Urbanismo
La lucha contra los bajos turísticos en València pasa de la calle a la junta de vecinos
Benicalap es el barrio que abandera ahora mismo la resistencia frente a las colmenas de apartamentos - El boicot a estos alojamientos comenzó de la mano de patrullas vecinales y ahora se lidera en las reuniones de las comunidades

Las obras de un hostel en los bajos de la calle Carlos Cortina, 5 siguen en marcha pese a no tener licencia / Francisco Calabuig

La relación de València con el Turismo, más bien con los turistas, se ha vuelto rara. En términos actuales podría decirse que es 'tóxica'. Tradicionalmente, este sector ha sido uno de los más relevantes para la economía valenciana. De hecho siempre se han celebrado los datos de récord que casi cada mes registra el aeropuerto de Manises, las últimas cifras indican que en el mes de julio más de siete millones de pasajeros pasaron por el aeródromo de la ciudad. Evidentemente, no todos se quedaron en la capital, pero da una pista de la popularidad de la que goza el Cap i casal, sobre todo entre los visitantes extranjeros.
A pie de calle también se percibe esta querencia por parte de los turistas de nuestra ciudad. El problema es que los visitantes están agobiando a los residentes y los problemas de convivencia ya están al límite.
Los últimos en alzar la voz contra la transformación de los vecindarios ha sido el barrio de Benicalap. Su zona nueva, compuesta principalmente por residenciales, está siendo testigo de cómo un aluvión de apartamentos turísticos "colonizan" las plantas bajas de sus edificios. En apenas tres manzanas se están construyendo más de 100 habitaciones repartidas en 'hostels' que se suman a los que ya operan en el mismo lugar.
El último, Benicalap
La comunidad de propietarios del número 6 de la calle Encarna Albarracín llevan meses en pie de guerra contra la empresa que está de obras en sus bajos en los que hay proyectado un hotel horizontal de 22 habitaciones contraviniendo frontalmente los estatutos comunitarios que prohíben este tipo de actividades en el residencial, además de que en los trabajos de construcción se ha alterado gravemente la estética de las zonas comunes abriendo ventanales a discreción y que probablemente se hayan producido daños estructurales en el bloque. En estos momentos y ante este panorama Urbanismo ha elevado una moción a la Asesoría Jurídica del Ayuntamiento de València para que determine si el incumplimiento de lo dispuesto en los estatutos de la comunidad de propietarios posibilita al consistorio ordenar la paralización de las obras.
Se da la circunstancia de que la misma empresa tiene en marcha la construcción de otro hotel apartamento en la calle Carlos Cortina número 5 del mismo barrio pese a que, como ha podido saber este periódico hace un mes que el ayuntamiento les denegó la solicitud de licencia de obras de reforma "para implantar la actividad de hotel apartamento en la calle Salvador Cerveró con Carlos Cortina al ubicarse en un emplazamiento en el que no es posible la implantación del uso terciario hotelero al superarse los porcentajes [de plazas de alojamientos turísticos respecto a locales en planta baja] indicados en la modificación de la de las normas urbanísticas del PGOU de València, 'Regulación de los Usos terciarios hoteleros' que fue aprobada definitivamente en fecha 31 de marzo de 2026 y que entró en vigor el pasado 25 de mayo".
De patrullas vecinales a comunidades de vecinos
El fenómeno de los bajos turísticos comenzó a despuntar en el año 2018. La conversión de locales tradicionalmente comerciales en alojamientos llamó la atención de los vecinos del barrio del Cabanyal, aunque también se habían percatado de este 'boom' en Ciutat Vella, el entorno de la Ciutat de les Arts.
Fue en el barrio marítimo donde avisaron de que este fenómeno se estaba descontrolando lo que dio pie a que patrullas vecinales comenzaran a atacar los pisos turísticos que encontraban en las calles. Pintadas y sabotaje de cerraduras fueron las acciones que se llevaron a cabo en bajos turísticos del Cabanyal, pero esta práctica se extendió por toda València y lo mismo sucedía en Malilla, que en la Malva-rosa, Campanar, El Carmen, Benimaclet o Morvedre llegando a vandalizar 450 apartamentos durante las Fallas de este año.
El cambio sustancial es que la lucha contra estas colmenas de apartamentos ha subido de la calle a la casa de los vecinos. Ahora son las comunidades de propietarios quienes se plantan antes estas construcciones. Los vecinos de Safranar ganaron el pulso y lograron paralizar la apertura de 24 apartamentos; Russafa también logró que se bloquearan los 34 que iban en los bajos de una manzana y ahora la resistencia se gesta en las juntas de vecinos.
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