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Perros al agua... en tablas de surf

Ángel García puso en marcha en Vigo la idea de comenzar con la actividad de paddle surf para perros

Clase de paddle surf con perros, en la Playa de Agro en Bouzas. Pablo Hernández

Nunca el refrán “el perro es el mejor amigo del ser humano” tuvo tanto sentido como en este caso. Desde la llegada de la pandemia, las actividades al aire libre han cobrado un protagonismo que, aunque gozaban de adeptos, se han convertido en prioritarias para los amantes del deporte. En la cabeza de Ángel García –propietario de Vigo Surf– no tiene cabida el estancamiento y decidió que la continuidad del negocio pasaba por renovarse. Curiosamente, la idea de comenzar con la actividad de paddle surf para perros surgió de una propuesta personal. “Yo tengo un perro y era una forma de pasar más tiempo con él y llevármelo al agua, al trabajo”, explica. La primera pregunta que le sobreviene a alguien que no haya visto una clase de paddle surf para canes, siempre es la misma: ¿Y eso del surf con perros, cómo es? Evidentemente, los perros no hacen surf. No se practica deporte de manera activa con la mascota, más bien, es una experiencia enriquecedora.

Tablas en mano, perfectamente colocadas y alineadas. Cuatro perros –con chaleco reflectante– esperan ansiosos su entrada al agua para su deslizamiento horizontal. Alguno ya es veterano en el agua y otros vienen para vencer su miedo acuático. Es el caso de una perrita de 11 años que el agua no parece hacerle mucha gracia. Sin embargo, luce estupenda encima de la tabla. “Vengo por hacer algo las tres juntas. Tenemos un vínculo muy fuerte y por eso, aunque no le gusta mucho el agua, pienso que podemos vencer ese miedo. Venimos a divertirnos”, apuntan Teresa y Matilda, madre e hija.

Una vez que se introducen las tablas en el agua, lo justo para que floten, toca colocación. Primero los adultos y luego suben los perros. Algunos, como Fox, se encuentran como perro en el agua y tras unos minutos se queda dormido en la tabla, sin percatarse de que lleva el rabo fuera de la tabla, y tan “pancho”. Otros, como Izihar, directamente, considera eso del paddle surf un parque de atracciones. “Es muy juguetona, y aunque ahora se pone muy loca, es todo al principio, después le relaja mucho, por eso la traigo”, asegura Silvia Castro. Todos, ­perros y dueños, están preparados para iniciar la travesía. Porque en realidad es una experiencia sensitiva que conecta al can con el humano. No es que se produzca un chispazo “materno-animal”, sino que la coyuntura ayuda a respirar profundo, a parar, a ver cómo disfruta la mascota dentro y fuera del agua. Hacer algo más que pasear. “Sí que se nota la evolución. Me encanta hacer esto con él”, abunda Marta Gómez.

Alumnas en clase de pilates en el mar. Pablo Hernández

Pilates en el mar

La práctica de ejercicio en el agua no es nuevo. Disciplinas como acuagym o yoga en el agua, llevan siendo recurrentes en piscinas y programas estivales. Pero poco se había probado con Pilates. Hace un año, Vigo Surf se lanzó a la aventura, y el boca a boca hizo el resto. “Es genial, no tiene nada que ver con practicarlo dentro de un local o un gimnasio”, señalan Ángeles y Merchi. Para Romina, el atractivo fundamental es que “une las dos disciplinas, Pilates y deporte acuático”. Mantener el equilibrio en el agua es el reto a conseguir, para no acabar en el volcado en el agua.

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