Fuego a un kilómetro del incendio: "Si entra en el puerto del Saler, la gasolina habría incendiado todo"
Una brasa perdida destruye gran parte de los pequeños huertos urbanos del Saler y queda muy cerca de las embarcaciones

Moisés Domínguez

Un incendio no ya de las dimensiones, sino de las características tan especiales como es el del Saler deja, prácticamente en cualquier esquina, una historia diferente. Se trata, hay que recordarlo, de un fuego en una zona prácticamente urbana, con una población importante cerca, pero, a la vez, con unas infraestructuras nada comunes en los incendios forestales de montaña: la proximidad de la playa, de grandes carreteras o de campos de cultivo tan particulares como son los arrozales.
El cultivo característico de l'Albufera ha sobrevivido cuando está a punto de ser recogido. La base de agua del que disponen ha hecho las veces de extintor y, a pesar de que hay campos a apenas unos metros de grandes árboles quemados, las plantas siguen creciendo a la espera de la rápida recogida. De hecho, en algunos de campos, el fuego ha trazado una línea negra en el perímetro de los mismos, que dan más la sensación de ser un fuego controlado -que no lo es- que la acción devastadora del siniestro.
Sin embargo, varios cientos de metros más allá, la historia fue diferente. Una amplia franja de pequeños huertos han quedado destruidos por uno de los caprichos del destino. Pertenecen a vecinos del Saler -están a la altura de las casa, pero al otro lado de la carretera que la circunvala. Y, ahora que ya se han acercado a verlos evalúan no ya los daños de estas pequeñas instalaciones -muchas de las cuales han quedado totalmente calcinadas-, sino de lo que, consideran, podía haber sido mucho peor: que las llamas hubiesen llegado al puerto. Un grupo de mujeres del pueblo, conocedoras de cómo funcionan las cosas en su terreno, lo comentan aún con cierto susto: "lo decimos todos en el pueblo: si el fuego llega a las barcas, con el combustible que hay allí, podía haber sido un desastre. Suerte que se cortó antes".
"Una pavesa cayó en la palmera, y..."
Los huertos están (unos están y otros estaban) en una vereda, encajonados entre la CV-500 y el canal del puerto. Muy lejos del fuego: a un kilómetro de los primeros quemazones. Pero el comportamiento siempre caprichoso del fuego en la naturaleza llevó la destrucción muy lejos. "Cuando cambio el viento vino una pavesa y cayó sobre la palmera" -señalan una con cuya altura sobresale en el cañaveral- "y de ahí prendió en un huerto, y luego en el otro, en el otro..". Explican que son pequeños huertos "casi de recreo, para sacar pimientos, tomates, algún limonero, una higuera...". Hay pequeños cobertizos, también destruidos y vallados hechos de forma casera, incluyendo algún somier. Muy de pasatiempo de gente mayor, que ahora precisarán de voluntad para volver a ponerlos en marcha. Y todo, por un ascua que salió volando desde muy lejos.
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