Fin a 40 años de aislamiento: las obras junto a La Fe 'rescatan' a un bloque de vecinos
Los trabajos para convertir los aledaños del hospital en un complejo residencial tiene aprisionado a los vecinos y comerciantes, que apremian para que no haya retrasos y puedan acabar con toda una vida en mitad de la nada

La geometría ya se asoma en el PAI. Al fondo, la finca de Malilla, 119 y a la derecha, el hospital La Fe / Moisés Domínguez / D

Travesía en el Desierto es el término con el que se conoce el periodo de tiempo en el que alguien pasa problemas, cuando no penalidades, hasta alcanzar un futuro mejor. Travesía en el Desierto es lo que tienen que sufrir ahora mismo los vecinos de un bloque de viviendas en pleno Plan Sur viéndose aprisionados y rodeados de obras por los cuatro lados de sus límites naturales. Empezaron el pasado mes de abril, está previsto que termine a finales de año "pero ya estamos empezando a recibir mensajes de que va a tardar más". El tiempo lo dirá pero, de momento, la sinfonía de ruido, maquinaria, polvo conos y aislamiento es el precio que hay que pagar por cambiar completamente lo que, hasta entonces, había sido caótica normalidad.
Un visionario construyó, hace ya más de cuarenta años, un bloque de viviendas en mitad de la nada. Catastralmente, es Carrera Malilla, 119. Es una finca de ladrillo rojo, a usanza de época: con bajos de tamaño medio -no son los bajos de muchos metros de alto propios de las fincas-colmena actuales-. Incluso se preserva una placa cerámica de la antigua Hidroeléctrica Española. En aquel momento, alrededor no había más que eso: la nada absoluta. Ni Bulevar Sur, ni fincas nuevas al otro lado ni, por supuesto, la Nueva Fe. Allí se levantó el edificio de diez plantas rodeado por campos de cultivo y antiguas instalaciones fabriles que, con el paso del tiempo fueron degenerando por abandono.
300 coches se quedan sin aparcamiento
Tras la construcción del corredor sur y el hospital, quedó reducido a un descampado tomado por la vegetación y con edificaciones en ruina. La campa se convirtió en un aparcamiento disuasorio, siempre lleno y que prestaba un servicio impagable. Servía sobre todo para los usuarios del centro hospitalario, que evitaban así el fielato del aparcamiento de pago. "¿Ahora? Pues se han tenido que buscar la vida. Se van al otro lado... pero en el futuro va a ser todo un problema" Los más pacientes aparcan en Turianova, donde, de momento, el espacio sobra, y los más osados incluso utilizan el acceso al puente, sabiendo que se juegan multa y grúa. Para cuando esté trazado el nuevo barrio, el problema habrá llegado para quedarse: allí se arracimaban más de trescientos vehículos.
El Plan Malilla Sur se puso en marcha en abril. Y ha pasado un cuarto de siglo desde que empezaron los trámites. Las viejas fotografías aéreas (de la primera década del siglo) muestran un terreno lleno de parcelas de huerta, ordenadita, cada una en una tonalidad diferente, el edificio, un almacén de frutas y una alquería, así como el puente que llevaba entonces a más tierras de cultivo y que ahora es Turianova.

Los bajos se han transformado en apartamentos turísticos / Moisés Domínguez
244 viviendas en el futuro
Ahora es el tiempo de las máquinas y el aspecto ya ha mutado completamente. La geometría empieza a vislumbrarse en lo que va a ser una urbanización más o menos de manual, con sus calles rectilíneas y sus parcelas para edificar. La actuación en marcha dejará suelo urbanizado para un total de 244 viviendas de protección pública, de las que casi la mitad, exactamente 101 de ellas, las construirán el Ayuntamiento y AUMSA, 30 y 71, respectivamente). Serán viviendas distribuidas en tres bloques de 12 alturas y un bloque de 8 alturas.
Pero mientras esto se materializa, los vecinos aguantan. Enfrente, los que sufren la desviación del Colector Sur pueden darles un tutorial porque tienen esos mismos problemas pero no los cuentan por meses, sino por años. ("Resignación y paciencia" decían a este periódico hace ahora 24 meses y así continúan) Y el cambio será sustancial: la finca se integrará en algo que, ahora sí, podrá considerarse trama urbana.

Los restos de la antigua alquería / Moisés Domínguez
Un bar aprisionado
Pero el camino no es fácil. La finca no tiene más que dos negocios. Una funeraria, que remite a un número de contacto, y un bar, avispadamente denominado Nueva Fe, que sirve de apoyo gastronómico a la colmena humana del complejo hospitalario. Su aspecto es inmejorable, pero está en modo supervivencia forzosa. "Tenemos que aguantar, pero es que nos han cortado completamente el acceso" asegura la encargada, que reconoce que "ha habido que reducir personal porque ha bajado mucho la clientela". Y es verdad: lo que antes era apenas cruzar una calle para llegar del hospital a la mesa ahora hay que dar una vuelta completa porque el recinto se ha vallado y serpentear. A pesar de ello, aún aparece personal sanitario para el almuerzo, aunque tengan que dar un rodeo.
Apartamentos turísticos en mitad de la nada
El resto de locales comerciales fueron espacios fallidos durante décadas. Normal: había que ser muy valiente para establecer un negocio en mitad de la nada. Ahora ya tienen ocupación. Previsible: uno, dos, tres y hasta cuatro apartamentos turísticos. "Claro que molesta y claro que es un caos, pero valdrá la pena: antes estábamos en mitad de ningún sitio" dice uno de los vecinos. "No hemos tenido demasiados problemas de convivencia" a pesar de que tanto la fábrica y la alquería estaban en estado de abandono. En alguna ocasión fueron invadidos por grupos de moteros que accedían desde allí para hacer carreras ilegales en Turianova. También saben que la fiesta no ha hecho más que empezar. "Ahora es hacer las calles, pero luego tendremos que convivir con la construcción de los bloques". Pero, para entonces, la vida se abrirá paso, el bar tendrá mucha más clientela potencial y ya podrán llamarse ciudad. "Pero que no se alargue, por favor".
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