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Foro Energía

Francisco Moro: «No podemos olvidar que tenemos una energía literalmente a nuestros pies»

El responsable de Valoriza reclama impulsar el biometano a partir de los residuos, transformar las plantas de tratamiento en fábricas de recursos y adaptar las infraestructuras para responder a futuras catástrofes

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Foto: Fernando Bustamante

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Jaume Vidagañ

València

Cintillo Foro Energía 2026 / ED

La transición energética no solo se encuentra en el sol, el viento o las nuevas tecnologías de generación. También está en los residuos que se producen cada día en los hogares, la agricultura y la ganadería. Así lo defendió Francisco Moro Cantos, representante de Valoriza, durante el diálogo mantenido con el director de Levante TV, Juanma Romero, en el IV Foro de Energía de la Comunitat Valenciana, organizado por Prensa Ibérica. Para Moro, el biogás y, especialmente, el biometano ofrecen una oportunidad para avanzar en la descarbonización, aprovechar los recursos disponibles y reforzar la autonomía energética del territorio.

«Siempre miramos al cielo, estamos mirando al sol, estamos mirando al aire, pero no nos podemos olvidar de que tenemos una energía literalmente a nuestros pies», señaló. El responsable de Valoriza destacó una de las principales características del biogás frente a otras fuentes renovables: su capacidad de ser gestionable. A diferencia de la solar o la eólica, su producción no depende directamente de las condiciones meteorológicas y puede alcanzar, según explicó, hasta unas 8.000 horas anuales. Además, permite el almacenamiento en depósitos y colectores, lo que introduce una diferencia relevante respecto a otros sistemas de almacenamiento energético.

La Comunitat Valenciana, a su juicio, reúne unas condiciones especialmente favorables para desarrollar esta tecnología. Sus más de cinco millones de habitantes generan una importante cantidad de residuos orgánicos, a los que se suman los subproductos procedentes de la actividad agrícola y ganadera. Esta disponibilidad de materia prima, junto con la tecnología existente y la conexión con la red de gas natural, configura un escenario con potencial para el despliegue del biometano.

Moro vinculó esta oportunidad con los objetivos de descarbonización establecidos en el ámbito europeo y nacional. En este sentido, recordó que la planificación energética contempla alcanzar en España una producción anual de 20 teravatios hora de biogás en 2030, de los cuales al menos 12 deberían proceder del biometano. Para el representante de Valoriza, la separación de residuos en origen, la reducción de emisiones de la industria y la descarbonización del transporte pesado forman parte de un mismo proceso en el que el biometano puede actuar como elemento de conexión.

De plantas de tratamiento a fábricas de recursos

Durante la conversación, Moro también abordó la transformación que debe experimentar el sector de tratamiento de residuos. Puso como ejemplo la planta de Hornillos, en Quart de Poblet, y explicó que muchas instalaciones construidas en las décadas de 1990 y 2000 fueron diseñadas principalmente para tratar grandes cantidades de residuos, recuperar materiales y reducir el volumen destinado a vertedero. El objetivo actual, sin embargo, debe ser diferente: no medir únicamente cuántas toneladas se procesan, sino cuántos recursos y cuánta energía se pueden obtener de ellas.

Para avanzar en esa transformación, identificó cuatro líneas de trabajo. La primera pasa por mejorar la separación y recuperación de materiales mediante nuevas tecnologías, como sistemas ópticos, inteligencia artificial y robótica. La segunda consiste en valorizar mejor la materia orgánica, sustituyendo progresivamente determinados procesos de generación eléctrica por la producción de biometano y compost de calidad que pueda regresar a los campos valencianos.

También reclamó reducir la cantidad de rechazo que termina en los vertederos y avanzar en la integración territorial de las plantas. En su opinión, las instalaciones de biometano pueden ubicarse en entornos industriales y generar sinergias con otras actividades económicas, al aprovechar residuos de la Comunitat y devolver recursos y energía a las empresas y al territorio.

Prepararse para futuras catástrofes

El diálogo también permitió analizar la experiencia de Valoriza durante la dana. Moro recordó que la empresa tuvo que gestionar cantidades extraordinarias de residuos, muy heterogéneos y mezclados, entre los que se encontraban muebles, vehículos, motocicletas, bombonas de butano, cañas y arenas. La magnitud de los materiales obligó a realizar una labor de recuperación en un tiempo récord.

A partir de aquella experiencia, defendió que la capacidad de reserva de las instalaciones debe entenderse como una necesidad y no como un lujo. También consideró fundamental disponer de puntos de acopio y transferencia temporal previamente identificados, capaces de evitar que todos los residuos tengan que trasladarse directamente a las plantas en unas circunstancias en las que las carreteras y los accesos pueden estar afectados.

Por último, reclamó que las instalaciones de tratamiento se diseñen teniendo en cuenta fenómenos meteorológicos adversos, del mismo modo que se hace con otras infraestructuras. «¿Por qué no lo hacemos cuando diseñamos una instalación de tratamiento de residuos?», planteó.

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Moro cerró su intervención señalando que el reto no se encuentra únicamente en mejorar la oferta de materiales recuperados, sino también en crear una demanda capaz de absorberlos. Para ello, pidió una regulación más clara de la salida al mercado de estos recursos, una revisión de los incentivos económicos frente al vertido y procedimientos administrativos más definidos. «No queremos que los trámites sean más laxos, queremos que sean claros», resumió.

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