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La odisea de un coloso: auge y caída del Sidi Saler

El hotel de lujo fue el cuartel general de los jugadores del Valencia y de los magnates de la Copa América. En sus habitaciones se dopó Lance Armstrong cuando lo era todo para el deporte mundial, pero, igual que el ciclista, el hotel cayó en absoluta decadencia y acabó convertido en un resort para okupas

La odisea de un coloso: auge y caída del Sidi Saler

Redacción Levante-EMV

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Claudio Moreno

Claudio Moreno

València

A mediados de los años sesenta, coincidiendo con el boom turístico, el arquitecto madrileño Julio Cano Lasso y el alcalde franquista Adolfo Rincón de Arellano firmaron y aprobaron un plan para urbanizar más de 800 hectáreas de bosque en la Devesa del Saler. La escala del proyecto, avalada por el ministro Manuel Fraga, resultaba faraónica con un total de 24 hoteles proyectados, 12 apartahoteles, 56 torres con más de 2.000 pisos, un campo de golf, un puerto deportivo, un parador nacional y un hipódromo. Sin embargo, en 1970 el movimiento ciudadano ‘Salvem la Devesa’ logró frenar la ambición desarrollista de la época y solo algunas construcciones como el Sidi Saler llegaron a ejecutarse, permaneciendo hasta nuestros días.

La piscina exterior en los años de esplendor del hotel cinco estrellas

La piscina exterior en los años de esplendor del hotel cinco estrellas / Levante-EMV

El primer hotel de cinco estrellas abierto en el término municipal de València cuenta con 272 habitaciones orientadas a la playa de la Garrofera. Su apertura fue un reclamo para el turismo millonario que desembocaba en la ciudad y en sus primeros años sirvió como lugar de concentración para la plantilla del Valencia CF durante la etapa en la que Alfredo Di Stéfano fue su entrenador. También fue la base de la selección de Irlanda del Norte en el Mundial de España 82, cuyos jugadores disfrutaron de largos paseos por la playa y cervezas en la piscina antes de derrotar a la España de Luis Casanova.

Predrag Mijatović llega escoltado al Sidi Saler

Predrag Mijatović llega escoltado al Sidi Saler / Levante-EMV

Con una extensión de 20.000 metros cuadrados el complejo ofrecía piscina interior y exterior, pistas de tenis, un gimnasio equipados un spa, servicios de alta cocina, vistas al mar, acceso directo a la playa y un corto paseo al cercano campo de golf. El acceso se realizaba por una carretera privada a través de la pinada, junto al cordón dunar, garantizando privacidad a sus clientes de más renombre. Dentro esperaban lámparas de araña y un lustroso piano de cola flanqueado por esculturas hoy agonizantes.

Fuera del fútbol, el Sidi sirvió también para alojar a Tina Turner en 1987 antes de su concierto en el Cap i Casal y un año después a Sting, vocalista de The Police, que eligió la tranquilidad del Parque Natural de l’Albufera para recuperarse de una supuesta faringitis. Algunas fuentes sitúan en el icónico alojamiento a otros artistas como Bob Dylan, el director de orquesta Carlos Kleiber y el cineasta local Luis García Berlanga.

Fachada principal del Sidi Saler cuando aún estaba en activo

Fachada principal del Sidi Saler cuando aún estaba en activo / Levante-EMV

Años más tarde, a principios de siglo, según narraba el ciclista Tyler Hamilton en su libro The Secret Race -del que se hacía eco el periodista Víctor Romero- y posteriormente recogía en un informe de la Agencia Antidopaje de Estados Unidos (USADA), el heptacampeón del Tour de Francia Lance Armstrong viajaba en pretemporada desde Suiza o en jet privado desde Niza para someterse a transfusiones de sangre irregulares en discretas habitaciones del Sidi Saler, una práctica supervisada por el doctor valenciano Luis García del Moral.

Fueron décadas de esplendor; días de vino, rosas y bolsas de sangre. Pero la decadencia terminó atropellando al ciclista y al hotel. El Sidi cerró en enero de 2011 debido a la crisis económica y el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, con una caída en las reservas que el negocio nunca consiguió contener. El cese de actividad dejó en la calle a unos 80 trabajadores y su último dueño antes de que la propiedad pasara a manos de varias entidades bancarias, el alemán Manfred Stier, terminó resultando condenado -en 2018- a tres años de cárcel y una multa de 7,1 millones de euros por fraude fiscal relacionado con la evasión de capitales a Liechtenstein.

Una de las habitaciones del Sidi Saler cuando recibía turistas

Una de las habitaciones del Sidi Saler cuando recibía turistas / Levante-EMV

El alemán traspasó la propiedad a BBVA y CaixaBank mediante un contrato de arrendamiento que le permitió embolsarse 42 millones de euros, una operación económica cerrada poco antes de que el suelo pasara a ser de dominio público por el deslinde de Costas. Posteriormente, las entidades bancarias traspasaron la gestión al fondo Cerberus y el Sidi Saler ha dormido durante los últimos años atrapado en la carpeta de activos de Coral Homes y Divarian, sin capacidad para desbloquear los cepos administrativos y judiciales por encontrarse fuera de ordenación.

Y que funcionan como las cadenas de un coloso tumbado sobre el cordón dunar. Colectivos como Acció Ecologista-Agró denuncian que su presencia ha contribuido a que este cordón reduzca su anchura en más de 36 metros en los últimos 40 años y creen que su demolición permitiría evitar la recesión de la playa. Mientras, de puertas para adentro, algunos okupas han hecho del Sidi su fortaleza convirtiendo el primer gran resort valenciano en una guarida clandestina.

Actuación policial en el Sidi Saler

Actuación policial en el Sidi Saler / Levante-EMV

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