Ejemplar de tortuga boba, la especie más común de las tres que pueden encontrarse en las costas de España. | Shutterstock

Fauna. La tortuga marina, presente en todas las costas españolas del Mediterráneo, en parte del Cantábrico y en Canarias, suma una amenaza tras otra. A los ya consabidos peligros del palangre, cuyos anzuelos las mata accidentalmente por millares, se añade ahora el calentamiento de sus hábitats y los omnipresentes plásticos, que las tortugas confunden con sus presas favoritas.

Gracias a la movilización social, la tortuga marina ha logrado sortear (pero no totalmente) las amenazas tradicionales a las que se ha enfrentado durante las últimas décadas, especialmente la captura accidental por artes de pesca, que redujo sus poblaciones de forma importante. Sin embargo, se enfrenta ahora a una nueva amenaza, mucho más preocupante y de carácter global: el cambio climático. Este fenómeno, junto con la proliferación de plásticos, complican el futuro de una especie emblemática en las costas españolas. Las especies más abundantes en España son tres: la tortuga boba (Caretta caretta), la tortuga verde (Chelonia mydas) y la tortuga laúd (Dermochelys coriacea), si bien la primera es la más numerosa, con diferencia.

El calentamiento global afecta a través de varios frentes, pero el que más ha llamado la atención de los científicos es la proliferación de excesivos ejemplares hembra y pocos machos, lo que comprometería la reproducción de la especie y, por tanto, su futuro. Ello es así porque, como afirma el biólogo marino Manu San Félix, «la temperatura de la arena donde ponen sus huevos determina el sexo con el que nacerán las crías». En las tortugas marinas, la diferenciación sexual no se produce en el momento de la fecundación, sino en función de los grados a los que está la arena del nido donde se depositan los huevos. Y si esa temperatura aumenta, subirá la proporción de hembras. Si baja, predominan los machos.

La tortuga marina pone sus huevos de manera cada vez más frecuente en playas del Mediterráneo español

Por otra parte, durante los últimos veranos se está viendo cada vez con mayor frecuencia cómo esta especie pone sus huevos en playas del Mediterráneo español (Cataluña, Comunidad Valenciana, Ibiza...), cosa que antes solo sucedía muy raramente. Como afirma el veterinario del Consorcio de Recuperación de Fauna de las Islas Baleares (Cofib) Víctor Colomar, ello puede ser debido al aumento en algunas décimas de grado de la temperatura en los lugares donde desova habitualmente, lo que las lleva a desviarse a lugares algo más frescos. Otros expertos, en cambio, sostienen que estos desoves en España «siempre han sucedido, lo que pasa es que ahora hay más gente en las playas para presenciarlo», como señala San Félix.

Huevos de tortuga marina en un nido de la playa. | Shutterstock

Sea como sea, lo cierto es que la simple subida del nivel del mar amenaza directamente el hábitat y los lugares de desove. A las dificultades ya existentes para encontrar playas adecuadas para que las tortugas pongan sus huevos (por la creciente urbanización y masificación turística), la subida del mar es un reto añadido. Y, además, la creciente intensidad de las tormentas y otros eventos extremos inunda los nidos y destruye sus hábitats. La forma en que la especie podrá adaptarse en el futuro a estas nuevas circunstancias constituye todavía un misterio.

Pero, además, el derretimiento de los casquetes polares puede llegar a reducir las corrientes marinas por las que viajan las tortugas desde sus lejanos hogares americanos hasta las costas españolas, advierten los científicos, que observan atentamente la dinámica de los mares.

El biólogo Manuel Merchán, presidente de la Asociación Chelonia, una entidad sin ánimo de lucro que lucha por reducir la captura accidental de tortugas marinas, explica que en los últimos años «se ha reducido mucho el impacto de los pesqueros palangreros», que eran los que, involuntariamente, enganchaban con sus anzuelos a miles de ejemplares cada año. Manu San Félix señala que en 1992 se capturaban por este motivo entre 15.000 y 20.000 ejemplares anuales solo en la zona del sur de Baleares. Estas cifras «han bajado en picado ahora, gracias a que se ha trabajado mucho en este tema», señalan. Pese a todo, la pesca sigue siendo un grave problema para la especie en la actualidad.

AMENAZAS

METEOROLOGÍA. Tormentas más violentas que destruyen sus nidos

  • Las cada vez más intensas tormentas por el cambio climático destruyen los nidos de las tortugas.

REPRODUCCIÓN. Arenas más calientes que alteran la cría

  • Al subir la temperatura de la arena donde ponen, aumenta el número de crías hembra, lo que compromete el futuro de la especie.

DESHIELO. Subida del nivel del mar

  • El calentamiento también hace subir el nivel de mar y destruye los hábitats de desove. También amenaza las corrientes por las que viajan las tortugas marinas.

CONTAMINACIÓN. Plásticos en el estómago de las tortugas marinas

  • Las tortugas marinas confunden los plásticos con sus presas naturales y muchas de ellas mueren ahogadas al intentar comerlos.

El presidente de Chelonia destaca que «lo que se observa en las necropsias que se practican es la gran presencia de plástico en los cuerpos de las tortugas». Merchán afirma que este es el nuevo campo de batalla. Y es que las tortugas ingieren deliberadamente el plástico al confundirlas con los organismos de que se alimenta, que suelen ser gelatinosos y traslúcidos, como es el caso de las medusas.

El derretimiento de los polos puede reducir las corrientes que les permiten viajar a lo largo del planeta

La entidad internacional World Wildlife Fund (WWF) calcula que todos los años se lanzan al mar ocho millones de toneladas de plástico, «lo cual constituye una verdadera trampa para los animales». También lo son las redes abandonadas en el fondo del mar, que siguen capturando peces y tortugas durante décadas, pero ya sin ningún fin. Algunas administraciones, como el Gobierno de Baleares, dedican fondos anuales a retirar estas trampas mortales del fondo del mar. Es una de las medidas necesarias para frenar la destrucción de la fauna marina.

Una tortuga tratando de ingerir un plástico al confundirlo con un alimento. | Troy Maine-Oceanic Imagery





Un viaje desde USA al Mediterráneo

Las tortugas que se observan en aguas de Valencia o Ibiza, por ejemplo, proceden nada menos que de las costas de Florida, en Estados Unidos. Llegan desde allí todos los años, en una migración de miles de kilómetros favorecida por las corrientes marinas que cruzan el Atlántico. Tras penetrar por Gibraltar, permanecen un tiempo alimentándose en el Mediterráneo occidental y, cuando llegan a la madurez sexual, regresan a poner sus huevos a la misma playa en la que nacieron, al otro lado del mundo. «Primero pensábamos que nuestras tortugas venían del Mediterráneo oriental, pero vienen de Florida», recalca Manu San Félix refiriéndose a los ejemplares de Ibiza y Formentera.

¿Qué hacer si se ve una tortuga?

Los expertos son claros y unánimes ante la eventual observación de una tortuga marina en la playa. Lo más probable es que llegue para desovar. Es preciso no molestarla en absoluto y, enseguida, llamar al 112, indicando de lo que se trata. Es importante no abrumar al animal, evitando hacerle fotos con flash si es de noche, no tocarla ni perturbarla de ninguna otra forma. Solo necesita tranquilidad para ejecutar el acto más importante de su vida y del que dependerá el futuro de decenas de pequeñas tortuguitas. Posteriormente, los técnicos de Medio Ambiente o del 112 determinarán si es necesario preservar el lugar donde se ha colocado el nido para proteger los huevos.
Redacción: Joan Lluís Ferrer (coordinador), Luis Mario Arce, Francisco José Benito y Minerva Mínguez. - Diseño y maquetación: Javier Caldito
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