A media mañana, el Ángeles Alvariño hacía el peor de los descubrimientos. Su robot submarino detectaba dos bolsas de deporte. Al subirlas al barco se confirmó lo que nadie quería que pasara. En una de esas bolsas el cuerpo de una niña, con toda probabilidad es el de Olivia de 6 años. Las bolsas estaban a mil metros de profundidad, lastradas con un ancla. La que le faltaba al barco de su padre, la que tanto han buscado los investigadores. La otra bolsa estaba vacía. Las dos en el mismo punto desde el que Tomás hizo las últimas llamadas a su ex mujer. Coinciden con las que Gimeno llevaba cuando desparecieron. Los investigadores creen que el padre lanzó los cuerpos al fondo del mar ese mismo día y que usó varios pesos para ocultarlos como la botella de oxígeno que encontraron el martes. Unos hallazgos que hicieron que el Ángeles Alvariño ampliara su estancia en la zona. Ahora sigue rastreando, palmo a palmo, ese lugar. Los investigadores creen que cerca deben estar también los cuerpos de la pequeña Ana y de su padre. Probablemente él esté amarrado al cinturón de plomo de 8 kilos que tampoco estaba en la barca que encontraron a la deriva. 44 días después, la autopsia determinará que pasó aquella noche.