15 de noviembre de 2019
15.11.2019

Vinos de pago, la esencia del terruño

15.11.2019 | 04:15
Vinos de pago, la esencia del terruño

Las figuras de calidad en el mundo del vino son la garantía de que cada botella que abrimos ha cumplido unos determinados estándares de calidad en todo el proceso, desde la viña al envasado. La más exigente es la de «Vino de Pago», un título que garantiza que los vinos con este sello condensan en cada botella la esencia del terruño donde nacen sus uvas.

La denominación oficial «Vino de Pago» es la figura administrativa que reconoce a una indicación geográfica concreta que garantiza la procedencia de las uvas de una zona determinada con un microclima particular y un terreno específico, es decir, una denominación de origen como tal. Esta figura de calidad está reglamentada por la Ley de la Viña y el Vino de 2003, donde se estipulan los requisitos que se deben cumplir, así como la implantación de sistemas de control de calidad integral con las mismas exigencias, como mínimo, que las establecidas para denominaciones de origen calificadas. Comparado con las figuras de calidad de otras zonas, el Vino de Pago sería el equivalente a los Grand Cru' franceses.

Entre los requisitos que se exigen para obtener la calificación DO Vino de Pago se encuentra la obligación de que los vinos que luzcan este distintivo se hayan elaborado de manera exclusiva con las uvas de los viñedos ubicados en el pago (en realidad el título se otorga a un viñedo o finca determinados), lo que garantiza que los vinos resultantes condensen en cada botella la esencia del terruño. De este modo se puede dar la circunstancia de que una bodega elabore determinados vinos con su propia denominación de origen Vino de Pago y otros con otras figuras de calidad (DO's o IGP's).

La nómina de Vinos de Pago en España no alcanza la veintena de bodegas, y es en la Comunitat Valenciana (junto con Castilla-La Mancha) donde más pagos se concentran.

En la actualidad València cuenta con cinco Denominaciones de Origen Vino de Pago. La primera en obtener este exclusivo sello fue bodegas Mustiguillo, que desde hace ya varias añadas contraetiqueta sus principales vinos con el sello de la DO Pago El Terrerazo, después de que Toni Sarrión certificase la singularidad del terruño y de las vides (de la variedad Bobal) de la finca que cultiva en Utiel. Tras ella, llegó el turno de Bodegas y Viñedos Vegalfaro (cuya denominación de origen recibe el nombre de Pago de Los Balagueses y los viñedos se localizan en el término municipal de Requena).

Ambas cuentan con la resolución de reconocimiento definitiva, mientras que las otras tres que actualmente lucen el sello cuentan con una protección nacional transitoria, ya que desde 2006 se legisla a nivel europeo y, tras el visto bueno del Ministerio de Agricultura, el trámite todavía tiene que validarse en el parlamento europeo, por lo que aquellas firmas que cumplían con todos los requisitos durante el cambio de normativa pueden hacer uso del sello Vino de Pago mientras Estrasburgo no dictamine lo contrario.

Este es el caso de Chozas Carrascal (Pago Chozas Carrascal), Vera de Estenas (Pago de Vera de Estenas) y Pago de Tharsys. La primera es la bodega creada por la familia López Peidro al más puro estilo del château francés, con la bodega en el centro de las parcelas de viñedo; mientras que la segunda es una de las bodegas de más solera en la Comunitat Valenciana, dirigida por la familia Martínez Roda. La última en incorporarse a está reducida nómina de bodegas con su propia denominación de origen es Pago de Tharsys, que inició en el año 2010 los trámites para obtener la certificación, aunque no fue hasta febrero de 2015 cuando apareció publicada la resolución de la Conselleria de Agricultura en el Boletín Oficial de la Comunitat Valenciana.

Para conocer el verdadero valor que supone poder lucir el sello de Vino de Pago conviene detallar que, además de la propia marca comercial de cada vino que sale al mercado, en España existen diversas figuras de calidad agrupadas en tres categorías: Vinos de añada y varietal –que se situaría en la base de la pirámide de calidad–, Indicaciones Geográficas Protegidas (IGP) –donde también se incluye la denominación Vino de la Tierra– y Denominaciones de Origen Protegidas (DOP). En esta última calificación se encuadran cinco sellos de calidad clasificados de menos a más en función de los requisitos exigidos para su certificación: Denominación de Origen (DO), Denominación de Origen Calificada (DOCa), Vino de Calidad con Indicación Geográfica, Vino de Pago y Vino de Pago Calificado (ésta última solo se puede obtener en el caso de que el Pago se encuentre ubicado dentro del área geográfica de una DOCa).

Por último, es importante saber que no todos los vinos que incluyan el término Pago en su etiqueta tienen necesariamente que ser de una DO Vino de Pago, ya que muchas bodegas que incluyen en su nombre comercial el término pago tenían registrada la marca con anterioridad a la creación de esta figura de calidad.

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