Curiosidades
Los fósiles marinos incrustados en las fachadas históricas de València
Turritellas, ammonites y belemnites, que existieron hace al menos 65 millones de años, son algunos de los fósiles que se pueden observar en las calles de la ciudad

Caminar por València es hacerlo por miles de años de historia. La ciudad fue fundada en el año 138 antes de Cristo, restos arqueológicos así lo atestiguan. Pasear por la plaza de la Virgen es hacerlo por encima del foro imperial romano; parte de la muralla islámica del siglo XI aún se puede apreciar en la plaza del Ángel, en el corazón de Ciutat Vella y dando otro salto en la historia, el siglo XV nos dejó edificios históricos tan destacados como la Lonja de la Seda, declarada Patrimonio de la Humanidad desde el año 1996.
Pero, en las calles de la ciudad hay elementos muchísimo más antiguos, tanto es así, que cuentan con millones de años de historia en su haber y los tenemos más cerca de los que parece, lo único que ocurre es que no les prestamos atención. Algo que sucede con otros muchos detalles que nos rodean y que nos pasan inadvertidos bien porque la pantalla de nuestro móvil nos abduce, bien porque nadie nos ha señalado su existencia.
Afortunadamente el experto valenciano en divulgación científica, Ricardo Ninet, quiso llamar la atención sobre estas piezas del periodo Cretácico (hace unos 66 millones de años) que salpican fachadas, suelos y columnas del centro de València: son los fósiles camuflados.
Las formas de algunos de ellos seguro que nos son familiares pero no son muy identificables para el común de los mortales, otros sí tienen un perfil más fácilmente reconocible pero para ello hemos de fijar la vista.
Desde el Mercado Central hasta el Olympia
La primera duda que puede asaltarnos es ¿cómo han llegado estos moluscos hasta la fachada de un edificio en el mismo centro de València? La respuesta es bien sencilla: a través de las piedras de canteras que se utilizaron para la construcción y ornamentación de las fincas. En ellas 'venían incorporados' los restos fósiles que salieron a la luz tras ser talladas y pulidas para formar parte del paisaje urbano.
Iniciamos el recorrido en busca de fósiles parando en el Mercado Central. En este caso el experto nos invita a dirigir la mirada hacia el suelo para observar en las escaleras de acceso por la calle d'En Gall restos de turritellas, una especie de caracol marino cuya concha tienen forma de torre o de cono muy puntiagudo con muchas vueltas en espiral lo que le lleva a asemejarse a un tornillo.

Las manchitas blancas de los escalones del Mercado Central son Turritellas. / Lucía Company
El siguiente punto de interés se encuentra en la calle dels Flassaders. En esta ocasión los fósiles se encuentran incrustados en el pavimento. Mirando hacia el suelo se pueden adivinar los restos de bivalvos y antiguas conchas marinas cuyo exoesqueleto ha quedado atrapado en la roca para siempre y sobre los que hoy caminamos en en centro de València.

Los bivalvos de la calle dels Flassaders. Están en el suelo. / Lucía Company
En los bajos de uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad, el que se ubica en la esquina de las calles San Vicente Mártir con la avenida María Cristina, y que previsiblemente se convertirá en un hotel de lujo, también es posible hallar algunos fósiles. Llama la atención el ammonite que ha quedado parado en el tiempo en la piedra que recubre la fachada del comercio que hace chaflán con la calle de Sant Ferran.
Los ammonites son una especie de moluscos cefalópodos que habitaron los fondos marinos que aparecieron en el periodo Devónico (hace unos 420 millones de años) y se extinguieron a finales del Cretácico. Lo característico de estos animales es que, además de tener tentáculos que nacen de sus cabezas -como los calamares o los pulpos- es que el interior de las conchas estaba dividido en varias cámaras mediante una especie de tabiques que se pueden apreciar en el ejemplar de esta fachada.

Un precioso ammonite en la esquina de las calles San Vicente Mártir y Sant Ferran / Lucía Company
Siguiendo la senda de los fósiles sin abandonar la calle San Vicente Mártir, llegamos al número 26, el que se encuentra en la plaza de la menina. En la piedra oscura de la fachada de lo que hoy es un café se aprecia muy claramente un rudista, un bivalvo que surge a finales del Jurásico y que se extinguió en el Cretácico, que vivía formando arrecifes y cuya forma de tubo estaba compuestapor una concha inferior adherida al sustrato marino y una concha superior que hacía las funciones de 'tapadera'.

El rudista de la fachada de la calle San Vicente Mártir. / Lucía Company
La quinta y última parada se sitúa a las puertas del Teatro Olympia. En sus columnas de color rojizo destacan unas formas oscuras y negras que salpican las vetas blancas que recorren la construcción. En este caso, según indica Ninet, se trata de belemnites, moluscos cefalópodos cazadores que podrían considerarse como los familiares más antiguos de las sepias y calamares actuales.

Un belemnite (pariente lejano de los calamares de hoy) en la columna del Teatro Olympia. / Lucía Company
Por supuesto estas son solo algunas localizaciones en las que pueden encontrarse restos fósiles en València. Seguro que si prestamos un poco más de atención a lo que nos rodea mientras callejeamos por la ciudad encontramos muchísimos más testigos de las grandes eras geológicas que nos preceden.
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