Los miembros del jurado popular encargados de dictaminar la culpabilidad o no de Jorge Ignacio P. J., respecto de los tres asesinatos consumados y las agresiones a otras siete mujeres que lograron sobrevivir tras ser presuntamente intoxicadas con cocaína de alta pureza por vía genital, sometieron ayer al acusado a una batería de cerca de medio centenar de preguntas, realizadas a través de la magistrada presidenta, ante las enormes dudas suscitadas por la versión edulcorada de los hechos que dio el presunto asesino en serie al cómodo interrogatorio de su defensa, después de acogerse a su derecho a no responder ni a la Fiscalía ni a las acusaciones particulares.

Las preguntas del jurado, tales como ¿por qué daba una identidad falsa con las chicas?, ¿por qué niega a la madre de Marta conocer a su hija?, ¿cómo sabía que fue el último cliente de Arliene si no recuerda cuándo fue, ni dónde?, o ¿cómo explica que estuviera su ADN en seis uñas de Lady Marcela y sus huellas en el lugar?, demuestran que los miembros del tribunal popular no han perdido detalle a lo largo de las sesiones, y las respuestas del acusado, mucho más escuetas que las explicaciones dadas a su letrada –al no llevarlas tan preparadas– son vagas o las atribuye a errores de interpretación.

«Creí que era la madame, no la madre. Ni me acordaba de su nombre de trabajo y no sabía que se llamaba Marta. No le iba a decir lo que había pasado, perdónenme ustedes», se justificó sobre el encuentro que tuvo con Marisol cuando acudió a buscar a su hija a la localidad de Manuel.

¿Por qué no se entregó antes?, le cuestiona el jurado. «Eso es una buena pregunta. No puedo cambiar lo que hice. Si yo llego a saber que no habría sido capaz de suicidarme, claro que me habría entregado», aunque como relataron los psiquiatras forenses no consta ningún antecedente o intento de suicidio.

Al jurado también les genera dudas el contacto que tuvo con su madre mientras estaba fugado. A lo que Jorge Ignacio respondió amenazante. «Si me comuniqué con ella los reto a que lo prueben».

También se mostraron interesados en lo que hizo durante las tres horas en las que el posicionamiento del teléfono móvil lo sitúa entre Senyera y Beneixida. «Yo declaré con exactitud lo que ocurrió. Mi teléfono debió quedarse enganchado a esa antena. Yo nunca he estado en Senyera, que es un pueblecito que queda a tres kilómetros de Manuel. Ya les dije a los investigadores que ahí no iban a encontrar nada. Entiendo que tienen que hacer su trabajo, pero han buscado y no han encontrado». Esa es una de sus argumentaciones más repetidas en su discurso, que los investigadores no han sido capaces de localizar el cadáver pero que él sí les dio las indicaciones correctas de dónde tiró los restos de Marta Calvo.

También le interrogaron sobre las llamadas que hizo solicitando los servicios sexuales de otras tres mujeres la misma mañana en la que, según él, descubrió que Marta estaba muerta. El acusado dio una explicación peregrina diciendo que dichas llamadas las hizo con Marta todavía viva porque «decidieron que viniera otra chica» para hacer un trío. «Seguramente ellas se despertaron y constaron luego, por eso aparecieron los registros en el móvil», mintió descaradamente.

El jurado le quiso dar una última oportunidad para que dijera dónde está el cuerpo de Marta. Pero el presunto asesino en serie sigue manteniendo el discurso del descuartizamiento. «Yo no tengo ánimo de martirio. Si quisiera maquillar los hechos, habría contado cualquier otra cosa. Me pone bajo una luz muy extraña, pero tengo que hacer justicia, lo que ocurrió fue eso. Ojalá hubiera hecho otra cosa. Yo no puedo luchar contra todo un estado. Tenían medios…», finaliza insinuando de nuevo que los investigadores no supieron buscar el cuerpo de la joven.