09 de febrero de 2017
09.02.2017

La forja de un gran vino

09.02.2017 | 04:15
La forja de un gran vino

Habiendo nacido en Aranda de Duero no es de extrañar que María Luisa Cuevas sienta pasión por los vinos, aunque su formación sea de letrada y su familia proceda del sector del acero. Pero hubo un momento en su vida que el destino le hizo desandar el camino que había emprendido hacia la gran ciudad y regresó a su tierra. En un entorno en el que todo gira alrededor del vino comenzó a interesarse por su mundo y comenzó por el final, al inscribirse en un curso sobre comercialización, aunque después vendrían los de cata y los masters en viticultura y enología. Fue su hermano el que le dio el empuje final y la animó a que montaran un pequeño proyecto. Contrataron al enólogo Benigno Garrido en el 2002, con quien partió de cero hasta alcanzar las 90.000 botellas que producen actualmente, habiéndose convertido en referencia de personalidad y elegancia en la Ribera del Duero. Para ello cuentan con un viñedo excepcional en una zona ya de por sí privilegiada para la viticultura por suelo y clima. Sus viñas viejas de Tempranillo de más de 40 años arraigan en suelos arcillosos, calcáreos y a veces arenosos o de cantos rodados, son viñedos de ladera y de altura, en diferentes pagos seleccionados en Quintana del Pidio, Gumiel del Mercado, Gumiel de Izán y en La Horra. En este último municipio burgalés tienen el pago más especial, el de Santa Cruz, una colina con cinco micro parcelas que en total no llega a 3 hectáreas de superficie, a 950 de altitud. María Luisa afirma que conoce personalmente cada una de las viñas de este lugar. Durante los días previos a la vendimia recorre sus hileras y prueba la fruta de todas ellas, de igual manera que realiza ella misma el muestreo del resto del viñedo, hasta completar las 15 hectáreas que tiene en propiedad la familia Cuevas Jiménez. Ninguno de los vinos que elaboran deja indiferente al que los prueba, desde el rosado Elanio a los tintos con barrica, como el Ferratus AØ (ACero), el más joven de la saga, cargado de vitalidad y energía, aunque haya permanecido 12 meses en barrica; o el Ferratus, buque insignia de la bodega, con cepas más viejas que el anterior y un mínimo de crianza en barrica de 14 meses, en el que la protagonista es la fruta, la frescura y el equilibrio. Con las uvas del pago de Santa Cruz hacen el Ferratus Sensaciones, también monovarietal de Tempranillo de cepas casi septuagenarias. El de 2009 es de aroma intenso, con gran presencia de fruta roja y negra y frutillos silvestres, con notas florales (violetas) y suaves especiados, madera muy bien integrada y evocación mineral. Cuerpo medio, con volumen, taninos maduros, gran impresión frutal, fresco y elegante. Si quieren emociones fuertes atrévanse con el Ferratus Sensaciones Décimo 2005, vivo y más intenso todavía, afilado y penetrante.

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