Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Ola de calor

Los puestos del Mercado Central limitan el género para no tirar comida por el calor

Algunos vendedores del mercado de frescos más importante de Europa denuncian que el calor deteriora sus cámaras frigoríficas y les obliga a recortar la oferta de producto. Aunque el año pasado se cambiaron todos los aparatos de aire acondicionado, las temperaturas siguen siendo insufribles

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
València

El calor extremo que marca la ciudad debido a la nueva ola de calor, que durará hasta el jueves, está llevando a los puestos del Mercado Central a tomar medidas cautelares, como la limitación del género del que disponen por miedo a que se puedan estropear. Los puestos se han preparado para lo peor, y pese a tener una actitud basada en que el calor no “pueda con ellos”, según algunas de las personas que regentan paradas, las altas temperaturas son un impedimento para desarrollar su negocio.

Con máximas de 38 grados, València se encuentra en medio de la segunda ola de calor del verano. Solo hace falta salir a la calle una de las horas puntas del día para ser consciente de la situación climática actual de la ciudad. Ahora, imaginemos que nuestro puesto de trabajo se encuentra dentro de un edificio histórico, con muros gruesos y vidrieras descomunales que hacen efecto invernadero, durante 9 horas al día. Los trabajadores del Mercado Central de València no tienen que imaginar nada, es su realidad. 

Los puestos se arman con ventiladores, máquinas de aire y todo tipo de soluciones de urgencia, pero aún así, sufren las consecuencias y algunos de ellos se ven abocados a tirar producto que acaba en mal estado debido al calor. Frente al mal mayor, que es perder comida, los negocios buscan diferentes remedios: algunos reubican el género en la propia parada con tal de refrescar lo máximo posible, otros han cambiado sus comandas para adaptarlas a aquello que creen que van a vender, y hay otros, como la emblemática frutería "Puchades", que directamente han decidido echar el cierre e irse de vacaciones, al menos hasta que las temperaturas se estabilicen. 

Una clienta intenta combatir el calor en el Mercado Central

Una clienta intenta combatir el calor en el Mercado Central / Daniel Tortajada

En una frutería del pasillo central del Mercado, la dependienta confiesa que traen el género justo con la aspiración de "tenerlo todo vendido a las 13.30 horas, si no lo acabremos tirando". Las fruterías ahora prefieren tener que decirles a sus clientes que no les queda stock –asegura la frutera–, antes que echar a perder un cuarto de lo que traen por culpa de la ola de calor. "Nos compensa", dice en referencia a la merma de género acumulado, ya que la fruta se vuelve "incomible" de un día para otro. "Ni cortadita y refrigerada vale la pena, todo un gasto". Frente a semejantes temperaturas, toca calcular al milímetro el equilibrio entre oferta y demanda.

Cámaras de aire caliente

David lleva un pequeño puesto de verduras ubicado en la entrada de la calle de las calabazas del Mercado, y su ventilador es el mejor aliado que tiene para combatir la canícula. El vendedor comenta que el problema principal es, en su opinión, el calor irradiado por las cámaras frigoríficas que todos tienen: "Las cámaras tiran aire caliente y en este clima aún tiran más para mantener el frío" , afirma, y añade que el edificio en su momento de construcción no contemplaba este inconveniente, ya que dichas cámaras no existían.

Además de los ventiladores, llegada esta época del año el hielo se convierte en uno de los mejores amigos de fruterías, carnicerías y de todos aquellos que buscan mantener el frío tanto de sus productos como de ellos mismos, un hielo que usan en los pingüinos portátiles –sistema de climatización– y también para mantener fresquitos batidos de fruta y género de consumo inmediato. 

El hielo, primordial estos días en el Mercat central

El hielo, primordial estos días en el Mercat central / Daniel Tortajada

En la plaza ubicada en el centro de Mercado, en un puesto situado en un lugar privilegiado, las trabajadoras de "La boutique del queso" se quejan de la dirección en la que gira el ventilador, orientado desde el invierno a expulsar aire caliente, y cuentan que debido al calor los motores de sus cámaras se deterioran y funcionan de manera alterada, con sobrecalentamientos y roturas que corren de su cuenta. Estas vendedoras escenifican bien lo que significa trabajar durante las olas de calor en el mercado de frescos más grande de Europa: están rodeadas de ventiladores, un aparato de aire acondicionado portátil y de género envuelto en papel film para que se deteriore lo mínimo posible.

Aunque el año pasado se acometió una renovación de todos los aparatos de aire, la inversión no es suficiente y los puestos siguen sufriendo. Los más afectados son aquellos que venden fruta y verdura fresca, así como productos artesanales tipo quesos o fiambres, mientras que los vendedores de pescados y mariscos, pese a no tener un índice tan alto de género echado a perder debido a que lo cubren con hielo todos los días,comentan que han pasado de usar seis bolsas de hielos a nueve para mantener el producto fresco.

Así, desde un puesto de mariscos del ala oeste del Mercado, indican que “se tira mucho más” en comparación al invierno y al año anterior, y distintos establecimientos consideran que “no es suficiente” el nivel de climatización con el que cuentan actualmente en el Mercado, pero reconocen el cambio positivo de años anteriores, llegando a afirmar que “antes aún era peor, infierno total”. 

Ya se hizo una inversión

“Es inhumano, nos dijeron que iban a poner máquinas de aire, pero ha sido una promesa vacía” se queja desde su parada un vendedor que prefiere permanecer en el anonimato. No obstante, desde la Asociación de Vendedores del Mercado Central recuerdan que efectivamente ya se ha hecho una primera inversión de 150.000 euros para renovar los equipos de aire acondicionado existentes en el Mercado y que siguen trabajando por bajar la temperatura aún más, pero indican que es "muy complicado", debido a que el Mercado Central es Bien de Interés Cultural y necesita recabar permisos de Patrimonio. El consistorio ya está trabajando para reducir la temperatura de este centro neurálgico de la ciudad de manera estructural, y no con parches que no terminan de enfriar el producto.

Campaña por la climatización del Mercado Central

Campaña por la climatización del Mercado Central / Daniel Tortajada

En el otro extremo, tanto del mercado como de posicionamiento, se encuentra "La cotorra", una asociación de trabajadores que está en plena campaña por la climatización del edificio. Con Diego Molina a la cabeza –dueño de varios puestos de fiambres y productos gourmet–, y recurriendo al lema "Nos estamos asando, ¡Climatización ya!", estos trabajadores proponen instalar equipos de frío evaporativo para hacer frente al infierno climático y tratan de llegar a las instituciones mediante acciones como el reparto de abanicos rotulados con su reivindicación. Pero su queja trasciende el sofoco de estos días y desde esta asociación cuestionan también del mantenimiento de las instalaciones: "Tenemos un desfibrilador que no funciona, no tiene pilas", ilustran. 

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents