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Incendio

El Saler, en modo confinamiento: "¿De verdad se hizo lo que había que hacer?"

La pedanía del sur ha amanecido con aspecto fantasmagórico tras el incendio que se quedó a las puertas. El acceso al núcleo urbano permanece restringido a vecinos autorizados y fuerzas de seguridad. "Aquí llevamos muchos años y muchos incendios detrás", lamentan en El Saler

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El Saler, un pueblo fantasma

Germán Caballero

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Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

El silencio reina en las calles del Saler. Es un escenario completamente inusual cuando se reúnen las condiciones de verano y fin de semana. Pero la fotografía que se puede apreciar en sus calles recuerda más al confinamiento del covid que a cualquier otro escenario veraniego. Sin apenas tránsito de vehículos y personas, se escucha el silencio, el sonido de cucharillas en el único bar abierto y el de los pájaros. Porque, a la hora de la verdad, El Saler está en un estado de confinamiento real. O por lo menos blindado, blindadisimo, para que no accedan más que los vecinos autorizados y las fuerzas de seguridad.

Para ello han de pasar el control que hay en cada uno de los accesos. O en caso contrario las cintas o vallas que te recuerdan que no puedes pasar y que si lo haces corres el riesgo. De cualquier tipo de penalización. "¡Oiga, por ahí no puede pasar!". Le grita una agente a un despistado. Luego vienen las discusiones con el que quiere pasar argumentando cualquier tipo de motivo, que se atiende o que no se atiende. Un día duro para todos.

El Saler permanece en un estado de semiconfinamiento

El Saler permanece en un estado de semiconfinamiento / Germán Caballero

En este escenario. Los comercios han optado por bajar la persiana de forma masiva. Tan solo se permite despachar a los vecinos, que incluye a los empadronados y a los huespedes de los campings, que tienen que acreditar que están alojados. No hay turistas y no hay ciclistas. Por consiguiente, los puestos abiertos son los de necesidades mínimas más acostumbrados a su población. Con los bares cerrados son muy pocos los que se han atrevido. Un ejemplo es el del conocido Parotet. Que sí que tenía abierta la terraza en la que se arracimaban tanto habitantes del pueblo como fuerzas de seguridad.

Un vecino del Saler, lector de Levante-EMV

Un vecino del Saler, lector de Levante-EMV / Germán Caballero

Andrés, su encargado, no oculta su contrariedad. "Para un sitio como el nuestro, en verano y en fin de semana, es un desastre. Hay que pagar nóminas y somos autonomos. Si por lo menos nos ayudan... pero eso no va a pasar". Además, la restriccion se extiende al domingo, con lo que la posibilidad de rebañar uno de los últimos fines de semana de caja importante se pierde.

Hay corrillos de vecinos en lugares de reunión habituales, colores el quisco. Donde tampoco ocultan el malestar por el estado de confinamiento. "Es que nos han puesto no pocos problemas para acceder. Y los hay que ni siquiera han podido ir a trabajar". El Saler cuestiona cómo se gestionó el incendio. "Aquí llevamos muchos años y muchos incendios detrás. ¿De verdad se hizo lo que había que hacer? Por qué el cambio de viento estaba más que previsto".

La única terraza abierta en el pueblo

La única terraza abierta en el pueblo / Germán Caballero

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