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Incendio Saler

El cambio de accesos por el incendio del Saler provoca numerosas cancelaciones a hosteleros y barqueros del Palmar

El pueblo revive los problemas de la dana, cuando pese a no quedar aislados, cayeron las ventas ante la sensación de que no se podía llegar

El Palmar, a medio gas por el cierre de carreteras

Germán Caballero

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València

El incendio del Saler y sus consecuencias dejan una víctima colateral que es la misma que en la dana: el Palmar. Hace dos años no entró ni una gota en la isla, pero los restaurantes -de lo que vive buena parte del pueblo- cayeron en picado porque la gente creía, imaginaba, que aquello estaba tomado por el barro. Con el incendio del Saler ha ocurrido algo parecido: el fuego ni siquiera ha tocado su zona de influencia -otros grandes incendios sí que fueron justo enfrente de Racó de l'Olla- pero las restricciones del tráfico han cortado las alas y el acceso, no siendo imposible, es mucho más confuso e incómodo. Añádase que la restricción es de dos días, en pleno fin de semana y la consecuencia es la que se podía ver en los restaurantes: si, gente hay, pero mucho menos en comparación a cualquier otro fin de semana convencional. Una buena muestra de ello era el aparcamiento disuasorio de la entrada, prácticamente vacío cuando lo normal es que esté muy lleno. Y no solo de coches sino, sobre todo, de autobuses, que son los más alicortados porque no tienen forma de pasar.

Ir, se puede ir al Palmar, pero a través de Sollana, ocho kilómetros por el camino de Jesuset de l'Hort, pero para el que el comensal no está acostumbrado. Y sobre todo, que es un camino por el que los autobuses no pueden maniobrar, perdiéndose la clientela que viene en viajes organizados.

La reducción de las reservas ha alcanzado también a otros de los motores económicos: los paseos en barca, donde las cancelaciones por fuerza mayor han sacado del agua a los barqueros.

El que fuera concejal Vicente Aleixandre, que regenta el restaurante El Palmar, reconoce que "hay una realidad: la carretera está cortada y aunque uno quiera, la gente no viene en la fuidez habitual. Hay que decir que como poder, se puede llegar porque hay alternativas: la carretera de Sollana, la del Perelló y Sueca... pero lo normal es la carretera de toda la vida. Es verdad que hay mucha gente que no la conoce". En conclusión, "nos ha perjudicado todo esto, sin duda".

Lo que hace enfadar más aún a un lugar que ya ha vivido restricciones. "Decimos a quien lo haya hecho que ojalá le caiga el peso de la ley. La Devesa es una de las joyas más importante que tenemos, y no hay derecho que una zona hostelera tan importante se vea perjudicada de esta manera. Es una barbaridad. Nosotros ahora no buscamos responsables". Y con un recado: "Indudablemente, los políticos tienen que hacer lo les toca: prevenir antes que tener que curar".

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