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Opinión | Va de Bo

Una jugada que marcó un destino

Álvaro de Faura remontó un 25-55 en la final de 2004

Julio de 1992, a las puertas del Bar Raspa, de Godelleta. Colorado, un veterano jugador local, conocido en el ámbito de los clubes, acaba de llegar de Faura donde ha presenciado la final del Trofeo El Corte Ingles de Galotxa que enfrentaba a la formación local, liderada por Álvaro contra Benavites, el pueblo vecino. Victoria de Faura. Colorado muestra su entusiasmo: « Hoy he visto al que será futuro campeón individual, seguro...» Y me relataba las jugadas, de aquel zurdo, su poderosa pegada pero sobre todo su carácter competitivo. Alvaro tenia 19 años. En julio de 1995 protagonizó La Partida del Segle contra Genovés. Tres años después se proclamó campeón ante Pigat II. Tenía 25 años. Comenzó una década de dominio aplastante ante rivales como Núñez, Sarasol, Ribera, Soro III y Genovés II, «el fill de Paco».

Genovés II fue el más duro de los rivales. Aquel día de la final de 2004, el trinquete de Pelayo se llenó a rebosar. Se enfrentaban por vez primera en la final del Individual. Entró Alvaro a la cancha en dirección al vestuario, alzó la vista y se encontró con una pancarta en la galería del resto. Era de ánimos a Genovés II, un joven pelotari con enormes condiciones técnicas y un carisma diríase genético. Fue la primera vez que se colgó una pancarta en el trinquete, rompiendo una tradición de exquisitez en la neutralidad de la afición. Sólo se violó esa regla cuando el «Paco, Paco, Paco» del ultimo juego de la histórica final. Estaba claro que Álvaro, como en el 95, jugaría contra los sentimientos de la mayoría de los espectadores. La partida corroboró ese impacto psicológico negativo y el de Faura veía caer los juegos a favor de José Cabanes, que ofrecía su amplio repertorio. El marcador señalaba un 25-55 para Genovés II. Paco, inquieto, no quiso ver esos momentos. Entraba y salía del palco. No pudo ser en ese juego. Sería en el siguiente. Tampoco. Estábamos 35/55 y Alvaro veía una luz lejana de esperanza. En la grada, su esposa cerraba los ojos y parecía rezar. Otro juego , y otro, y otro. La tensión. El carácter de Alvaro le llevaba en volandas mientras que Jose parecía bloqueado. Con el 50/55 tuvo “val” para acabar. Un “bot i braç tallant corda” pudo ser , iba a ser el quinze de la gloria. Bota la pelota endiablada en piso, toca ‘careta’. Ya estaba…Imposible de restar. La pilota, de tan fuerte, tuvo fuerzas para llegar al ‘tamborí’ y elevarse. Y Álvaro en un escorzo la resta y la coloca en el palquet. Fue el quinze que acabó de destrozar a Genovés II. Si aquella jugada perfecta no derribó a Álvaro es porque el destino escribía en su contra. Nueve años antes dictó sentencia a favor de su padre. Ahora tocaba pagar la deuda…Álvaro consumó una remontada, esta sí, histórica. En cinco finales se enfrentaron Alvaro y Genovés II. En todas ganó el de Faura. Aquella jugada de la “careta i tamborí” fue la razón psicológica. La diciplina en la preparación física y mental de Alvaro, el argumento definitivo. El de Faura era un maniático en lo físico, en la alimentación y en trabajar su mente para la positividad. Alguien lo catalogó como el precursor de la preparación física moderna del Joc de Pilota. Su técnica fue depurándose y le permitió reinar en los trinquetes valencianos durante casi tres lustros. Tenía buen ojo Colorado. Once títulos individuales lo corroboran.

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