Con el invierno llamando a la puerta y la llegada de las bajas temperaturas, muchos son los dueños de un felino que se preguntan si los gatos sienten frío o, por el contrario, su espeso pelaje (excepto en el caso de los gatos sin pelo, claro) los protege del descenso del termómetro.

Es habitual que el sentir común diga que el pelaje de los gatos les proporciona el calor suficiente para afrontar el frío (acostumbrados estamos además a ver gatos callejeros que no tienen otra forma de guarecerse de las bajas temperaturas más que con su pelaje), pero esto es totalmente erróneo. Un felino siente el frío como lo hace un ser humano o, probablemente, incluso más. Igual que el gato es capaz de soportar temperaturas superiores a las que tolera una persona, con el frío sucede lo mismo.

A partir de qué temperatura tiene frío un gato

La temperatura de confort térmico de un gato es muy alta, ya que se sitúa entre los 30 y los 38 grados centígrados. Así, se supone que los felinos domésticos comienzan a sentir frío a partir de los 29 ºC, un valor muy por encima del que suele haber en todas las casas en invierno y, por supuesto, del que hay en plena calle.

Para saber si un gato tiene frío, lo mejor es comprobar mediante el tacto la temperatura de la almohadilla de sus patas o de la punta de sus orejas y de la cola.

¿Los gatos sienten frío? Pexels/Dio Arapogiannis

En caso de que el animal esté en casa, es habitual que busque cobijo debajo de una manta, cerca de un radiador o sobre una mesa en la que da el sol. Eso nos indicará que tiene frío y que necesita más calor.

Y ojo, hay que tener presente que el gato, al igual que el ser humano, también se resfría. Así que si moquea, estornuda, tose o lagrimea, lo más probable es que haya cogido un catarro y que necesite atención veterinaria.