Moda
La sastrería Dos de Mayo, un legado de oficio y elegancia en la València de antaño
La historia de la ya desaparecida tienda a medida ayuda a entender cómo ha cambiado la forma de vestir - y de vivir- en la ciudad

Sastrería Dos de Mayo en su última etapa. / Levante-EMV
Nos encontramos en plenas rebajas de verano, ese momento del año en el que andar por las calles del centro de València a cualquier hora del día se convierte en misión imposible, y las peleas por prendas de ropa con precios reducidos son el pan de cada día de dependientes y empleados de cualquier tienda textil. En realidad, es una situación que se repite desde hace décadas y vale la pena echar la vista atrás y pensar en la ciudad que un día València fue.
En una de las calles más emblemáticas del Cap i Casal, en un pequeño local que hace esquina, desde 1883 se medían hombros, se hacía una selección de telas y patrones y se confeccionaban trajes y modelos que acabarían vistiendo a varias generaciones de valencianos.
En la calle Bolsería, más concretamente en el número 42, justo al lado de la plaza del Tossal, y enfrente del pub Bolsería, una sastrería se erigía hace ya mucho tiempo, cuando la calle era conocida por el bullicio de la clase trabajadora. Gúmer Fernández y Enrique Ibáñez, en su libro Comercios históricos de València, la definían como un recodo “eminentemente comercial, donde la mayoría de los comercios se dedicaba a la venta de telas: pañerías donde se vendía los retales y telas para la confección de ropa de forma económica en la privacidad del domicilio familiar”
El Dos de Mayo, regentada por Antonio Borja, que fue Maestro Mayor del Gremio de Sastres y Modistas de Valencia, y heredada previamente de otro sastre, se dedicaba íntegramente a la confección de indumentaria masculina y a la pañería, empleos que hoy en día han desaparecido casi al completo. Joaquín García, sastre y representante del gremio, habla de una especie de “mutación” del oficio de sastre, que se basa en hacer arreglos y remiendos, pero que en su opinión, “no son sastres”. “Hoy en día, solo la gente muy pudiente puede acudir a un buen sastre y gastarse mínimo 1.800 euros en hacerse un traje”, comenta, mientras habla de una “pérdida de la elegancia” generalizada.
El sastre, según nos cuenta Marta, su nieta, que guarda un recuerdo “muy tierno” de él, vino “desde abajo”, de una familia de jornaleros y hortelanos, y se inició en el mundo de la sastrería debido a un golpe de azada en el pie, que lo dejó inhabilitado para la cosecha de arroz, pero le abrió las puertas a trabajar en València como aprendiz de sastre bajo las órdenes de Antonio Sebadilla, del que acabaría heredando el taller y el oficio de la calle Bolsería 42.
Por su familia y fuentes cercanas al sastre, sabemos que Antonio Borja empleaba a 15 personas en su taller -en el que actualmente se encuentra el café La infanta , en el número 3 de la plaza del Tossal - en el que realizaba todo tipo de trabajos estilísticos, entre los que la familia destaca la confección de los uniformes de distintas entidades bancarias, de escuelas, y de otros comercios que acudían a él de manera regular y encargaban prendas que la familia recuerda de la máxima calidad, afirmando que “aún las tendrán en el armario”.
Una historia de ayer y hoy
La València de antes se vestía con trajes diarios, que hoy en día han pasado, por regla general, de ser el uniforme a ser un disfraz ocasional. Pero, ¿en qué momento dejamos de ir al sastre? En el caso de la sastrería Dos de Mayo, la falta de relevo generacional acabó siendo el clavo final en el ataúd no solo del comercio en sí, sino de una forma de entender el mundo de forma completamente diferente.
Hoy en día, en el Cap i Casal es muy fácil estrenar ropa, un simple paseo por la calle Colón abre las posibilidades a un mundo de compras, moda y fast fashion que, pese a que hoy en día lo hayamos interiorizado casi al completo, en otros tiempos era muy diferente. Sastres y modistas se encargaban de confeccionar prendas de alta calidad, que cosían a la medida de los compradores.
Pero aún hay esperanza. Aunque los sastres y las sastrerías no tengan hoy en día el sitio que una vez ocuparon en la sociedad valenciana y en el imaginario colectivo, la tendencia de la hiperpersonalización, junto con el afloramiento de corrientes enfocadas en la sostenibilidad y el slow fashion -que son una respuesta directa al consumismo y la corriente opuesta a la moda rápida actual- implican un nuevo resurgimiento y una nueva luz para el mundo del tailoring , o dicho de otra forma, la sastrería que practicaban anteriormente todos los sastres de la calle Bolsería.
Según nos cuenta el gremio de sastres – que a día de hoy se dedica primariamente a la educación- cada vez más personas están interesadas en el mundo de la confección y la ropa hecha a medida, debido a un cansancio generalizado de las corrientes y tendencias actuales en lo que respecta al consumo masivo y su impacto negativo en diferentes ámbitos: Medioambiental, económico y social. Sobre este fenómeno, el gremio de sastres de manera orgullosa afirma que tiene aproximadamente 40 estudiantes, pero que “cada vez somos más”. García comenta que dos de sus alumnos ya están montando sastrerías, para, según él, “seguir el legado” de los sastres que llegaron antes, entre ellos, Antonio Borja.

Trabajadores de la sastrería Dos de Mayo de València. / Levante-EMV
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