05 de julio de 2018
05.07.2018

Redescubriendo la Tardana

Parsimonia, Bodegas Vibe

05.07.2018 | 04:15
Redescubriendo la Tardana

Pocos son los bodegueros que elaboran la Tardana como monovarietal, en solitario, una casta de vid discreta, muy desconocida, que siempre ha ido en compañía de otras, con frecuencia en coupage con la Macabeo en casi cualquier tipo de vino blanco del término de Requena. Esta variedad mediterránea, conocida también como Planta Nova, es poco habitual fuera de la provincia de Valencia, donde está autorizado su cultivo tanto como uva de mesa como para vinificación. Y los que la trabajan mantienen con ella una relación de amor-odio por lo largo que es su ciclo, se vendimia cuando ya ha acabado la campaña de todas las tintas, habitualmente el 1 de noviembre por lo que, aunque es muy resistente, está muy expuesta a las inclemencias del tiempo.

El enólogo Juan Carlos García ha retomado la actividad bodeguera en las instalaciones de propiedad familiar en la aldea de El Derramador, en Requena, con 11 hectáreas de viñedo propio. Hace unos años fueron los primeros que apostaron por ella y la embotellaron en solitario en el Cañada Mazán de 1999. El resultado fue satisfactorio, por lo que al año siguiente lo sacaron en una línea superior, el Sybarus Tardana Único, que alcanzó reconocido mérito. La idea surgió en la familia cuando pelaban las uvas para comerlas durante las campanadas de un fin de año y ver el importante grosor de la piel que las protege. Para extraer el máximo de aromas de esta varietal blanca efectuaban la maceración a muy baja temperatura con unas enzimas que diluyen casi por completo el hollejo y sus pectinas, cuyos componentes pasan al mosto y enriquecen el vino.
Desde hace un par de años García ha iniciado un nuevo proyecto, Bodegas Vibe, donde hacen un rosado de Bobal y un tinto de Cabernet Sauvignon con la marca Venusto; el Cava Alegranza Brut Nature, con 18 meses en rima; y una gama superior, Parsimonia, con la que etiquetan un Bobal de cepas viejas fermentado en barrica que está a punto de salir al mercado, un crianza de Tempranillo, Cabernet y Merlot y un blanco de Tardana. «Como es una varietal muy rústica», comenta Juan Carlos, «ha de estar cultivada en terreno muy pobre, en ladera, si no, da muchos kilos». Y en la elaboración tiene mucho cuidado en la prevención del llamado ´pinking´, evolución del color de algunos vinos blancos hacia una tonalidad gris-rosácea, por el color natural de la piel de las bayas de Tardana maduras y por la alta concentración fenólica del mosto que obtienen.
El Parsimonia Tardana 2017 es un blanco joven, que no tiene nada de madera ni trabajo de lías finas. Es de color amarillo con reflejos dorados, aroma de buena intensidad a fruta de hueso (albaricoque), piña, melón, con un paladar fresco, sabroso y equilibrado. Un vino blanco diferente, continuidad del que en su momento inició el camino de una varietal poco valorada con la que hoy varios bodegueros experimentan sus posibilidades.

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