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La imagen imposible del mirador de l'Albufera vacío

El embarcadero de la Gola de Pujol asiste a la puesta de sol sin multitudes por las restricciones de movilidad del incendio del Saler, un hecho que no se daba desde la pandemia

Puesta de sol en una Gola de Pujol vacía por las restricciones de tráfico

José Manuel López

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Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

El incendio del Saler ha obligado a adoptar medidas extraordinarias. Que, en la práctica han supuesto un confinamiento de toda la franja que rodea tanto a la zona siniestrada como al lago de l'Albufera y al pueblo.

La carretera que lleva desde València hasta los municipios del sur ha permanecido totalmente cortada desde el acceso al pueblo del Saler hasta la rotonda que lleva al Palmar tanto por el peligro de que el incendio pudiera rebrotar en cualquier momento como para dejar trabajar a los cuerpos destinados a seguir apagando los rescoldos. Por ahí, apenas unos pocos vehículos autorizados, además de los de Bomberos, Protección Civil, Guardia Civil o Policía Local, más algún ciclista o vecino de la zona, han transitado por una vía habitualmente muy concurrida, y aún más en fin de semana.

Este estado de aislamiento ha traído consigo una imagen especialmente insólita. El embarcadero de la Gola de Pujol lleva abierto desde hace décadas. Sin embargo, ha sido en los últimos años cuando ha recibido un aumento exponencial de visitantes para contemplar el lago, tanto a lo largo de la jornada como, especialmente, en la puesta de sol. Hasta el punto de crearse situaciones de auténtico conflicto, tanto ahí como en la carretera del Palmar, por el exceso tanto de personas como de vehículos. El reciente eclipse de sol fue una demostración de ello, hasta el punto que también se cerró la carretera unas horas antes del mismo, estableciendo de alguna forma un aforo limitado.

Los patos pasean tranquilamente por el embarcadero

Los patos pasean tranquilamente por el embarcadero / José Manuel López

Una pareja contempla la puesta de sol en la más absoluta soledad

Una pareja contempla la puesta de sol en la más absoluta soledad / José Manuel López

Absoluta soledad y silencio

Ahora, el cierre de la carretera ha propiciado una imagen insólita: dos puestas de sol en la más absoluta soledad. En silencio, solo interrumpido por los pájaros y con los peces acercándose al embarcadero con plena libertad. Incluso los propios patos subieron al embarcadero, ante la ausencia de humanos -más allá de apenas un par de paseantes-, transitando como si nada pasara a su alrededor.

La carretera reabre este lunes y con ella, la rutina del día a día, que seguirá trayendo a numerosos visitantes al embarcadero, donde también se reanudará el servicio de visitas guiadas en barca, que quedó interrumpido abruptamente.

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