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Una trampa blanca llamada azúcar

La Organización Mundial de la Salud alerta de su elevado contenido en productos infantiles - La sacarosa provoca obesidad y otras patologías

Una trampa blanca llamada azúcar

El dulce es el primer sabor que percibe un bebé, ya que es el sabor de la leche materna. Y es así, dulce, por una cuestión de supervivencia, ya que el ser humano rechaza los sabores amargos y ácidos, a los que se acostumbra mucho más tarde. Sin embargo, lo que en un principio es una respuesta biológica, puede convertirse en una trampa, ya que activa los mecanismos de recompensa, por lo que resulta muy fácil engancharse al dulce, que será el bálsamo emocional ante un mal día, el estrés o una frustración.

La sacarosa (azúcar común) es el ejemplo prototípico de sustancia dulce. Se trata, además, de un producto altamente adictivo -ocho veces más que la cocaína-, que está asociado a la obesidad, la diabetes, el colesterol y las enfermedades inflamatorias, entre otras patologías. Por ello, hace años que la Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene puesto el punto de mira en el abuso en el consumo de azúcar, ya que incrementa el aporte calórico, quita el hambre y reduce la ingesta de otros alimentos más ricos en otros nutrientes, lo que determina una dieta poco saludable.

En la directriz sobre la ingesta de azúcares para adultos y niños de la OMS, de 2015, se recomienda que el consumo de azúcares libres -tanto azúcares añadidos (refinados o sin refinar) a los alimentos por los fabricantes, los cocineros o los consumidores, como los azúcares presentes de forma natural en la miel, los jarabes, y los zumos de fruta, se reduzca a menos del 10% de la ingesta calórica total, tanto en niños como en adultos, una cantidad que para mayores beneficios para la salud debería reducirse hasta el 5%. Es decir, para cumplir con ese 10% inicial, en una dieta de 2.000 calorías, la cantidad de azúcar máxima recomendada sería de 50 gramos. Sin embargo, una lata de Coca-Cola ya contiene 35 gramos de azúcar y cien gramos de cereales de desayuno, entre 30 y 36 gramos, según el tipo y la marca elegida.

«Mucha gente cree que no consume azúcar porque no le echa al café, pero hay mucho azúcar oculto como corrector de la acidez, sobre todo en los productos desnatados, que suelen enriquecerse en azúcar para que tengan mejor palatabilidad», explica la nutricionista Amil López.

Hace una semana, la OMS volvió a dar la voz de alarma. En esta ocasión, por los niveles inapropiadamente altos de sacarosa en los alimentos para bebés. La organización analizó unos 8.000 productos en más de 500 tiendas de Viena (Austria), Sofía (Bulgaria), Haifa (Israel) y Budapest (Hungría) de noviembre de 2017 a enero de 2018, y constató que un tercio contenía azúcar, zumo de frutas concentrados u otros edulcorantes en su composición, ingredientes que no deberían ser agregados a los alimentos para niños. Además, entre el 18% y 57 % de ellos contenían más del 30 % de calorías provenientes de azúcares libres.

La OMS recuerda que un consumo elevado de glucosa puede aumentar el riesgo de sobrepeso y de caries en los niños, y alerta de que una exposición precoz a los productos azucarados puede crear una preferencia nociva hacia esos alimentos para el resto de la vida.

El estudio reveló también que entre el 28% y el 60% de los alimentos considerados inapropiados por la OMS estaban etiquetados como aptos para bebés de menos de seis meses. En este sentido, la OMS recomienda que los lactantes se alimenten exclusivamente con leche materna durante los seis primeros meses de vida y, por lo tanto, no debe comercializarse ningún alimento como adecuado para niños en esa franja de edad.

«Los bebés no deben tomar nada de azúcar. No se debe incluir ni en las papillas ni en los purés de frutas; ni sal tampoco. Pero también hay que revisar el contenido de azúcar de los alimentos infantiles que se comercializan. Si desde pequeñitos exponemos a los niños a alimentos muy dulces se sensibilizan los circuitos neuronales de la recompensa y les queda esa dependencia para toda la vida», advierte la experta.

Según la OMS, el consumo actual de azúcar entre la población está entre el 16 y el 36%, muy por encima de ese 10% recomendado. Para evitar el azúcar oculto y no alcanzar estos porcentajes, poco recomendables para la salud, la nutricionista recomienda leer las etiquetas de los productos y rechazar aquellos que contengan más de un 15% de azúcar, es decir, 15 gramos en cada 100 gramos de producto, al tratarse de una cantidad muy elevada.

«Hay azúcar oculta en los cereales de desayuno, en la bollería, galletas, refrescos, zumos, salsas comerciales, galletas María€ Pero ahora es muy fácil verlo porque todo el azúcar tiene que estar reflejado en la etiqueta del producto. Si no está como ingrediente principal, pero forma parte de otro, en la composición nutricional viene por 100 gramos la cantidad de hidratos de carbonos y la cantidad de estos que son azúcares», especifica. La nutricionista explica que muchos productos, como ketchup, mayonesa y salsas llevan azúcar como conservante, al igual que el pan de molde. También los zumos envasados, que además de azúcar natural (fructosa), lleva sacarosa o jarabe de maíz alto en fructosa como conservante.

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