PAI
Las mil historias del 'Edificio de los Falleros': el primer ascensor del barrio del Carmen y una cooperativa tras la riada de València
La construcción de 10 plantas en la que viven 20 familias será derruida con la ejecución del PAI previsto en la manzana que se enmarca entre las calles Guillem de Castro, Llíria y Na Jordana - El Ayuntamiento de València se comprometió a reubicar a los residentes en el mismo barrio pero estos creen que se trata de "un brindis al sol"

Daniel Tortajada

"Mi hija es la quinta generación de la familia que vive en este edificio" cuenta muy emocionado Miquel Serrano Borrego a Levante-EMV. "No puedo evitarlo -se excusa- es que en estas casas han vivido mis bisabuelos, mis abuelos, mi madre, mi tío... y ahora tendremos que marcharnos porque lo van a derruir", explica este vecino del 'Edificio de los Falleros' el singular inmueble cuyo destino está escrito: será demolido cuando se ejecute el PAI de la manzana enmarcada entre las calles Guillem de Castro, Llíria y Na Jordana.
El drama no es solo económico, ni siquiera por la perspectiva tan complicada de encontrar otra vivienda, sino porque la historia familiar de Miquel está íntimamente ligada a una finca que ha sido testigo de mil historias, no solo de la saga de los Borrego y los Maroto, dos apellidos de gran peso en el barrio y en el mundo de las Fallas sino por la singularidad de la propia construcción que se eleva altanera en el margen derecho del Jardín del Turia llamando la atención por sus 10 plantas nada armónicas con el entorno.
¿Qué hace un edificio tan alto en el margen del río?
El 'Edificio de los Falleros', ubicado en la calle Na Jordana 32, tiene ese sobrenombre porque surge de una cooperativa creada tras la riada del año 57 que asoló València llevándose por delante el barrio del Carmen, y que fue conformada por vecinos que perdieron sus casas con el apoyo de la parroquia de la Santísima Cruz. Los ancestros de Serrano formaron parte de esa cooperativa original que se unió para comprar los terrenos "en una zona paupérrima" y levantar las viviendas que acogerían a 20 familias distribuidas en dos pisos por planta.
Muchos vecinos damnificados de Ciutat Vella fueron realojados en los 'nuevos' barrios que nacieron expresamente para dar una solución habitacional a quienes lo perdieron todo en la 'riuà', como el de la Virgen de los Desamparados, sin embargo, estos cooperativistas decidieron quedarse en el barrio que les vio nacer. Un anhelo que han heredado los actuales moradores del edificio.

Miquel Serrano y Elisa Albert frente a la finca en la que viven que será derruida por el PAI del Carmen / Daniel Tortajada
Esta construcción, que se encuentra actualmente fuera de ordenación, no lo estuvo cuando se construyó. "Cumplía la normativa urbanística de los años 60 del plan del arquitecto Javier Goerlich", explica Miquel Serrano. Por entonces la aspiración de la ordenación urbana era "esponjar" la ciudad dotándola de grandes avenidas y romper así con el trazado medieval de callejones propio del centro. De hecho, este edificio iba a formar parte de la prolongación de la avenida del Oeste que iba a llegar hasta el propio río "por esta razón se permitieron las 10 alturas, todo dentro de la legalidad".
Sin embargo, con la entrada del siguiente Plan General de Ordenación Urbana, de finales de los años 80, se estableció que no se podría superar la altura el equivalente a cinco plantas y de esta forma el 'Edificio de los Falleros' quedó en una especie de 'limbo legal'. A partir de los años 2000 una concatenación de planes especiales urbanísticos trajo consigo el anuncio del PAI que lleva sobrevolando, con paradas y arranques mediante, las cabezas y las viviendas de quienes residen en este peculiar inmueble.
El primer ascensor del barrio
"Nosotros solo aspiramos a quedarnos como estamos", expone Elisa Albert, mujer de Miquel. El Ayuntamiento de València aseguró el pasado mes de febrero, tal como publicó este periódico, que las 20 familias serían reubicadas en viviendas dentro del mismo barrio. "Era la primera vez que hablaban claramente de nuestro futuro y valoramos la voluntad, pero nos parece un brindis al sol", expone Serrano.
Y no las tienen todas consigo porque temen que ante la carencia de vivienda disponible en la ciudad, tan solo se les asigne una indemnización que no alcance, ni por asomo, al precio de mercado de un piso "ni siquiera en el área metropolitana" y que se vean obligados a hipotecarse y "volver a la casilla de salida". Eso en el caso de que los bancos les presten el dinero. "Hay una vecina muy mayor, de 90 años, que con toda seguridad no puede optar a una hipoteca, tampoco creo que se la den a mi tía de casi 70", reflexiona este vecino. "Pero es que además es absolutamente injusto que teniendo la casa pagada y cumpliendo con la ley, nos veamos obligados a endeudarnos. Todos somos familias trabajadoras", critica Elisa Albert quien hace hincapié en que "pese a hablar de reubicación no sabemos las condiciones y dudo mucho que nos puedan dar lo mismo que tenemos ahora" y no puede dejar de recordar que en la última promoción de viviendas que se llevó a cabo en la zona, el metro cuadrado se pagó a 4.000 euros, "¿quién puede afrontar eso?".
Los pisos de Na Jordana 32 tienen unos 70 metros cuadrados de superficie con orientación norte-sur y lo cierto es que la localización y las vistas son inmejorables. El edificio goza de una excelente salud "hemos pasado todas las inspecciones técnicas" y entre sus mil historias también está la de haber tenido el primer ascensor del barrio del Carmen. "Mi tío dejaba a los niños del vecindario que montaran en él porque para ellos era como una atracción de feria", rememora divertido Miquel.

Un panel explica la historia del 'Edificio de los Falleros' / Daniel Tortajada
El futuro del edificio parece sentenciado, algo contra lo que se revuelven quienes lo habitan. No en vano han propuesto que la finca se integre dentro del nuevo proyecto. "Si no nos oponemos que tiren las casas de Guillem de Castro que están hechas polvo, las naves que no están protegidas... pero ¿un edificio que está en plenas condiciones?", se pregunta la pareja.
Además del edificio de Serrano y Albert también está contemplado el derribo de varias casas de la acera impar de la calle Llíria, de las que se mantendrán las fachadas, también de una casa de Na Jordana (además del edificio) y varias naves y casas de Guillem de Castro que presentan un estado de semiderrumbe.
Servicios saturados y más población
La ejecución del PAI del Carmen mina la moral de estos vecinos desde hace varios años. Tras la llegada hace un par de años del "goteo" de cartas certificadas que les anunciaban la reactivación del PAI viven en las más absolutas "inquietud e incertidumbre".
Los agraviados por este plan han tenido que ponerse al día en materia de urbanismo a la fuerza. Han mantenido reuniones con técnicos, con el representante de la Agrupación de Interés Urbanístico que desarrollará el PAI e incluso con en concejal del ramo, Juan Giner, pero por el momento no han sacado nada en claro más allá de que les van a demoler las casas para levantar "un conjunto de viviendas con zonas comunes, y con una superficie importante, 3.245 metros cuadrados, destinada a uso terciario", es decir, a negocios.

Vistas desde la terraza del edificio: la chimenea industrial se mantendrá en el PAI pero las casas de la calle Llíria, no / Daniel Tortajada
"Van a hacer mucho dinero, que nos parece fenomenal, pero no pueden penalizarnos así. Si tiran el edificio va a ser un drama personal y también para el barrio en el que hacemos vida y participamos activamente", se duele Serrano. "Si seguro que todo lo que se ha hecho está dentro de la normativa, pero esto es legal e inhumano".
Con 11.000 metros cuadrados, la Unidad de Ejecución 22, como se llama al terreno en el que se va a actuar, es la bolsa de suelo más grande de todo el casco histórico de València. En este terreno se construirán 172 viviendas que se traducirán, según el Plan Especial de Protección, en 430 nuevos vecinos, "va a suponer una sobrecarga aún mayor de los servicios" como el centro de salud o el instituto "que por cierto, no se ha rehabilitado y está viejísimo", apuntan.

La pequeña calle Gutenberg, que forma un 'cul de sac' también se verá afectada por el PAI del Carmen. Esta diminuta vía, que apenas suma 10 números, cuenta con una curiosa entrada que preside una arcada coronada por unas letras rojas que anuncia el 'Carme Teatre'.
A su inicio hay un edificio que alberga apartamentos turísticos. Los contiguos se encuentran en bastante mal estado y serán demolidos en la ejecución del plan urbanístico. Al final de la vía se halla un núcleo fabril de mediados del siglo XIX que preside la nave que en su momento acogió la fábrica de Tello de manufacturas de lana. Esta construcción industrial y la casa que se encuentra adosada, donde estaban las oficinas, sí están protegidas y se mantendrán en el nuevo trazado.
El conjunto urbanístico que rodea al 'Edificio de los Falleros' incluye varias casas que dan a Guillem de Castro y que se encuentran en un estado muy deteriorado. También esperan la demolición varias viviendas de la calle Llíria, en la acera de los números pares, de las que se conservarán las fachadas; diversas naves industriales de mitad del siglo XIX, entre ellas la que acogía la fábrica de manufacturas de lana Tello y que sí que está protegida como también lo está una chimenea industrial que da a la calle Llíria y también afecta a un par de solares, uno de ellos actuaba de parking privado hasta hace unos meses pero ya no hay coches.
"Cuando lo vaciaron y vimos a gente midiendo fuimos conscientes de que la maquinaria administrativa no para. No teníamos noticias acerca de la evolución del PAI, pero al observar que los técnicos estaban trabajando, volvió la sensación de angustia" con la que conviven desde hace años.
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