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La cegadora puesta de sol que puedes sufrir si conduces hacia la Plaza de España

La agresiva posición del sol poniente dificulta la visibilidad en San José de Calasanz y San Francisco de Borja durante esta época del año

La puesta de sol ciega a los conductores en la entrada a València por la Avenida del Cid

Moisés Domínguez

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Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

Los conductores que transitan actualmente por la Avenida del Cid y sobre todo su prolongación hacia la plaza de España, y lo hacen cerca de la puesta de sol, sobre las ocho y cuarto de la tarde, habrán detectado que la conducción se les ha complicado sobremanera durante ese tramo de un par de kilómetros, y, por momentos, mucho más de lo que marca la seguridad. Es consecuencia de algo que se produce a millones de kilómetros de distancia.

Las órbitas de la Tierra y el Sol van cambiando a lo largo del año. Eso es de manual. Y provoca que los días sean más largos o más cortos. También es de manual. Es una teoría que se aprecia claramente cuando el astro rey, según la época, está "más alto" o "más bajo".

Añadamos a este ingrediente la propia trama urbana de una ciudad que además es bastante plana. Y la consecuencia es que, en estos días -y así continuará hasta que la posición del sol vaya cambiando- en ese lugar y a esa hora, encajonado por las fincas, el sol poniente ciega por la espalda a los conductores.

Y aún más cuando la Avenida del Cid pasa a ser San José de Calasanz y San Francisco de Borja, en la que inicia un tenue descenso que lleva el sol directamente a los espejos retrovisores. Conducir mirando al frente, no hay problema, pero durante un buen periodo de tiempo es prácticamente imposible saber qué hay exactamente detrás, lo que obliga a que maniobras como cambiar de carril tengan que hacerse con redoblada precaución. Y no menos peligroso es cuando, por ejemplo, se quiere torcer a la izquierda, para lo que hay que atravesar un carril bici. La visibilidad es tan nula, que resulta más que difícil detectar la presencia de los pedalistas.

Podría ser peor si estas calles rectilíneas fueran en sentido contrario, de salida, puesto que entonces el sol impactaría directamente contra los ojos y, al ser tan caído, ni siquiera el parasol surte efecto.

Cuando se entra a ciegas en el túnel

En una ciudad plana como València, ni siquiera la presencia de fincas salva de que, en ocasiones, el sol tenga estos comportamientos caprichosos. Sucede también, por ejemplo, durante otra parte del año en que la primera hora de la tarde es especialmente complicada para los automovilistas que entran en el túnel de las Grandes Vías en dirección Plaza de España, y que lo hacen entrando en la parte oscura casi totalmente a ciegas. Ahora, de momento, hay que armarse de paciencia y extremar la precaución.

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