Cocentaina vuelve a convertirse en el gran escaparate del otoño valenciano con la 680.ª Fira de Tots Sants
Del 30 de octubre al 1 de noviembre, la histórica cita reunirá comercio, gastronomía, artesanía, automoción, innovación, patrimonio y ocio en una celebración declarada Bien de Interés Cultural Inmaterial y Fiesta de Interés Turístico Internacional
Los días 30 y 31 de octubre y 1 de noviembre, Cocentaina volverá así a ocupar un lugar destacado en el calendario valenciano. / M. P.
Hay acontecimientos que forman parte de la agenda cultural y festiva valenciana y otros que, por historia, dimensión y capacidad de convocatoria, han terminado convirtiéndose en una referencia que trasciende ampliamente el lugar donde se celebran. La Fira de Tots Sants de Cocentaina pertenece a este segundo grupo y este 2026 alcanza una cifra especialmente significativa: 680 ediciones desde que en 1346 Pere el Cerimoniós concediera a la villa el privilegio para celebrar una feria anual.
La gran cita llegará este año los días 30 y 31 de octubre y 1 de noviembre, aunque el ambiente comenzará a sentirse desde la tarde del jueves 29, cuando los expositores podrán abrir al público a partir de las 18.00 horas. La inauguración oficial se celebrará el viernes 30 a las 11.00 horas, con la tradicional lectura del Privilegi de Fira, uno de los actos que mejor simbolizan la continuidad entre el origen medieval del certamen y una celebración plenamente contemporánea.
Durante esos días, Cocentaina volverá a cambiar por completo. Una de las características que distingue a la Fira de otros grandes certámenes es que no se desarrolla en un recinto aislado, sino que ocupa el propio municipio. Calles, plazas y espacios patrimoniales se integran en un recorrido en el que conviven sectores comerciales, mercados tradicionales, propuestas gastronómicas, actividades culturales y espacios de entretenimiento.
Gastronomía y comercio
La oferta comercial sigue siendo uno de sus grandes pilares. La edición de 2026 vuelve a estructurarse en ámbitos como maquinaria agrícola, automoción, maquinaria industrial, industria, hogar, servicios, turismo, deportes, innovación, tecnología, medio ambiente o educación, a los que se añaden la artesanía, los productos agroalimentarios y otras propuestas vinculadas al comercio especializado.
El mercado que nació en la Edad Media mantiene hoy su función de punto de encuentro, pero con una programación mucho más amplia. / M. P.
Ese carácter multisectorial permite encontrar en apenas unas calles realidades económicas muy diferentes. La maquinaria agrícola y la automoción, históricamente asociadas a la imagen de la Fira, conviven hoy con soluciones tecnológicas, nuevas formas de movilidad, propuestas vinculadas a la sostenibilidad o la participación de universidades y centros de conocimiento. La evolución de estos espacios muestra hasta qué punto la Fira ha sabido incorporar las transformaciones económicas y sociales sin perder su esencia original.
Junto al componente más comercial, la gastronomía ocupa también un lugar fundamental. Productos de proximidad, elaboraciones tradicionales, productores agroalimentarios y espacios de degustación convierten la visita en una oportunidad para acercarse a sabores muy vinculados al territorio. A ello se suman algunos de los ambientes más reconocibles del certamen, donde artesanía, historia y tradición recuperan la huella de las distintas culturas que han formado parte de Cocentaina y de las comarcas centrales valencianas.
La visita permite, además, descubrir el patrimonio contestano. El Palau Comtal y las calles del centro histórico no son únicamente el escenario de la celebración, sino parte de la propia experiencia. Ese vínculo entre la Fira y la historia local explica también dos de los reconocimientos que mejor sintetizan su valor: su declaración como Bien de Interés Cultural Inmaterial y como Fiesta de Interés Turístico Internacional.
Una variedad sin fronteras
Precisamente ahí reside buena parte de la singularidad de la Fira. Su importancia no depende únicamente de la antigüedad. A lo largo de casi siete siglos ha sido capaz de cambiar de formato, incorporar nuevos sectores y responder a nuevas formas de consumo y ocio. El mercado que nació en la Edad Media mantiene hoy su función de punto de encuentro entre empresas, comerciantes, productores y público, pero lo hace integrado en una programación mucho más amplia y orientada a públicos muy diversos.
La edición de 2026 llega además después de meses de actividad vinculada a la marca Fira. A lo largo del año, Cocentaina ha acogido propuestas como el AOVE Forum Internacional, el Congreso Anual de la Fira, las visitas teatralizadas sobre Pere IV o diferentes citas culturales y deportivas, una estrategia con la que el certamen ha ido ampliando su presencia más allá de los días centrales de Todos los Santos.
Imagen de ediciones anteriores de la Fira de Tots Sants. / A. C.
Sin embargo, es durante el último fin de semana de octubre cuando esa identidad alcanza su máxima expresión. Miles de visitantes regresan año tras año siguiendo tradiciones familiares, mientras otros llegan por primera vez atraídos por la dimensión de un acontecimiento difícil de comparar con cualquier otra feria urbana.
La Fira admite tantas visitas como intereses. Se puede acudir por la automoción, por la maquinaria, por la gastronomía, por la artesanía, por el patrimonio o por el simple placer de recorrer Cocentaina durante unas jornadas en las que cada zona ofrece un ambiente distinto. Esa variedad es precisamente la que explica que generaciones muy diferentes compartan un mismo espacio y que la cita continúe renovando público.
Los días 30 y 31 de octubre y 1 de noviembre, Cocentaina volverá así a ocupar un lugar destacado en el calendario valenciano. Serán tres jornadas para comprobar cómo una feria nacida en 1346 ha llegado a su 680.ª edición manteniendo algo que no se consigue únicamente con historia: la capacidad de seguir siendo relevante para quienes la visitan hoy.