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UGT reclama más seguridad en el trabajo ante el cambio climático

La Federación de Industria, Construcción y Agro UGT FICA PV, exige planes de evacuación y protocolos coordinados en los polígonos industriales para proteger a los trabajadores frente a inundaciones y episodios de calor extremo

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Levante TV

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J.M. Bort

València

Los polígonos industriales de la Comunitat Valenciana siguen expuestos a los fenómenos meteorológicos extremos. Miles de trabajadores se desplazan a diario a instalaciones situadas, en muchos casos, en terrenos inundables y con accesos vulnerables ante las lluvias torrenciales. La dana del 29 de octubre de 2024 evidenció las consecuencias de esta situación y la necesidad de mejorar la prevención, tanto en las infraestructuras como en la organización del trabajo. A las puertas del segundo aniversario de aquella catástrofe, UGT reclama planes coordinados de evacuación, protocolos claros para las empresas y una normativa específica que garantice la seguridad de las plantillas ante las alertas meteorológicas.

«Los polígonos industriales siguen siendo el talón de Aquiles en relación con el impacto de los fenómenos meteorológicos extremos», advirtió el secretario general de UGT-PV, Tino Calero, durante la apertura de la jornada ‘Clima extremo, trabajo seguro. Polígonos industriales ante el cambio climático: prevención y salud laboral frente a fenómenos meteorológicos adversos’, organizada por UGT FICA PV y presentada por Bea Carrascosa, periodista y responsable de producción de Levante TV.

Calero defendió la necesidad de establecer criterios comunes para actuar ante una emergencia, desde la evacuación de los centros de trabajo hasta la regulación de los accesos y la adaptación de los turnos. El dirigente sindical reclamó que estas medidas también se incorporen a la negociación colectiva. Según expuso, solo 13 convenios colectivos contemplan actualmente protocolos de actuación ante emergencias climáticas. «Necesitamos traspasar a los trabajadores certezas sobre cómo actuar», resumió.

Tino Calero, durante la apertura de la jornada en la sede de UGT en València. / M.A. Montesinos

La jornada abordó dos cuestiones fundamentales para reducir los riesgos laborales en un escenario de cambio climático: la movilidad segura y sostenible hacia los centros de trabajo y los efectos de las temperaturas extremas sobre la salud de las plantillas. Ambas mesas pusieron el foco en la necesidad de anticiparse a las emergencias y de coordinar la actuación de empresas, administraciones y servicios de prevención.

En la primera mesa, moderada por Francisco Ballester, secretario de Acción Sindical de UGT País Valencià; Bárbara López Ramón, directora de Relaciones Institucionales del Comisionado del Gobierno para la reconstrucción y reparación tras la dana, explicó las actuaciones impulsadas para recuperar las áreas industriales afectadas por las inundaciones.

De los 1.745 millones de euros en ayudas a los que se refirió durante su intervención, más de 234 millones se destinaron a polígonos industriales. Entre las actuaciones mencionadas figuran la mejora del firme de las carreteras, la adecuación de los sistemas de drenaje, la construcción de carriles bici y la instalación de depósitos para recoger el agua de lluvia, además de la creación de espacios inundables.

López Ramón defendió que la reconstrucción no debe limitarse a recuperar lo que había antes de la catástrofe, sino que debe servir para reducir la vulnerabilidad ante futuros episodios. Para ello, consideró necesario adaptar las soluciones a las características de cada área industrial y coordinar los planes de emergencia con los de movilidad.

Alicia Guzmán de la Mata, José Ángel Núñez y Cassandra Martí. / Miguel Angel Montesinos

La prevención, señaló, también pasa por facilitar alternativas al vehículo privado, mejorar la iluminación, habilitar aparcamientos disuasorios y garantizar itinerarios seguros para quienes se desplazan en bicicleta. A estas medidas se suman la formación de trabajadores y responsables empresariales, así como instrucciones claras sobre cómo actuar cuando se activa una alerta. La planificación debe contemplar incluso posibles fallos de las comunicaciones, para los que pueden resultar útiles sistemas alternativos como la radioafición.

El objetivo es que los polígonos no dependan exclusivamente de decisiones improvisadas cuando las condiciones meteorológicas empeoran. La existencia de protocolos conocidos de antemano permitiría establecer cuándo suspender la actividad, cómo ordenar una evacuación y qué vías deben utilizarse para evitar que los trabajadores queden atrapados en los accesos.

Vulnerabilidad añadida

La movilidad constituye otro de los puntos débiles de estas áreas. Javier Ramos, representante del Instituto Valenciano de Seguridad y Salud en el Trabajo (INVASSAT), expuso datos sobre los desplazamientos laborales y los accidentes de tráfico. Según indicó, cuatro de cada diez empresas registraron accidentes in itinere entre 2022 y 2024, mientras que tres de cada cuatro trabajadores solo podían llegar a su puesto en vehículo privado. También señaló que aproximadamente un tercio de los accidentes laborales mortales están relacionados con el tráfico.

Estas cifras reflejan la dependencia del coche para acceder a centros de trabajo alejados de los núcleos urbanos y con alternativas de transporte público insuficientes. Una depende

ncia que se convierte en un riesgo añadido cuando las lluvias torrenciales anegan carreteras, cortan accesos o impiden regresar a casa.

Ramos defendió medidas como flexibilizar los horarios, impulsar el transporte colectivo, fomentar el uso compartido del vehículo y habilitar itinerarios seguros. También planteó la figura del responsable de movilidad y la elaboración de planes específicos para cada empresa o área industrial, con protocolos que tengan en cuenta las previsiones meteorológicas.

Parte del auditorio en la sede de UGT. / Miguel Angel Montesinos

La dana de octubre de 2024 mostró hasta qué punto estas medidas son necesarias. Las inundaciones bloquearon carreteras y dejaron a trabajadores aislados durante varios días. La emergencia también puso de manifiesto que la seguridad laboral no puede limitarse al interior de las instalaciones: el desplazamiento hasta el puesto de trabajo y el regreso al domicilio forman parte del problema preventivo.

Por ello, el representante del INVASSAT incidió en la importancia de la formación y la sensibilización. Los trabajadores deben conocer los riesgos de sus desplazamientos y disponer de alternativas cuando las condiciones hagan peligroso circular. Las empresas, por su parte, necesitan incorporar la movilidad a sus planes de prevención y evitar que acudir al puesto de trabajo se convierta en una obligación insegura.

Más fenómenos extremos

La segunda mesa, moderada por Cassandra Martí, responsable de Salud Laboral de UGT-FICA, se centró en los efectos del cambio climático sobre la salud de los trabajadores. José Ángel Núñez, responsable de Climatología de Aemet en la Comunitat Valenciana, explicó las bases científicas del calentamiento global y sus consecuencias sobre la frecuencia y la intensidad de determinados fenómenos extremos.

«El ser humano está cambiando la composición química de la atmósfera», señaló Núñez, al explicar cómo el aumento de los gases de efecto invernadero retiene más calor. Para ilustrar el fenómeno, recurrió a una comparación sencilla: «En vez de una manta, tenemos dos mantas».

El climatólogo recordó que las bases científicas de este proceso se conocen desde principios del siglo XIX y advirtió de que el calentamiento no es una amenaza lejana, sino una realidad con efectos sobre la vida cotidiana y la actividad económica. Durante su intervención, señaló que en 2026 se habían contabilizado 61 días de ola de calor, frente a los cuatro o cinco días anuales que situó como referencia habitual durante el último cuarto del siglo XX.

Rosana Benítez interviene en la clausura de la jornada. / Miguel Angel Montesinos

Núñez incidió también en que el riesgo no depende únicamente de la intensidad de un fenómeno meteorológico. La amenaza se combina con la exposición y la vulnerabilidad de las personas y las infraestructuras. En el caso de los polígonos industriales, la ocupación de terrenos inundables, la configuración de los accesos y la falta de medidas preventivas pueden agravar las consecuencias de las lluvias torrenciales.

En el caso del calor, la exposición directa al sol y la humedad ambiental incrementan los riesgos para quienes trabajan al aire libre o en instalaciones con temperaturas elevadas. Por eso, la prevención debe tener en cuenta las condiciones reales de cada puesto y no basarse únicamente en una cifra general de temperatura. Para eso se está probando la llamada 'bola negra', un triple sensor que permite combinar temperatura, humedad y radiación para particularizar las condiciones ambientales de trabajo.

El responsable de Climatología relató que, durante la dana de 2024, aconsejó a conocidos que trabajaban en un polígono de Picanya que no acudieran a sus puestos ante la situación prevista. Pese a ello, fueron a trabajar y acabaron encontrándose con carreteras y accesos bloqueados. Algunos permanecieron aislados durante tres días. El episodio ilustra las consecuencias que puede tener la falta de decisiones preventivas antes de que la emergencia alcance su punto crítico.

Protocolos adaptados

Alicia Guzmán de la Mata, representante del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST), defendió que los protocolos deben adaptarse a las características de cada centro laboral. No basta con disponer de instrucciones genéricas: es necesario evaluar las condiciones concretas de exposición y establecer medidas proporcionadas al riesgo.

Guzmán incidió en la herramienta piloto a la que hizo referencia Núñez que combinan variables como la temperatura, la humedad y la radiación para mejorar la evaluación del estrés térmico. El objetivo es avanzar hacia sistemas capaces de anticipar, con hasta 72 horas de margen, las condiciones que puedan resultar peligrosas para los trabajadores.

La especialista insistió, asimismo, en la necesidad de aplicar la legislación vigente en materia de prevención de riesgos laborales y reforzar la formación tanto de las empresas como de los delegados de prevención y las propias plantillas. La información debe traducirse en medidas efectivas: adaptar las tareas, modificar los horarios cuando sea necesario y establecer con claridad cuándo debe interrumpirse la actividad.

«Reglamentación clara»

La secretaria general de UGT FICA PV, Rosana Benítez, cerró la jornada reclamando una respuesta coordinada que permita proteger a los trabajadores antes de que se produzca una emergencia. Benítez consideró que la gestión preventiva de la dana Adam en la Safor y la Marina había mejorado, aunque advirtió de que persistían problemas relacionados con la actualización de las alertas y las decisiones adoptadas por algunas empresas.

Según explicó, hubo centros que mantuvieron los turnos pese a las previsiones meteorológicas, mientras que otras compañías optaron por cancelar la actividad o enviar a sus trabajadores a casa antes de que empeoraran las condiciones. Para la dirigente sindical, estas diferencias evidencian la necesidad de establecer criterios comunes que no dejen la seguridad de las plantillas a expensas de decisiones particulares.

La principal reivindicación de UGT FICA PV es que los polígonos industriales dispongan de planes de evacuación coordinados, integrados en la planificación de emergencias y adaptados a las características de cada zona

Benítez reclamó instrucciones inequívocas sobre si los trabajadores deben acudir a sus puestos cuando hay una alerta, cómo deben actuar si esta se activa durante la jornada y qué medidas deben adoptarse para garantizar una salida segura. También pidió una respuesta de la Inspección de Trabajo ante los posibles incumplimientos.

La principal reivindicación de UGT FICA PV es que los polígonos industriales dispongan de planes de evacuación coordinados, integrados en la planificación de emergencias y adaptados a las características de cada zona. Se trata de espacios situados con frecuencia en las periferias urbanas, algunos en áreas inundables, que pueden concentrar más trabajadores que el propio centro de las localidades próximas.

José Ángel Núñez, de Aemet. / Miguel Angel Montesinos

«La solución es que haya una reglamentación clara, una normativa clara», insistió Benítez. La dirigente sindical defendió que los sindicatos y los comités de empresa participen en la elaboración de los protocolos y que las distintas administraciones coordinen sus actuaciones para evitar vacíos de responsabilidad cuando se produzca una emergencia.

La jornada concluyó con un mensaje compartido por los participantes: la seguridad laboral ante el cambio climático exige anticipación, formación y coordinación. La reconstrucción de las áreas industriales afectadas por la dana debe servir para reducir los riesgos, pero también es necesario actuar en aquellos polígonos que todavía carecen de medidas suficientes. Para UGT, proteger a las plantillas implica garantizar no solo que trabajen en condiciones seguras, sino también que puedan llegar a sus puestos y regresar a casa sin exponerse a peligros evitables.

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«Tenemos que exigir que los polígonos sean seguros, que podamos llegar de manera segura al trabajo y que se nos garantice que donde estamos trabajando, trabajamos seguros», concluyó Benítez.

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