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¿Passeig Jaume I? La propuesta para rebautizar el eje verde divide a los cronistas de València

Vicent Baydal aboga por aprovechar la oportunidad histórica que brinda el soterramiento de las vías para darle una vía relevante al padre del Reino de València, Pérez Puche en cambio pide apostar por el callejero consolidado –mantener el Paseo García Lorca– para no incurrir en gastos innecesarios

Figuración de la zona verde del futuro Paseo García Lorca de València.

Figuración de la zona verde del futuro Paseo García Lorca de València. / Levante-EMV

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Claudio Moreno

Claudio Moreno

València

El que tal vez sea el proyecto más relevante para el futuro de València, la planta viaria del Paseo García Lorca, ha suscitado un debate de posiciones alejadas sobre cómo debería organizarse el tránsito en el espacio liberado por las vías, del parque ganado íntegramente para el peatón al modelo mixto con tráfico privado, transporte público y bandas peatonales. Esta conversación se lleva buena parte de la atención, pero el proyecto admite un segundo debate menos intuitivo sobre el nombre que debe constar en el acceso sur a la ciudad una vez se corte la cinta. El bulevar García Lorca ahora es paseo, y varios lectores han sugerido en Levante-EMV la posibilidad de rebautizarlo como Passeig Jaume I, en homenaje al fundador del Reino de Valencia.

¿Es buena idea? Vicent Baydal, uno de los dos cronistas oficiales de València, así lo considera. “Ante esta oportunidad histórica de tener un gran vial, una gran avenida o un gran bulevar como el que se está planteando, sí creo que sería buena idea darle el nombre de Jaume I para ponerlo en valor”, argumenta el historiador, apostando por concederle al poeta García Lorca otro vial tal vez menos emblemático, considerando su escasa vinculación con la ciudad de València. “Si me preguntan diré que es una buena idea. A la calle Jaume I se le puede dar otro nombre, y además se puede aprovechar para cambiar el nombre de la calle Moro Zeit, una denominación del siglo XIX que queda anticuada porque en realidad su nombre era Sayyid Abu Zayd”, recuerda Baydal sobre el último gobernador almohade de València.

De este modo, el padre fundador del Reino de Valencia, figura capital para el Cap i Casal, conquistaría un espacio de mayor relevancia urbanística y dejaría atrás una calle que apenas pasa de callejuela, en Ciutat Vella, junto a la plaza del Tossal, cuya centralidad ha decaído con el paso de los años. “El carrer Jaume I en su momento fue una de las calles más nobles de València. De hecho, era una nueva promoción burguesa hecha a mediados del siglo XIX cuando derribaron el Convento de la Puritat e hicieron una triada de calles: Conquista, Jaume I y Moro Zeit”. Es decir, Jaume I era importante cuando la ciudad era solo Ciutat Vella dentro de las murallas, pero hoy prácticamente nadie la conoce. “Igual que hace dos siglos se le dio su nombre a una vía importante, ahora se puede hacer lo mismo con el bulevar”, insiste el cronista del Cap i Casal.

De una opinión distinta es el otro cronista de València, Francisco Pérez Puche, que opina sobre un hipotético cambio de nombre en su calidad de periodista. “Si el Ayuntamiento de València se lo propusiera en serio y me pidiera opinión como cronista, yo la daría, pero no lo ha hecho. Si se me pregunta como periodista, entonces mi respuesta es que efectivamente Jaime I no tiene una calle a la altura y al nivel de su importancia, pero también podríamos preguntarnos por qué no rebautizar la plaza de Alfonso el Magnánimo, que es donde tiene la estatua. Yo me voy a quedar con lo que dijo Teodoro Llorente, también como cronista, cuando en su época se planteó un debate similar: “No mareen. Que al final estos son gastos para los comerciantes”, resume Pérez Puche.

“No toquemos el callejero, seamos prácticos”, insiste el cronista. “En el siglo XIX se debatió sobre la calle de la Paz, se llamó de Peris y Valero durante muchos años y luego volvió a ser calle de la Paz. Y así con muchos casos. La plaza del Alfonso el Magnánimo también ha tenido hasta seis nombres. Se llamó Príncipe Alfonso y hasta Presidente Wilson durante la Primera Guerra Mundial. Pero luego se quitó el nombre porque no era práctico, la gente se liaba y no sabía decirlo, y Woodrow Wilson murió y la gente se olvidó”, rememora Pérez Puche, que ataja: “El callejero está consolidado y forma parte de la costumbre de la gente y la primera obligación de un ayuntamiento es no marear al personal”.

¿Qué dignifica a un personaje?¿El espacio o su uso?

Finalmente, en el debate aporta erudición y contexto Luis Fernández Gimeno, divulgador especializado en toponimia y autor de libros como 'Toponimia i Memòria Urbana' (Ayuntamiento de València, 2023). “Aquí hay varias cuestiones. Por ejemplo, ¿qué dignifica a un personaje?¿El espacio o lo que se habla de él? En València no ha habido un plan de toponimia urbana, se ha ido improvisando, y si en el Carmen hay una calle inmunda que no representa al laureado Ausiàs March –actual Obispo Jerónimo–, se le da la nueva avenida que se construya en el sur, que es lo que ha ocurrido. Habría que preguntarse si dignifica más una avenida impersonal que una calle en el centro con solera", reflexiona el ingeniero técnico en topografía.

Cuando nace la toponimia conmemorativa en el siglo XIX, utilizada para homenajear a personajes, una de las primeras calles que se ponen es la de Jaume I, una calle que entonces era relevante: es decir, "el pueblo sí tenía esa conciencia en el momento de creación de la identidad valenciana", destaca Fernández. "Ahora nosotros con la perspectiva del siglo XXI afeamos la calle que se le dio, pero quizás habría que adecentar el barrio, cuidar el centro histórico y poner en valor ciertas calles con placas explicativas", añade el experto en toponimia.

En el caso concreto de Jaume I, a cuyo nombre se han propuesto multitud de espacios, habría que valorar –reflexiona Luis Fernández– si un Passeig de la periferia sur le rinde el merecido homenaje, y al respecto también es importante considerar el origen toponímico de la avenida actual: "Tengamos en cuenta que la avenida García Lorca se concibe en los ochenta con la nueva ordenación urbanística y la nueva democracia, y se pone ese nombre porque está vinculado a la Transición, porque se está recuperando la memoria democrática que se perdió durante el Franquismo. Por eso se le da una plaza a Miguel Hernández o una avenida al fusilado rector Peset Aleixandre, figura señera de la Transición en València. Todos estos nombres son frutos de una reivindicación histórica", cierra el divulgador.

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