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Incendio

Vuelven los paseos por el Saler entre cenizas y se abre un "momento de reflexión"

Residentes de El Saler expresan rabia y pena por la devastación del bosque, exigiendo una reflexión sobre la gestión de emergencias

Vuelven los ciclistas a la Devesa del Saler tras el incendio

Francisco Calabuig

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Marina Falcó

Marina Falcó

València

Con el periodo vacacional de agosto agonizando el incendio que asoló 37 hectáreas del parque natural de la Devesa del Saler puso los pelos de punta no solo a los políticos de la ciudad, sino a los vecinos que hacen de este pulmón verde de incalculable valor una de sus zonas de esparcimiento habituales.

La pérdida de esta masa forestal, supuestamente tan vigilada ante la amenaza de las llamas con cañones de agua e incluso un retén de bomberos municipal incrustado en la zona, era una de las pesadillas recurrentes de los servicios de emergencias y prevención de incendios que al final se ha materializado. Cuitas políticas e investigaciones policiales a parte para averiguar quién está detrás de este fuego intencionado, este lunes reabrieron al tráfico las carreteras CV-500 y laCV-401 y la EMT recuperó el servicio habitual.

Dos mujeres hacen fotos en la zona quemada de la Devesa del Saler

Dos mujeres hacen fotos en la zona quemada de la Devesa del Saler / Francisco Calabuig

La 'normalidad' se ha instalado en la Devesa y también en el mismo municipio de El Saler aunque estos últimos se encuentran ahora mismo en un "momento de reflexión", del que esperan que también participen los gestores municipales.

"¿Cómo es posible que en este, que es uno de los bosques más vigilados de Europa, se haya necesitado de la intervención de la UME para apagar el incendio?", se preguntaban desde la asociación vecinal del núcleo histórico del Saler. Y es que pese a que "la gestión de los cuerpos de seguridad y bomberos fue muy buena en cuanto se desató la urgencia" para los residentes de la localidad creen imprescindible analizar y revisar por qué la prevención no funcionó. "El sentimiento que se nos ha quedado es el de que estamos abandonados y que nos quedamos muy, muy cerca de que las casas se quemaran", explicaban a Levante-EMV.

Sensación "extraña pero agradable"

Una vez pasado el susto, el fuego extinguido pero las vías de acceso cerradas, los residentes del Saler tuvieron una sensación "extraña pero agradable". Esta descripción se derivaba del hecho de que en pleno de mes de agosto "no pasaba nadie por el pueblo", má allá de los vecinos lo que les permitía "pasear tranquilamente sin los cientos de coches que cada día circulan por aquí dando vueltas buscando aparcamiento" ni la saturación propia de las pedanías costeras.

Vuelve la circulación a la carretera del Saler después del incendio

Vuelve la circulación a la carretera del Saler después del incendio / Francisco Calabuig

Una vez el tráfico y la libre circulación se reestableció, el movimiento de coches, peatones y ciclistas volvió a ser "el normal para un día 31 de agosto". Pero ayer el paisaje había dejado de ser verde para convertirse en gris.

La huella de la devastación está impregnada de cenizas que provocan el lamento de quienes frecuentan la zona para practicar su deporte favorito o estirar las piernas. "Tocará esperar muchos años para recuperarlo", lamentaba uno de los ciclistas que pasa diariamente por el Saler.

La pena por el entorno perdido se mezclaba con la rabia. No era raro escuchar un exabrupto de la boca de quienes aman este bosque "propiedad de todos los valencianos". "Hijos de puta", mascullaban quienes se quedaban contemplando la vegetación arrasada.

La ruta de los ciclistas se ha tornado gris

La ruta de los ciclistas se ha tornado gris / Francisco Calabuig

Sacar unas fotos de cómo ha quedado el terreno tras el paso de las llamas fue otra de las estampas habituales de este pasado lunes. A primera hora de la mañana, los restaurantes y bares de la zona retomaban su actividad habitual y los desayunos y almuerzos volvieron a las mesas. También lo hicieron paseantes habituales y ocasionales y corredores quienes no dejaban de preguntarse quién es capaz de pegar fuego a la naturaleza. La respuesta, con un poco de suerte, se conocerá en un breve espacio de tiempo.

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