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Fenómeno histórico

“El eclipse de nuestras vidas lo vivimos en l’Albufera": gritos y aplausos en el embarcadero más bonito de València

Vivirlo desde el embarcadero de la Gola de Pujol ha sido una excursión de todo el día obligada para coger el mejor sitio. Los valencianos y turistas buscan la sombra, juegas a las cartas y leen a Orwell en las horas previas a que el cielo se oscureciera

Espectacular: la totalidad del eclipse de sol en l'Albufera de València

Marina Falcó

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Marina Falcó

Marina Falcó

València

Ser testigo de un eclipse solar total que no se volverá a ver hasta dentro de más 150 años desde un paraje tan mágico como es l'Albufera de València tiene mucho de privilegio. La belleza del entorno, ya de por sí, mayúscula, se ha visto acrecentada por un inusual momento de oscuridad que la luna, interponiéndose en el camino del sol, proporcionó al público que se concentró en el entorno de este parque natural.

Llegar hasta el lugar no fue tarea fácil. Las férreas restricciones impuestas para evitar aglomeraciones y salvaguardar el bosque de la Devesa del Saler que se encuentra en nivel 3 por riesgo de incendios forestales, llevó a cortar la carretera CV-500 desde las 17.30 horas, media antes hora de lo previsto, y prohibir el tráfico privado excepto para los vecinos de las pedanías. Así que los escasos aficionados a la astronomía y curiosos no residentes que lograron llegar al punto de observación elegido arribaron al lugar muchas horas antes del eclipse.

Desde primera hora de la mañana la Guardia Civil se apostó en la entrada de la CV-500 para controlar el tráfico que buscaba una de las carreteras más transitadas en verano y que este miércoles, esperaba aún más presión viaria. Los agentes de la Benemérita recorrían incesantemente el asfalto en coche y en moto con el objetivo de controlar los accesos hacia las urbanizaciones y evitar que los coches accediesen a la masa boscosa del parque donde se han clausurado los aparcamientos.

¿Cuál ha sido entonces la alternativa de los curiosos para llegar al embarcadero de la Gola de Pujol? Las bicicletas, el autobús de la línea 25 y las piernas. Porque dada la gran dificultad para dejar el coche hay quienes se deshicieron de él a varios kilómetros de distancia. Es el caso de Adán Sánchez, un joven de Toledo que lleva dos años viviendo en Catarroja y es gran amante de la fotografía. “He dejado el coche en el cementerio del Palmar y he venido andando”, lo que le ha obligado a desprenderse de la silla y otro avituallamiento que tenía preparado. “Recorrerme varios kilómetros cargado y con este sol me parecía imposible” así que cámara de fotos en ristre y pertrechado con una toalla y agua, ha llegado sobre las 12.30 horas al pantalán.

Controles constantes de la Guardia Civil en la CV-500

Controles constantes de la Guardia Civil en la CV-500 / Marina Falcó

Poco a poco ha ido acercándose el personal. Italianos, alemanes y franceses son el principal público que parece blindado a calor extremo que se cierne a las tres de la tarde. Hay quien ha venido únicamente armado con un paraguas para protegerse del sol. La emergencia sanitaria se convertía cada vez más en una amenaza real.

El autobús, el gran aliado

El transporte público ha sido la opción elegida por numerosas personas para llegar hasta el embarcadero. Es el caso de Nicole Medina, quien lo ha cogido en centro de València para acercarse a uno de los miradores más privilegiados de la Comunitat Valenciana para presenciar el fenómeno astronómico del siglo. “Venía muy lleno, pero la mayoría de gente se ha bajado en las playas, soy la única que ha dejado el bus en esta parada”, explicaba a Levante-EMV esta joven que ha venido a ver el eclipse porque “somos afortunados de encontrarnos en el lugar y el momento adecuados. Esto solo es una vez en la vida”.

Pertrechados con sombrillas, protectores solares, agua a discreción, comida, sombreros y las pertinentes gafas especiales el respetable aguantó al 'lorenzo' cayendo a plomo sobre sus cabezas apenas sin inmutarse con tal de no perder un sitio privilegiado en el embarcadero de la Gola de Pujol, conocido punto de encuentro para ver los atardeceres más bonitos de València.

Sortear la gincana de la movilidad y el aparcamiento fue el precio a pagar para estar en el mejor lugar. Y eso que las autoridades desaconsejaban fervientemente trasladarse hasta l'Albufera porque en el momento de volver a casa ya se preveía que las carreteras se iban a convertir en una auténtica "ratonera". Así las cosas, hubo quien se arriesgó a pasar un calor infernal y quemaduras solares con tal de no perder detalle de uno de los acontecimientos del siglo.

Con el transporte público funcionando la llegada hasta el lugar se hizo de forma escalonada. Hubo quien llegó en transporte público, quien reservó en alguno de los restaurantes de la zona para tener su plaza de parking garantizada y algunos propietarios de apartamentos en los bloques que salpican el parque se animaron a bajar para ver el fenómeno desde tierra firme.

Un día de playa y de paso, eclipse

'Quien espera, desespera' así que el rato previo a que sucediera el momento clave se pasó realizando actividades alternativas. La más lógica fue pasar la mañana y parte de la tarde en las playas cercanas. Mientras el sol castigaba los cogotes, ¿por qué no aprovechar y coger algo de bronceado? También comer en alguno de los escasos locales de restauración del lugar. Y en el momento de la espera, una vez cogido el sitio, hubo quien hasta se echó una siesta con la gorra cubriéndose a cabeza.

Al filo de las cinco de la tarde, cuando apenas quedaba media hora para que siguiese la libre circulación, comenzó el desembarco más numeroso de público. Mientras los patos nadaban tranquilamente en l’Albufera, los humanos se amontonaban buscando el poco resquicio de sombra de los árboles que hay en la zona de aparcamiento. Un hombre sesteaba pese al sonido del silbato de los agentes de la Guardia Civil que llamaban la atención de un coche que intentaba pararse en el arcén. Hasta 200 euros de multa se estaba jugando. Una partida de cartas o un libro eran una buena compañía hasta que empezó la recta final hasta la ocultación del astro rey. Títulos como 1984, de George Orwell; una revista de ciencia o una novela

Método aprendido en la escuela

Dilia Guzmán es de Colombia y ha venido con dos amigos más hasta este punto estratégico. Llama la atención la caja de zapatos que lleva en la mano. Es una cámara estenopeica artesanal; la ha hecho ella misma en casa con la caja de cartón “sirve también una de cereales” aclaraba, unas tijeras y papel de aluminio.

Dila Guzmán y su cámara casera para ver el eclipse en l'Albufera de València

Francisco Calabuig / Marina Falcó

“Lo aprendí en la escuela, porque allí tuvimos la oportunidad de ver un eclipse y es un método seguro porque no ves directamente el sol, sino una proyección dentro de la misma caja”, explicaba “de hecho te tienes que poner de espaldas para poder verlo bien”. El resto de público optó por las pertinentes gafas homologadas para salvar las retinas.

Lectura de ciencia y cartas para esperar el eclipse en l’Albufera

Una partida de cartas o un libro eran una excelente compañía hasta que empezó la recta final hasta la ocultación del astro rey. Títulos como 1984, de George Orwell; una revista de ciencia o un ensayo sobre astronomía han sido las lecturas escogidas por algunos de los que llevan esperando pacientemente varias horas hasta que comience a esconderse el sol. Los picnic a base de bocadillos, papas, cerveza y agua en cantidades ingentes llenan las neveras de playa que también han colaborado a llevar la espera de la mejor forma posible.

Jugando a las cartas en l'Albufera.

Jugando a las cartas en l'Albufera. / Francisco Calabuig

A las 19.37 horas ya empezaron a verse las primeras lentes colocadas. La cuenta atrás había comenzado y ya no cabía un alfiler en el embarcadero. También las barcas habían tomado posiciones en lago salado. Una ubicación ideal para gozar del momento. La emoción por vivir la experiencia se palpaba en el ambiente. Cámaras de fotos preparadas y hasta un telescopio traído desde Francia por una familia para la ocasión. “El eclipse de nuestras vidas”. Y llegaron las 20.33 y la emoción invadió a todos los presentes. Gritos y aplausos resonaron cuando en l’Albufera se hizo de noche. “Este es el eclipse de nuestras vidas”, decía Leticia Gaudier venida desde Bélgica. No es para menos. Quienes tuvieron la ocasión de venir al punto más bello de València vivieron una de las experiencias más emocionantes, sin duda, de sus vidas.

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