Debate
Jaume I, la calle que no se usa ni para cruzarla
El rey conquistador, postulado para dar nombre al Bulevar García Lorca, dispone en València de una vía coqueta, urbanísticamente coherente, pero sin ningún interés más allá de residir, con bastantes apartamentos turísticos, ningún comercio y con prolongación "secreta" tras pasar un bloque de fincas

Redacción Levante-EMV

El debate es apasionante e interesante. ¿Debe dedicarse el bulevar más nuevo y grande de la ciudad, el que habrá tas soterrarse las vías del tren, a un poeta sin duda ilustre, pero nada vinculado con València o rescatar para la causa al rey conquistador, cuya dedicatoria en la ciudad es apenas una callejuela? Los historiadores y cronistas tienen versiones encontradas con pros y contras y el debate pasa a la calle y, si hay interés en ello, al consistorio, de quien debería partir, en todo caso, la decisión de renombrar un espacio que, con un resultado final más o menos acertado, será, está siendo, la actuación urbanística más importante de la ciudad en las últimas décadas.
Las calles forman parte de las distinciones y honores que le da la ciudad a sus personajes ilustres. También son una especie de "griot" gambiano, porque sirve para recordar que en esa calle ocurrió un hecho histórico, vivía una familia ilustre, hubo una construcción notable o se concentraba una actividad gremial.
Cada calle de la ciudad cuenta una historia diferente. Y el caso de Jaume I es curioso. De todo el catálogo de ilustres de la historia de la ciudad en su nomenclátor, es, seguramente, el más oculto: apenas una callejuela oculta en el centro de la ciudad. San Vicente Ferrer tampoco anda muy bien parado, pero más en el imaginario popular: tiene una plaza castiza, no lejos de su casa natal, aunque a la hora de referirse a ella se suele decir "la Plaza de los Patos", por la fuente del mismo nombre que hay en su interior. Al santo dominico le salva la ambigüedad de la "calle San Vicente", que sirve para recordarle a todos aquellos que no se paran a discernir que esa súper calle, salida natural y primigenia de la ciudad, está dedicada realmente a San Vicente Mártir.

Aldabas y "rajolas" de la calle / Moisés Domínguez
Un bautizo decimonónico
Pero vamos a por el rey conquistador. García Lorca recibió una calle fue por una actuación municipal de finales de los setenta, cuando empezó a reconocerse, calles mediante, a personajes históricos incómodos para la dictadura: García Lorca, Peset Aleixandre, Félix Azzati, Hermanos Machado -la mitad era incómoda- o Max Aub, entre otros. Jaume I la recibió en 1843, como consecuencia de un "PAI decimonónico": a raíz del derribo el Convento de la Puridad (uno de los habituales estragos de Mendizábal y su desamortización) se hizo un pack con tres conceptos de aquellos hechos: surgieron las calles de la Conquista, del Moro Zeit (un aliado almohade) y la de Jaume I. De hecho, no figura en el nomenclátor de Marcos de Orellana de 1824, pero sí en el catálogo del Marqués de Cruilles, donde se señala concisamente que empieza en la calle Cuarte y finaliza en Santa Teresa -que es la prolongación de Moro Zeit-.
Una calle agradable a la vista
La calle Rey en Jaume I es, ahora mismo, una vía extraña, partida en dos partes, que no llega a los cien metros, y que no es recta: traza en uno de sus extremos un ángulo de algo más de 90 grados. Un vistazo a la misma muestra, en su parte principal, sus luces y sombras: es una calle coqueta, de fincas cuidadas. Ninguno de sus edificios es un pegote. Varias de las fincas mantienen su año de construcción en 1849 o 1850 y las que tienen las fichas actualizadas al siglo XX o incluso XXI han sabido preservar la armonía del entorno y sus fachadas. Hay ahora mismo una finca en proceso de rehabilitación y otra pendiente de ello, con grafitis en su fachada.
Suelo nuevo de adoquín
El suelo es adoquín de nuevo cuño, propio de las actuaciones que tendieron a embellecer y dignificar las calles en Ciutat Vella (tiempo atrás, había acera y asfalto convencional) y en sus fachadas se acumulan testigos del paso de la historia: todas sus puertas son de gran tamaño y de madera, nuevas o restauradas, con viejas aldabas y los esquineros a ras de suelo para medir el paso del coche de caballos, para los que hay amplios zaguanes. Hay también una antología de "rajolas" engastadas, como la numeración decimonónica de manzanas, o las placas de "Asegurada de Incendios", también decimonónicas, o "Agua Filtrada en Alta Presión", de primeros del XX con la llegada de la potabilización a la ciudad. Pequeños tesoros del paso del tiempo.

La calle, en dirección a Quart / Moisés Domínguez / D

La calle marca un ángulo casi recto / Moisés Domínguez / D
Alquiler sobre mil euros
"La calle es tranquila de día, pero por la noche no tanto. Muchas veces nos encontramos restos de botellón. Estamos muy cerca de zona de ocio" asegura Josef, uno de los vecinos que residen en la calle, en la que se combinan algunos propietarios, inquilinos como él y apartamentos turísticos -alguno rebautizado como "boutique"-. Es una calle bastante silenciosa, extraordinariamente tranquila del día al estar separada de las más transitadas como Quart o Bolsería. Por las ventanas se escuchan lenguas extranjeras. "Yo estoy en un último piso sin ascensor. Eso me permite que el alquiler no llegue a los mil euros" asegura Josef aliviado, lo que da una idea de los precios que se pagan en viviendas más cómodas: se llega a las cuatro cifras.
Sin aparcamiento
Rey en Jaume está enclavada en el cogollito de la ciudad. No se admiten automóviles. "El que está empadronado puede aparcar en zona naranja. Los que no, nos toca buscar aparcamientos públicos o irnos al otro lado del río. A mi me cuesta quince minutos ir y venir al coche". Tampoco tiene cerca grandes supermercados, aunque está a tiro de piedra el Mercado Central. La calle no dispone de ningún comercio y, más allá de los apartamentos turísticos, tan solo una de ellas alberga la sede de la "Asociación Cultural Poetas Unidos". Al final de la misma, cuando la calle tuerce para juntarse con Moro Zeit -toda una metáfora de la historia- se alza la parcela vacía que hoy aún alberga un aparcamiento para vendedores del Mercado Central. No hay ningún motivo para visitarla ni para cruzarla. Es una calle que solo sirve para residir. Para el vecino, perfecta. Para honrar al monarca, más que cuestionable.
Y otro fragmento, a otro lado de la calle Quart
Pero hay más: la calle Rey En Jaume se parece a García Lorca en un capricho geográfico: son calles interrumpidas, que aparecen y desaparecen de la trama. García Lorca empieza en Malilla y acaba en La Torre, tras pasar incluso el Plan Sur. Rey En Jaume no acaba en la calle Quart: por uno de esos caprichos del callejero, reaparece, cual Guadiana urbano, al otro lado, tras atravesar de forma invisible un bloque de casas, para convertirse en un callejón de apenas veinte metros, sin salida, y que muere en la puerta de la Iglesia de Nuestra Señora del Puig, en la plaza de Vicente Iborra.
La conclusión clara es que Jaime de Aragón tuvo en su día una calle estimable, en una València aún amurallada, pero que ahora se queda oculta en el anonimato de los vericuetos de la ciudad.
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