Cuando una mujer da a luz tarda varios días en experimentar lo que habitualmente conocemos como la 'subida de la leche'. Y es que los pechos tardan varios días en llenarse (en algunos casos hasta cinco), algo que, sin embargo, no significa que no alimenten al bebé al que acaba de traer al mundo.

Todo lo contrario: es en esos primeros días cuando el pecho de la madre le ofrece a su pequeño una sustancia calificada por muchos como "auténtico oro" por su alto contenido alimenticio: el calostro.

El calostro es en realidad una secreción láctea que fluye "gota a gota", lo que lleva a pensar a muchas mujeres que no tienen suficiente leche para amamantar y críar a sus hijos. Pero nada más lejos de la realidad. El calostro es un paso fundamental para la 'subida de la leche', una etapa necesaria para la correcta alimentación del pequeño porque esa sustancia contiene todo lo que el bebé necesita durante sus primeros días de vida.

Es muy rico en inmunoglobinas y en elementos beneficiosos para el sistema inmunitario y para el aparato digestivo del bebé, además de tener un efecto laxante que favorece que el pequeño expulse el meconio (las primeras deposiciones, de color muy oscuro).

El hecho de que fluya gota a gota y aún así sacie al recién nacido facilita, a su vez, que éste digiera bien el calostro y se anime a seguir mamando, lo que estimulará el pecho y favorecerá la ansiada 'subida de la leche'.

Además, el calostro es tan denso porque en esos primeros días de vida el bebé no necesita llenarse el estómago como lo hará al cabo de unos pocos días. En esos momentos, el recién nacido tiene un estómago de un tamaño diminuto (como una aceituna) que casi crecerá por horas, conforme se acerque la 'subida', algo que Raquel Sarabia, responsable del taller de lactancia materna que Amamanta tiene en el Hospital de Manises, explica a la perfección en el siguiente vídeo:

El calostro: oro líquido materno