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Servicios Sociales

Adiós al asentamiento de Faitanar: entran las máquinas donde había familias con niños

La treintena de personas que ha habitado este solar de Acciona durante años ha decidido irse, llevándose a los seis menores que convivían allí con toneladas de chatarras. La empresa tenía denunciada la ocupación ilegal ante la Guardia Civil y ha limpiado el terreno en pocos días

Así es el asentamiento y vertedero de la pedanía de Faitanar

J.M. López

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Claudio Moreno

Claudio Moreno

València

El asentamiento de Faitanar se ha esfumado. Era uno de los problemas enquistados en el término municipal de València y aparentemente se ha solventado por la vía menos rápida: la no intervención. Este solar ocupado de más de 14.000 metros cuadrados, donde convivían varias decenas de personas con toneladas de chatarra, quedó a la vista el 29 de octubre de 2024 cuando la dana tumbó el muro que lo cercaba y mostró la tragedia allí contenida: entre la basura vivían seis menores.

El terreno de Acciona tras la limpieza de chatarra

El terreno de Acciona tras la limpieza de chatarra / Fernando Bustamante

Aunque para muchos vecinos de la ciudad y el área metropolitana la realidad del asentamiento fue revelada en esa fecha, las familias que viven en la alquería Maroto –construida en el siglo XVI y dividida en tres viviendas– llevan años denunciando la situación. El vertedero había crecido con chatarra sacada de las campas de la dana y contaban que a veces se prendían fogatas con riesgo de descontrol. Este trozo de suelo abandonado a su suerte, decían, resultaba peligrosamente insalubre para quienes lo habitaban y lo sufrían.

El antiguo asentamiento de Faitanar

El antiguo asentamiento de Faitanar / J.M.López

Pero el macroasentamiento ya no está, o al menos no como se había formado en los últimos años. Según contaba el año pasado uno de sus residentes a Levante-EMV, muchos de los pobladores de esta parcela delimitada por el cauce del Turia, la CV-36 y las vías del tren llevaban ya 10 años viviendo en este solar, a donde habían llegado procedentes de Turnu Măgurele, un pueblo de 20.000 habitantes en la frontera sur de Rumanía, lindando con Bulgaria.

No se trataba por tanto de un pueblo nómada, no estaban de paso. “Ganamos algo de dinero con la chatarra, muy poco. Vivimos con las garrafas de ocho litros que llenamos en las fuentes y tenemos electricidad de un generador. Las casetas se las llevó el agua y hemos vuelto a construirlas. Si tenemos que irnos de aquí, ¿qué hacemos?”, se preguntaba este residente. Pero al final se han ido, quizás ahuyentados por el control que en los últimos meses había venido ejerciendo tanto la Policía Local como los Servicios Sociales, preocupados por la situación de desamparo de los menores –los servicios municipales habían intentado intervenir socialmente, pero las familias se negaban a ser atendidas–.

El antiguo asentamiento de Faitanar

El antiguo asentamiento de Faitanar / JM López

No solo eso. La presión también llegaba por la vía administrativa. La empresa propietaria de los terrenos, Acciona, había denunciado la ocupación ilegal ante la Guardia Civil, pero esta no pudo desalojar por encontrar menores. En este escenario de bloqueo, dado que la vía judicial seguía por resolver, la alternativa explorada por el Ayuntamiento de València pasaba por enviar patrullas de la Policía Local para que controlasen la zona y avisar a Acciona si esta se desocupaba, con el propósito final de que la empresa limpie y valle su propiedad.

Es lo que finalmente ha ocurrido. Los últimos habitantes de este terreno se han ido y Acciona ha metido las máquinas para retirar toda la chatarra acumulada durante años. En apenas unos días el solar ha quedado despejado, con tablones apilados por un lado y colchones acumulados en otro montón, sobre un suelo lleno de tierra. En el entorno han aparecido unas pocas casetas sueltas una vez ha sido desmantelada la hilera de chabolas que se apoyaban en la antigua tapia.

Falta ver ahora qué uso se le da a este triángulo de asfalto y degradación rodeado de huerta productiva al sur de la ciudad, donde durante años han quedado expuestos dos problemas: el primero y más importante tiene que ver con el sinhogarismo, un drama social en aparente crecimiento y en este caso de espaldas a la ciudad; el segundo está relacionado con el abandono de la huerta valenciana, durante mucho tiempo regada por la basura que arrastró la trágica riada.

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