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El último curso de nuestras vidas en el colegio

El colegio San Pedro Pascual se inauguró en los años sesenta.

El colegio San Pedro Pascual se inauguró en los años sesenta. / Levante-EMV

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Paco Lloret

Paco Lloret

València

En junio de 1976, mientras Panenka hacía historia desde el punto de penalti, los colegios en España despedían la última promoción del antiguo bachillerato. El curso 75-76 marcó el final de una época. Se iba a implantar un nuevo plan de estudios impulsado por un valenciano, el ministro Villar Palasí. Llegaban la EGB y el BUP. Una propuesta innovadora, la más avanzada de todas las conocidas hasta entonces. Se acababa el sistema educativo tradicional que comprendía 4 años de bachiller elemental y dos del superior, con las ramas optativas de ciencias o letras. El cambio de ciclo en la enseñanza coincidió con un momento trascendental. El curso arrancó con Franco en el poder, y concluyó con Juan Carlos I ocupando la jefatura del estado. Adolfo Suárez se disponía a pilotar la Transición política.

El arranque de las clases, en el mes de septiembre, se vio acompañado de una enorme agitación: desde atentados terroristas a la aplicación de 5 penas de muerte; aquellos últimos fusilamientos inspiraron la canción “Al alba”, de Luis Eduardo Aute. El régimen vigente, que sufrió un severo boicot internacional, se desplomaba, pese a sus desesperados coletazos finales por reafirmarse. Estos acontecimientos sacudieron la vida de una sociedad que, por añadidura, asistía a la pérdida del Sahara. La “marcha verde”, auspiciada por el rey Hassan II de Marruecos, se añadía al capítulo de problemas.

Recuperar los recuerdos

En ese contexto conflictivo, una generación de alumnos, nacidos entre finales de los 50 y 1960, se disponía a cerrar su período de formación escolar. Medio siglo después, se recuperan aquellos recuerdos, anécdotas, y vivencias, en encuentros distendidos o en comidas de confraternidad. Es el caso de los alumnos del colegio San Pedro Pascual, colegio levantado a mitad de los años 60 en la calle Maestro Guerrero, cerca de la avenida Pérez Galdós y de la calle Juan Llorens. Centenares de familias se instalaron en un barrio de reciente construcción. València, en un momento de expansión, crecía hacia el oeste, y experimentaba un vertiginoso impulso urbanístico fruto de la consolidación de una nueva clase media y de un imparable crecimiento demográfico.

Antes de su puesta en funcionamiento, los alumnos se repartían por diversos locales que albergaban aulas improvisadas, bajo el nombre de “Patronato de los Sagrados Corazones”, una orden misionera compuesta por sacerdotes venidos, en su mayoría, de Mallorca. Los apellidos delataban su origen: Servera, Melià, Pericàs, Nicolau, Riutort; aunque también había una rama procedente de Navarra en la que destacaba la figura del padre Gregorio, nacido en Alsasua, responsable del área de deportes, cuyos apellidos eran Goicoechea Goldarracena, al que se podía ver pilotando una moto de potente cilindrada, y que no le hacía ascos ni al tabaco ni a una copa de coñac. Algunos aseguran que corría los Sanfermines. Otros sacerdotes, caso del padre Redondo, adquirieron notoriedad por tristes razones, su afición al paracaidismo le costó la vida cuando le falló el sistema de apertura.

Al igual que en otros centros, hubo profesores legendarios por diversas razones. Los alumnos les sacaba motes que les proporcionaron celebridad; el “Hueso”, en Escolapios; el “Choto”, en Maristas; el “Gamba”, en Agustinos; el “Titi” y “Manix, en El Pilar; la “Pantera Rosa” o “Perete”, en Dominicos, adquirieron la misma fama que el “Micra” y el “Masca”, en San Pedro Pascual. Las clases de educación física las impartía con disciplina militar José Oviedo, integrante de la “División Azul”, que combatió junto al ejército alemán en la campaña de Rusia durante la II Guerra Mundial. Los métodos y las arengas eran indescriptibles, y por supuesto, inaceptables en estos tiempos. El deporte se practicaba con pasión. El baloncesto era la actividad protegida, y el equipo de fútbol jugaba en el campo del viejo cauce del Turia luciendo una peculiar indumentaria arlequinada roja y blanca. Una mezcla entre Croacia y el Sabadell. Los vestuarios no hubieran pasado hoy una inspección de sanidad.

"Política" y deportes

No faltaba la clase de Formación del Espíritu Nacional, conocida como “política”, una asignatura testimonial. Contra lo que era habitual en los centros de mayor tradición, se optó por el inglés como lengua extranjera. Otra novedad llamativa fue la inclusión del valenciano, un hecho inaudito por entonces. En el ambiente de la clase, el fútbol alzaba pasiones, la mayoría valencianista esperaba lo mejor del holandés Johnny Rep, recién fichado del admirado Ajax; mientras que la Galia “granota” afrontaba alicaída una temporada en tercera tras la marcha del chileno Caszely. Aquel último curso incluyó una excursión a la Virgen de la Vega. La mejor noticia es que no hubo que lamentar fracturas pese a la temeridad de algunos y las indumentarias inapropiadas de la mayoría. En Pascua se organizó el clásico viaje en barco a Mallorca. Después, con los exámenes finales, saltó el escándalo; una trama para conseguir la filtración de las preguntas fue descubierta, y obligó a que los alumnos de Física y Química respondieran oralmente ante un tribunal. La cosecha de calabazas alcanzó un hito histórico.

No se estilaban las fiestas de fin de curso ni las pomposas graduaciones. Cuando llegó el verano, cada uno se fue a su casa, aunque muchos volvieron en septiembre para jugar la última bola de partido que les permitiera ir al instituto y matricularse en COU. Aquella promoción, que rondaba con inocencia a las alumnas de San José de la Montaña, el colegio femenino ubicado al lado, era asidua a las sesiones de reestreno en los cines de la zona de Abastos, como el “Aliatar”, “Price”, y “Savoy”; algunos de sus integrantes fueron expertos en imitar la firma del padre en los boletines de calificaciones, y otros exhibían su habilidad en los billares y futbolines del barrio. Una galería de recuerdos que forma parte ya de la memoria de una generación que hace medio siglo vivió un período inolvidable. Fellini o Berlanga se hubieran lucido.

El colegio San Pedro Pascual de València.

Colegio San Pedro Pascual de València. Calendario del curso 1968-1969. / Levante-EMV

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