Los segundos previos a la aparición de la fallera mayor de València en el escenario son de una emotividad muy especial. Con el traslado al Palacio de Congresos, ese instante lo vive la fallera mayor en una especial intimidad. Son segundos que en el Palau de la Música se comparten con los responsables de organización de la JCF. Aquí está sola. Con los maceros ligeramente por delante y Joan Ribó discretamente detrás. Pero la lectura del ritual lo escucha en soledad y en oscuridad. Contemplada en silencio por los asistentes que hay justo por encima de ella.

No hace falta ni decir ni hacer. Las expresiones, los silencios, reflejan todo lo que, en ese momento, puede procesar una persona que está a punto de vivir el momento más especial de su vida. Carmen, que no es dura de lágrima -lloró al salir de su casa, lloró en el escenario...- aguantó aquí apenas sujeta por un hilo. La intensidad con que vivió esos segundos conforman este impagable documento visual.