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Turismo

"València no está muy llena, pero, claro, venimos de Nueva York"

Un paseo por una de las zonas más transitadas por turistas de la ciudad permite hacerse una idea de qué les atrae a aquellos que visitan la ciudad, y cómo valoran factores como el calor y la aglomeración en agosto.

Turistas en el centro de la ciudad de cara al 15 de agosto

Turistas en el centro de la ciudad de cara al 15 de agosto / Fernando Bustamante

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València

Mientras los termómetros marcan los 35 grados, y agradecemos que no lleguen a 40, la ciudad es poco a poco conquistada por personas 'rojas', con sombreros, gafas de sol y en chándal, que vienen a pasar unos días a València. En la plaza de la Reina, una larga cola de turistas se vislumbra pegada a la fachada de la catedral. Armados con botellas de agua y abanicos comprados de una tienda de souvenirs, esperan poder entrar al templo cristiano. Paseando por la cola, preguntamos a los turistas por sus opiniones de la ciudad, y qué les ha traído hasta aquí.

Joao, de Lisboa, piensa que “el calor no está tan mal” y, según lo que dice, le encanta la ciudad, a pesar de que prácticamente acaba de aterrizar. Bruno viene del sur de Italia. Él y su familia llegaron ayer, pero opinan que toda la ciudad es muy bonita, y no les molesta el calor. Irina, de Bulgaria, ha venido a la ciudad con su marido. Estuvo ya hace dos años en la ciudad, pero le encanta España y la cultura española en general. Lo primero que dice cuando le preguntamos por la ciudad es “I love the food” (Adoro la comida), pero sí que admite que el calor es infernal y que hay mucho turista: “Nosotros, como turistas vamos allí donde van todos los turistas, por lo que sí, veo que hay mucho turista”.

Laszlo, llega desde Hungría, y lo primero que ha hecho es ir a ver la catedral. En la cola, se resigna sobre la cantidad de gente esperando para entrar: “Venimos de Sevilla, y allí para entrar en la catedral estaba igual”. Su balance de la ciudad, pese a que palabras como “muy llena”, y “muy calurosa” revolotean en sus declaraciones, es “mayoritariamente positivo, seguro que volveremos”, concluye.

Curtis, su mujer Nora y sus dos hijos han venido a València a ver el eclipse desde Roma, pese a que son de Canadá. Se consideran “cazadores de eclipses”, y fanáticos del tema. Pese a haber venido sin reparar mucho en la ciudad, se han quedado eclipsados con ella: “La encontramos muy limpia, y muy bien cuidada, desde las aceras hasta los edificios”, dice Nora, a lo que Curtis añade que, “en Roma, tardan en mantener los monumentos”.

Los turistas se amontonan en el centro de la ciudad y buscan la sombra como si les fura la vida en ello

Los turistas se amontonan en el centro de la ciudad y buscan la sombra como si les fura la vida en ello / Fernando Bustamante

Ross y Greg vinieron desde Brooklyn, en Nueva York, para ver el eclipse por el cumpleaños de Greg. “Después de tiempo mirando dónde verlo, fuimos a la Malva-Rosa”. Lo primero que destacan sobre la ciudad es la gente: “Todo el mundo es muy majo, es una ciudad fácil de transitar, muy peatonal, definitivamente volveremos”. No ven la ciudad muy llena, pero, claro, ellos mismos admiten, que “hay que tener en cuenta que venimos de Nueva York, esto es un paseo”. En cuanto al calor, lo llevan lo mejor que pueden; sin embargo, les sorprende que “aquí el calor no da tregua, de donde venimos a ciertas horas o a los días refresca, pero aquí es constante”, comentan.

Casi a la entrada de la plaza, bajo los aspersores que convierten el espacio en un refugio climático, una familia de ucranianos se concentra huyendo del calor. Oleksander, su hijo e intérprete, comenta que les pareció increíble la Albufera, que no habían visto nada igual. Según comenta, ellos intentan “pasear por los sitios menos transitados”, pero los campos de arroz y el parque de la albufera era una "visita obligatoria". Han venido a la ciudad, pero también hacen excursiones a otros lugares, como Sagunt, Xàtiva o El Palmar. “Vimos el eclipse desde Sagunt, en como una especie de castillo. A mí me encantan las cosas medievales, por lo que fue increíble”, comenta Oleksander mientras sus padres sonríen perplejos.

Más allá de la plaza, un grupo de jóvenes italianos se congregan en una terraza de un bar, y según cuenta Andrea, el portavoz del grupo, “nos gusta mucho la ciudad, me habían comentado que era muy bonita”. Su tipo de turismo es diferente al de aquellos que esperan en la puerta de la catedral, “anoche salimos de fiesta por el puerto, esta noche iremos al barrio del Carmen, a ver que tal”. Su grupo de amigos habla entre ellos en italiano, mientras beben cerveza fría y sacan a relucir el que para ellos era el único “punto negativo” de la ciudad: la playa de la malva-Rosa estaba muy caliente.

Puede que los turistas vengan por diferentes motivos, y con diferentes medios, pero si queda algo claro, después de este breve paseo, es que no hay ni rastro de viandantes locales por las zonas que ellos más transitan, como si huyéramos de ellos, igual que el gato y el ratón.

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