimonio Histórico y Artístico ya reclamaron o impulsaron su recuperación para evitar el deterioro tras la inclusión del inmueble en la Lista Roja de Hispania Nostra.
La realidad es que el informe del arquitecto, pese a resultar “clave”, no parece haber desbloqueado nada. Descartado el centro de datos –que se implantará en Vara de Quart–, el gobierno municipal se subió a la rueda de las declaraciones sin contenido y habló de “uso emblemático” o de proyecto “alineado” con el distrito innovador que se está creando en la zona con espacios como Lanzadera, Marina de Empresas o The Terminal Hub; pero cuatro meses después, con la ruina abriéndose camino, el ayuntamiento sigue sin deshojar la margarita. Mientras, los vecinos del Grao lamentan que “jamás se ha pensado en utilizar alguno de los numerosos edificios infrautilizados o en desuso del ámbito de la Marina de València para paliar la atávica carencia de equipamientos municipales del barrio”, llámense estos edificios bases de la Copa del América, Tinglados, Estación Marítima, Edificio del Reloj, Antiguo Varadero, Veles e Vents o Docks Comerciales.
Almacén y Posada de las Ánimas
En la ficha de Hispania Nostra se señala que los almacenes de mercancías son un destacado ejemplo del patrimonio industrial vinculado a la actividad portuaria del Puerto de Valencia, pues en él se centralizaba la llegada y salida de mercancías. La ejecución de la obra estuvo a cargo de la Sociedad Coloma y Ribes, empresa constructora del arquitecto Demetrio Ribes y el ingeniero industrial Joaquín Coloma, especialistas y pioneros en la utilización de hormigón armado en edificios civiles valencianos. Los Docks se empezaron a construir en 1917, el proyecto original contaría con cinco plantas, de las que finalmente se ejecutaron dos, que son las actuales. Tras varios imprevistos, huelgas en la industria de la construcción y las consecuentes modificaciones, se inauguraron el 1 de enero de 1920.
La citada asociación explica asimismo que el edificio tiene identificados más de cien impactos de metralla en sus fachadas exteriores, provocados por los diferentes bombardeos producidos entre la madrugada del 12 al 13 de enero de 1937 y el 22 de marzo de 1939, periodo en el que la ciudad fue sometida a más de quinientos bombardeos durante la Guerra Civil. El edificio supera las marcas de metralla que tiene el Ayuntamiento de Valencia, la fachada barroca de la Catedral o la antigua iglesia de San Andrés. Por tanto, se trata del edificio histórico de València con el mayor número de huellas de la guerra.
Los Docks de la Marina fueron abandonados tras el cierre de la discoteca Las Ánimas, en septiembre de 2015, y desde entonces no ha habido mantenimiento ni limpieza regular, provocando que el edificio haya ido sufriendo un deterioro que le ha llevado a una situación actual casi ruinosa. Algunos elementos, como una balconada, molduras o trozo de hormigón armado ya han caído a la calle.
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