La gran herida del fuego en el Saler: así ha quedado la Devesa de València tras el incendio
Las dotaciones de bomberos no abandonarán hasta los próximos días la zona del siniestro. Ahora, la labor principal es la de prevenir los rebrotes
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Huella de destrucción en el parque natural tras el incendio declarado el jueves en la Devesa del Saler. / Germán Caballero

El incendio del Saler ya ofrece una fotografía completa de hasta qué punto ha dejado una huella de destrucción en el parque natural.
Y las imágenes aéreas no dejan lugar a duda. Puede dar la sensación de que es un incendio menor, que lo es atendiendo al número de hectáreas calcinadas, entre 36 y 37. Pero la visión de la alfombra verde de la Devesa con esta inmensa mancha gris, en el mejor de los casos, da miedo, cuando no pavor porque, dada su singularidad, cada arbol quemado vale su peso en oro. Es sin duda alguna uno de los peores desastres que ha sufrido el parque. Hectárea arriba, hectárea abajo, al nivel del de 1986.

La superficie calcinada con la torre residencial al fondo / Germán Caballero
Y tan grave como esa imagen es contemplar cómo alrededor también hay grandes huellas de otros incendios, que pueden ser menores en extension, pero que sumando, sumando, convierten las manchas grises en una batalla contra las verdes, en las que estas menguan y las primeras crecen. Ahora faltará ver si este desastre lleva a algún cambio en la política forestal tanto en la gestión de repoblaciones como en la de los cortafuegos. Todo ello males necesarios o, en caso contrario, simplemente dejar que la naturaleza siga regenerándose, latiendo sus heridas.
Control por tierra y aire
En cualquiera de los casos, las dotaciones de bomberos no abandonarán hasta los próximos días la zona del siniestro. Ahora la labor principal es la de prevenir los rebrotes, tal como han insistido los responsables tanto municipales como del cuerpo. Es algo de manual. Aunque parezca que el mal ya ha pasado, el fuego es insolente y siempre que puede intenta regresar. Por eso se trabaja a dos niveles, desde abajo con las brigadas refrescando permanentemente y desde arriba con la unidad de drones vigilando la aparición de cualquier rebrote.
Basta una columna pequeña de humo para poner en alerta los recursos. El incendio del Saler se ha producido muy cerca de zonas residenciales, lo que ha permitido que en una de las torres, en su momento siempre tan denostadas en el debate, se haya convertido en una torre vigía improvisada. Desde la azotea se puede divisar perfectamente toda la extensión del incendio y con la fuerte luz de un día claro se destacan completamente los contornos. Desde allí arriba la unidad de drones lleva a cabo la labor de vigilancia.
La coordinación se lleva a cabo desde dos puntos: la propia base de bomberos en el parque y esta atalaya desde la que se mueve el dron en sus dos ópticas: la convencional para contemplar posibles rebrotes y avisar a las unidades, cuyo número está impreso en el techo y se les puede dirigir, como la cámara térmica, que fue esencial durante la noche, pero que se utiliza en cualquier momento ante una posible subida de temperatura en un determinado paraje.
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