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VI Congreso Nacional de Ingenieros Agrónomos

Las bioindustrias dejan de ser ciencia ficción y buscan su sitio en el mercado

Andrés Pascual Vidal, director de Innovación de AINIA, destaca el potencial de la biotecnología para crear nuevas actividades industriales, aprovechar recursos y reforzar la competitividad europea

Andrés Pascual, en el VI Congreso Nacional de Ingenieros Agrónomos celebrado en València la semana pasada. / ED

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J.M. Bort

València

Las nuevas bioindustrias han comenzado a salir de los laboratorios para abrirse camino en el tejido productivo. Algunas ya cuentan con actividad comercial, aunque todavía representan un sector incipiente; otras están dando el salto desde los resultados de la investigación hasta su industrialización. En todas ellas hay un elemento común: la biotecnología como herramienta para generar nuevos productos, aprovechar recursos y desarrollar actividades económicas de mayor valor añadido.

«Ya existe una realidad comercial e industrial. Todavía es un sector pequeño, pero hay una corriente de bioindustrias que se están haciendo realidad», explica Andrés Pascual Vidal, director de Innovación de AINIA, que participó la semana pasada en el VI Congreso Nacional de Ingenieros Agrónomos celebrado en València El responsable del centro tecnológico valenciano sitúa este desarrollo en un contexto europeo favorable, marcado por la voluntad de reforzar la competitividad industrial mediante la innovación tecnológica.

La Comisión Europea busca impulsar actividades capaces de competir no a través de los bajos costes laborales, sino del conocimiento y la tecnología. «Ha encontrado en la biotecnología y en la bioeconomía un espacio donde Europa puede ser más competitiva». En ese escenario conviven industrias que ya están funcionando con otras que empiezan a abandonar la fase experimental.

Uno de los ámbitos es el cultivo de algas y microalgas, cuya biomasa se comercializa posteriormente para elaborar ingredientes alimentarios y extractos. También gana terreno la fermentación avanzada, que permite producir microorganismos con valor por sí mismos o aprovechar su capacidad para generar determinados compuestos. Hay aplicaciones, por ejemplo, en la fabricación de productos estimulantes para las plantas, mientras que otras empresas trabajan con hongos y microproteínas que pueden utilizarse en alimentación por su contenido proteico.

Pascual destaca la apuesta de Finlandia por esta tecnología, con una inversión pública anunciada de 78 millones de euros para una segunda planta. «Es un ejemplo de una bioindustria basada en una tecnología muy disruptiva a la que se está dando apoyo financiero para que pueda desplegarse comercialmente y Europa tenga una ventaja competitiva»

Entre los proyectos más innovadores figura el de la compañía finlandesa Solar Foods, que desarrolla ingredientes alimentarios a partir del dióxido de carbono presente en el aire, hidrógeno renovable y nutrientes. Pascual destaca la apuesta de Finlandia por esta tecnología, con una inversión pública anunciada de 78 millones de euros para una segunda planta. «Es un ejemplo de una bioindustria basada en una tecnología muy disruptiva a la que se está dando apoyo financiero para que pueda desplegarse comercialmente y Europa tenga una ventaja competitiva».

Instalaciones de Ainia, centro tecnológico privado de innovación e I+D+i. / J.M. López / JM Lopez

Otra de las vías de desarrollo es la denominada fermentación de precisión. En este caso, los microorganismos actúan como pequeñas biofactorías capaces de producir moléculas de interés, como proteínas. Se trata de una tecnología que está despertando el interés de grandes compañías y que necesita avanzar hacia instalaciones capaces de escalar los procesos. Pascual cita como ejemplo la inversión de Danone, Michelin y otros socios en una plataforma destinada precisamente a ese objetivo.

De la sostenibilidad a la competitividad industrial

El aprovechamiento de residuos agrícolas y alimentarios constituye otra de las grandes oportunidades de la bioeconomía. La posibilidad de transformar subproductos en ingredientes, materiales o nuevos compuestos lleva años presente en la investigación, pero el planteamiento empieza a cambiar. La prioridad ya no es únicamente mejorar la sostenibilidad de los procesos, sino conseguir que las nuevas tecnologías se traduzcan en actividad industrial, productos competitivos y negocios capaces de generar empleo. Todo ello, sin renunciar a los beneficios ambientales.

«En los últimos años parece que estas iniciativas se hayan apoyado sobre todo en la idea de mejorar la sostenibilidad. Pero lo que vamos a ver es una apuesta por estas tecnologías buscando la competitividad, sin renunciar a la sostenibilidad. Se trata de que sean rentables, que generen empleo y que los productos puedan competir en el mercado», apunta.

Ese cambio de orientación también explica el creciente protagonismo de la financiación pública europea. Durante años, Europa ha desarrollado una importante capacidad de investigación, pero el reto pendiente ha sido trasladar los resultados al mercado. «En Europa hemos hecho muy buena I+D, pero faltaba que se transformara en realidades industriales».

Para afrontarlos, cobran importancia los proyectos denominados 'first of a kind', instalaciones pioneras que permiten demostrar que una tecnología puede funcionar en condiciones industriales reales

Pascual considera que el despliegue de estas actividades contará con más financiación que hasta ahora. Uno de los principales obstáculos es lo que en el ámbito europeo se conoce como el valle de la muerte: el tramo que separa una innovación técnicamente viable de su conversión en un negocio industrial. A ese desafío se suma el escalado de los procesos, es decir, conseguir que una tecnología que funciona en el laboratorio pueda producirse a gran escala y con costes competitivos.

«Ese salto a la industrialización tiene retos técnicos y económicos». Para afrontarlos, cobran importancia los proyectos denominados 'first of a kind', instalaciones pioneras que permiten demostrar que una tecnología puede funcionar en condiciones industriales reales. Son iniciativas que entrañan riesgos y que no siempre encuentran inversores privados dispuestos a asumirlos. Ahí es donde, según el director de Innovación de AINIA, debe intervenir la financiación pública para facilitar el desarrollo de las primeras instalaciones. «El foco se está desplazando hacia la generación de industria. Por supuesto que vamos a aprovechar los residuos, pero el objetivo es crear actividad industrial».

La Comunitat Valenciana, ante una oportunidad

La Comunitat Valenciana reúne condiciones para participar en este proceso. Su potente tejido agroalimentario y la disponibilidad de recursos de biomasa ofrecen una base para desarrollar nuevas aplicaciones industriales, desde ingredientes y proteínas hasta otros productos obtenidos mediante procesos biotecnológicos.

La investigación y la capacidad tecnológica existen, pero necesitan inversiones, instalaciones y empresas capaces de llevar los proyectos al mercado

«La oportunidad es buenísima. Tenemos una enorme cantidad de recursos de biomasa para hacer muchas cosas y, en tecnología y conocimiento, somos una de las regiones europeas con mayor densidad de capacidades y de las que más proyectos europeos consiguen en este ámbito», afirma Pascual.

El reto, añade, es el mismo que afronta el conjunto de Europa: conseguir que ese conocimiento se traduzca en resultados industriales. La investigación y la capacidad tecnológica existen, pero necesitan inversiones, instalaciones y empresas capaces de llevar los proyectos al mercado. «La Comunitat Valenciana tiene un gran potencial, pero necesitamos dar el paso hacia los resultados».

El director de Innovación de AINIA reivindica también el papel de los ingenieros agrónomos en este nuevo escenario. Su contribución no se limita al ámbito de la producción agrícola: también pueden intervenir en el diseño de procesos, la selección de equipos y la puesta en marcha de instalaciones industriales. Una perspectiva que conecta el conocimiento del sector primario con las nuevas tecnologías de transformación.

FEBIO, 24 y 25 de noviembre

La evolución de estas actividades tendrá también un escaparate en València. Los días 24 y 25 de noviembre, el Museo de las Ciencias Príncipe Felipe acogerá FEBIO, un encuentro dedicado a las nuevas bioindustrias que reunirá a compañías y especialistas europeos. AINIA participa en su organización junto a FEDACOVA y Bioval. Entre las experiencias que se presentarán habrá proyectos de fermentación, producción de proteínas y nuevas aplicaciones biotecnológicas, incluidos modelos que utilizan plantas para obtener proteínas de interés.

Entre las experiencias que se presentarán habrá proyectos de fermentación, producción de proteínas y nuevas aplicaciones biotecnológicas, incluidos modelos que utilizan plantas para obtener proteínas de interés

La presencia de estas iniciativas refleja hasta qué punto el sector está diversificando sus tecnologías. No todo pasa por los fermentadores ni por la transformación de residuos: también hay empresas que trabajan con plantas como plataformas para producir nuevos ingredientes.

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«Estamos aprovechando la tecnología para habilitar nuevos productos y nuevas aplicaciones», señala Pascual cuando se le pregunta si estamos preparados para consumir alimentos fabricados por microorganismos. Su respuesta apela a la familiaridad de estos procesos: «Estamos constantemente comiendo alimentos fabricados por microorganismos». La fermentación forma parte de la alimentación desde hace siglos; las nuevas tecnologías amplían ahora sus posibilidades y permiten obtener productos que antes no estaban al alcance de la industria.«No hay que tener miedo. Hay que pensar que necesitamos diversificar», concluye.

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