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Movilidad

Los gorrillas se trasladan del centro de València a la playa de la Malva-rosa

La presencia de aparcacoches ilegales se intensifica en las playas de València y barrios céntricos ante la afluencia de conductores, especialmente durante el fin de semana y la temporada estival

Gorrillas en el paseo marítimo a la altura del Hospital de la Malva-rosa

Redacción Levante-EMV

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Marina Falcó

Marina Falcó

València

Aparcar en València es una experiencia capaz de poner a prueba los nervios del conductor más experimentado. El cerco al coche en la ciudad es una máxima que empezó a aplicarse hace unos cuantos años y con gobierno municipal anterior. Coger el vehículo privado para moverse por la urbe requiere de una pequeña planificación previa, planteándose si habrá sitio para estacionar, si hay zona de pago o si existen parkings públicos por la zona de destino.

La alternativa a sacar el coche del garaje es el transporte público, también los vehículos de movilidad personal o las bicis, pero si el desplazamiento organizado requiere ir en grupo, lo habitual es que se opte por el turismo. Por eso no es extraño ver a familias o amigos trasladarse en sus propios coches a la playa ahora que las temperaturas empiezan a apretar y el mar se convierte en una de las primeras opciones para soportar el calor y pasar un día entretenido. Y más cuando, por segundo año consecutivo, las playas de València se quedan otro verano sin conexión de metro porque las obras de renovación del túnel, previstas del 25 de junio al 30 de agosto, interrumpirán las líneas 5 y 7 en dirección a Marítim.

Lo que sucede en el cambio de fisonomía que experimenta la ciudad con la llegada del bochorno -obras por todas partes y vecindarios medio vacíos- también está incluido el desplazamiento de los gorrillas, quienes cambian el centro de València por la zona de las playas.

Al calor de la afluencia de personal a los arenales de la ciudad, los aparcacoches ilegales se mueven hacia donde el negocio es más fructífero. Así que quienes vayan a los arenales urbanos a pasar la jornada deben tener en cuenta que además de sombrillas y sillas playeras hay que llevar algo de dinero suelto encima para evitar cualquier enfrentamiento que podría ir desde una simple increpación, hasta algún tipo de represalia contra el propio vehículo.

Playas a reventar en un domingo de calor

J.M. López

Este fin de semana, cuando en la playa de la Malva-rosa no cabía un ápice en la arena, también fue especialmente intensiva la presencia de gorrillas que no daban abasto a señalizar huecos o preciados sitios a punto de quedarse libres.

Separados por muy pocos metros, los aparcacoches cubren prácticamente toda la extensión del paseo marítimo. La presencia policial apenas supone una disuasión momentánea, ya que, al paso de una patrulla de la Policía Local, simplemente abandonan la calzada metiéndose entre los coches simulando ser unos meros peatones, para segundos después volver a sus puestos dispuestos a señalizar una opción de aparcamiento a cambio de los euros que los conductores puedan o quieran dar. De este modo una zona de aparcamiento libre se convierte en una suerte de zona azul fuera de la ley.

También en zona azul

Sin embargo, la existencia de áreas de estacionamiento regulado (ORA) no frena la actividad de los gorrillas. Los viernes por la tarde, cuando en la ciudad comienza el tardeo, un barrio como Russafa es un punto perfecto para llevar a cabo su actividad.

La calle Filipinas, que limita parte del Parc Central, es zona azul y un punto caliente de actividad de gorrillas. Nada impide que el usuario de la vía tenga que pagar dos veces por estacionar en esta avenida: "Acabo de darle un euro al chico y voy a pagar también por la aplicación de la ORA porque al final es una multa o que te rayen el coche. Esto es una especie de impuesto revolucionario", lamentaba una mujer que había quedado con su grupo de amigos después de trabajar y estacionó en la zona.

Arturo, vecino de Russafa, expone que quienes residen en el barrio sufren un doble problema con el aparcamiento. "Tengo el distintivo de residente, pero como siempre hay mil plazas invadidas por obras, contenedores, mudanzas o lo que sea, recurres a la zona azul, que ya te supone pagar un extra a la tasa que abonas por la zona de residente", crítica, "pero es que si a eso les sumas los gorrillas, pues ya me dirás, porque lo mínimo es que te escupan en el coche, que es lo que me hizo uno".

Los gorrillas suponen un problema en numerosos puntos de la ciudad. En el barrio de la Roqueta, en el entorno de Convento Jerusalén, lo saben de sobra. Llevan mucho tiempo demandando medidas más contundentes contra los aparcacoches, porque según denuncian desde la asociación vecinal, la presencia de numerosos gorrillas tienen atemorizado al barrio, con agresiones directas a los vecinos y problemas de violencia tanto en el ambulatorio como en las farmacias

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