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Juegos inclusivos

Gay Games València: Patadas al balón en el infierno

El torneo de fútbol se desarrolla en un horario intempestivo a petición de los propios deportistas para poder quedar libres por la tarde-noche

Varios futbolistas se protegen con una sombrilla de la terraza en el campo del Turia

Varios futbolistas se protegen con una sombrilla de la terraza en el campo del Turia / Francisco Calabuig

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Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

La pregunta es pertinente y la contestación es contundente: "no han querido". Y la consecuencia es que la competición más exigente físicamente de los Gay Games, el torneo de fútbol, se celebra en plena chicharra. Patadas, carreras, saltos, forcejeos... un desgaste físico notable. El campeonato es largo y los partidos, aun siendo de menor duración (25 y 25 minutos, con un descanso que es la pausa de hidratación mundialista, pero multiplicada), se suceden uno detrás de otro. Pero llama la atención que el horario es desde las diez de la mañana y hasta media tarde. Es decir, que los puntapiés al balón tienen lugar cuando más calor hace en la ciudad.

Esa es la estampa en cualquiera de los campos. Acercarse al Jardín del Turia es presenciar una imagen imposible: "¿Qué hacen estos ahí, jugando a estas horas?". A finales de junio, el fútbol en los campos municipales ha desaparecido. Las escuelas deportivas han acabado el curso y, en todo caso, cualquier pachanga es entrada la tarde.

Una futbolista busca el alivio de una de las fuentes públicas

Una futbolista busca el alivio de una de las fuentes públicas / Moisés Domínguez

El "tercer tiempo"

Fuentes municipales aseguran que es cosa de la organización. "Les sugerimos que los partidos se celebraran por la tarde o tarde-noche, pero nos dijeron que no". Y la explicación es bastante clara: los Gay Games están muy bien como competición deportiva, pero es solo la mitad, o el 45 por ciento, del pastel. Lo otro es el 'tercer tiempo', la fiesta orgullosa en la ciudad. Y no es cuestión de acabar la jornada balompédica a las diez de la noche. "Hemos puesto ambulancias en los campos como precaución. A partir de ahí ya ha sido decisión de ellos". Salvo en un caso: si hubiera alerta roja por calor -no está prevista-, los partidos se suspenderían inmediatamente.

Los futbolistas tienen clara la estrategia y la estampa es recurrente en el Jardín del Turia: arracimarse en las sombras cuando no les toca. O convertir paraguas en parasoles. Y si no, las sombrillas de la cafetería. Basta una esquinita del campo de turno donde no da el sol para refugiarse. De los vestuarios aparecen por docenas las botellas de agua. En un supermercado cercano se pueden ver deportistas comprando botellas isotónicas a saco. Y el que no se haya puesto crema solar pasará amargada la semana siguiente.

Un partido femenino, en plena solana, a las 15 horas

Un partido femenino, en plena solana, a las 15 horas / Moisés Domínguez

Buen rollo entre futbolistas

Los árbitros de la Federación Valenciana de Fútbol -no todos, porque los Gay Games acogen futbolistas, pero también árbitros y jueces de línea- también creen que lo mejor habría sido otro horario "pero si quieren jugar a pleno calor, es decisión de ellos". Eso si, destacan que los partidos son auténticas balsas de aceite. "La verdad es que son partidos con muy poca incidencia. Se llevan muy bien".

El torneo tiene, como en otras disciplinas, competición masculina, femenina e indistinta. Hay fútbol 11 y futbol 7 y ante la gran cantidad de clubes, hay una división tácita, especificada por ellos mismos haciendo autorreflexión sobre su nivel: o a primera o a segunda división. Juegan hoy al sol y juegan mañana al sol. Los que sobreviven a la noche. Hay equipos que, el día después, no tenían suficientes jugadores.

Los paraguas se transforman en parasoles

Los paraguas se transforman en parasoles / Francisco Calabuig

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