Desalojo con cuentagotas en los bajos okupados de calle Picayo de València
Los vecinos de Benicalap esperan el desalojo de los okupas antes de que finalice la semana para iniciar la transformación del barrio

Francisco Calabuig

Parece que los vecinos de la calle Picayo, en el barrio valenciano de Benicalap, podrían ver la luz y tener más cerca que nunca la fecha en la que los okupas de los bajos del número 25 de esta vía deben abandonar el inmueble en el que llevan instalados ilegalmente desde hace años. Según ha podido saber este periódico, la próxima ejecución del PAI de Gil Sumbiela habría marcado, por fin, en el calendario el día en el que las decenas de personas que malviven en las plantas bajas de la discordia han de salir antes de que se ejecute el desalojo: a finales de esta semana.
Al parecer, según narra un vecino, "se están yendo poco a poco" porque ya habría una fecha límite para que el inmueble quede vacío y se les habría notificado a los inquilinos ilegales. Por el momento y hasta última hora, todavía hay gente "algunos nuevos, no los habíamos visto nunca", instalada en los bajos que en unos meses pasarán a la historia para convertirse en una nueva promoción de más de 100 viviendas, de las que 55 serán de protección pública (VPP).
Este punto de okupación lleva martirizando desde hace años a los vecinos de Benicalap, no tanto por el allanamiento en sí mismo, sino por los grave problemas de convivencia que suponen estas personas que, en algunos momentos, han llegado a amenazar a los residentes de las calles cercanas así como a convertir la calle en una especie de ecoparque improvisado donde la basura y los restos de chatarra se han convertido en un reclamo para ratas y otros insectos.
Mientras, quienes han hecho su casa de esa suerte de vertedero urbano continúan malviviendo en el interior rodeados de toneladas de basura. Colchones, sofás, restos de electrodomésticos, tablones de madera y trozos de coches pueblan el solar que en unos meses empezará su transformación para convertirse en un conjunto urbanístico con 102 viviendas, 55 de ellas de protección pública.
Entre la inmundicia, hay menores que juguetean con la basura y lo hacen en horario escolar. También reciben un corte de pelo por parte de quien seguramente es un familiar y lo hace sentado junto a los montones de desperdicios acumulados bajo los restos de las antiguas naves. Los niños acompañan a los adultos quienes desde primera hora están sentados en las puertas de los bajos mientras charlan y combaten el calor con abanicos. Eso sí, nunca quitan el ojo a quienes pasan por 'su' tramo de calle. Por eso, no es raro que los vecinos eviten cruzar por la esquina de las calles Picayo, Félix del Río y Loriguilla.
"No pasamos nunca por ahí", "yo cruzo por otro lado", "una vez pasé por la puerta y una de ellas empezó a insultarme"... y estas son las experiencias de los residentes de la zona con los que ha hablado Levante-EMV. Ante la posibilidad de que más pronto que tarde los bajos queden libres de okupas, una vecina de la calle Periodista Gil Sumbiela no puede evitar suspirar un "¡a ver si es verdad!".

Figuración del PAI de Gil Sumbiela con 102 viviendas y zonas verdes abiertas a la calle / Levante-EMV
El incivismo, las amenazas y la insalubridad es una constante en la vida de quienes comparten zona con estos moradores ilegales que han hecho de la chatarra uno de sus negocios. "De vez en cuando se ponen a pegarle golpes a una nevera para desmontarla o en verano montaban fiestas en el solar", cuenta otra vecina del barrio que prefiere permanecer en el anonimato, como todos los que dan su testimonio.
No es estraño, las visitas de la policía son bastante frecuentes. Una de las más sonadas tuvo lugar en septiembre de 2024 cuando al menos siete patrullas de la Policía Nacional se presonaron en el lugar después de que unos agentes fueran agredidos a pedradas cuando trataban de identificar a un prófugo de la justicia. La operación se saldó con cuatro detenidos y un policía herido.
La (mala) vida sigue entre basuras en la calle Picayo de València: un corte de pelo en la inmundicia / Francisco Calabuig
'Baños' improvisados junto a una verja
Los malos olores, como es de esperar, también emanan del solar que se encuentra perimetrado por tabiques. Pero no solo provienen de la acumulación de trastos sino del uso que dan a la parte del solar más alejada de las naves, la que da a Gil Sumbiela.
Los habitantes de la fábrica abandonada recorren decenas de metros y cruzan montañas de escombros para llegar hasta el otro lado del terreno donde, junto a unas rejas, hacen sus necesidades fisiológicas. "Imagínate el olor que llega hasta aquí cuando hace calor", cuenta una vecina de la zona.
Parece que esta pesadilla en la que viven los vecinos de Benicalap tiene los días contados, aunque ante la noticia de que quizás mañana llegará el fin de la situación alguno no duda en espetar cargado de ironía: "Eso decíamos en 2021". Pues eso.
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