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Pensamientos de José Pascual
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Blog Pensamientos de José Pascual - José Pascual Prats Besó

José Pascual Prats Besó

Nací en 1962. Soy Ingeniero Industrial superior por la Universidad Politécnica de Valencia. Disfruto enormemente de la compañía de la familia y los amigos, y soy un hombre de costumbres sencillas.

Sobre este blog de Comunitat

Espero que mis artículos aporten a los lectores algunas ideas y temas de conversación.


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  • 12
    Marzo
    2014

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    ¿Vamos a la Ofrenda o a cruzar el desierto del Kalahari?

    Llega el esperado día de la Ofrenda,  uno de los actos centrales de la Fiesta Fallera.  Estamos citados a la hora adecuada a la puerta del Casal,  y van llegando los componentes de la comisión infantil acompañados de sus padres.

    Generalmente las mamás o los papás acarrean equipamiento diverso para la larga travesía que nos espera:  comida abundante,  agua también abundante,  alguna prenda de abrigo complementaria por si refresca al atardecer,  cámara de fotos,  de vídeo,  teléfono móvil para mantener informados a familiares y amigos sobre donde nos encontramos…  En fin, que falta poco para llevar una tienda de campaña y colchonetas para instalarse en la calle por si la cosa se alarga.

    Iniciamos la marcha y independientemente de la hora que sea,  da igual que sean las cuatro de la tarde,  que las siete,  que las nueve de la noche,  antes de realizar un cuarto de hora de trayecto ya se está alimentando a los niños “por si les entra desmayo”.  Los alimentos pueden ser de lo más variados:  rosquilletas,  madalenas, papas o ganchitos,  churros o buñuelos,  golosinas,  o un bocadillo de chorizo…  Comen mientras caminan y las niñas especialmente descubren que serían más felices si tuvieran cuatro manos ¿Cómo me las arreglo para sostener el ramo de flores,  el paquete de papas,  la botellita de agua, la servilleta de papel para no pringar de aceite el vestido,  y tener una mano libre para comer?  Las mamás o los papás aportan las manos suplementarias:  Mamá… “Sujétame el ramo”,  “Dame agua”... y la mamá responde “Te estás tirando todo por encima,  te vas a poner perdida…”

    Como lo muy salado y lo muy dulce que tenemos costumbre de darles en este periplo seca la boca,  después y durante ese banquete itinerante entra sed,  y claro…  hay que beber.  Los niños beben abundante agua u otro tipo de refrescos con avidez y frecuencia,  y vamos avanzando hasta el punto de encuentro.  Llegamos al plantón de la Calle San Vicente y allí seguimos dándoles a los niños comida y bebida.  ¡Que no pasen hambre o sed,  porque estamos cruzando el desierto y pueden quedar todavía días de camino!

    Y entonces al fin arrancamos y ya parece que vamos a continuar,  y justamente al atravesar la Plaza de San Agustín y entrar en la Calle de San Vicente donde ya hay público,  una niña dice a su madre con cara de desesperación:  “Mamá,  me hago pis”.  Normal…  después de comer y beber tanto por el camino su aparato digestivo ha funcionado a la perfección y hay que evacuar.  Aquí empieza el drama y la carrera contra reloj ¿Dónde hay un vater razonablemente limpio para poder ser utilizado por una niña vestida de valenciana en esta tarde de aglomeración de gente?  La mamá y la niña empiezan la búsqueda desesperada:  “Aquí hay mucha cola”,  “Éste está asqueroso”,  “No hay papel (por supuesto)”…  Por fin encuentran uno utilizable y la niña da descanso a su apretada vejiga.  Pero al salir del bar…  ¿Dónde está nuestra comisión?  Ya han avanzado bastante,  y entonces la mamá y la niña empiezan a correr cronómetro en mano,  y claro,  el elegante y plagado de riqueza traje de valenciana no ha sido diseñado para batir el récord de los 200 metros lisos.  ¡Mamá,  se me ha salido el zapato! una parada,  ¡Se me cae la joia! otra parada,  ¡Se me ha torcido la peineta!  otra parada…  Finalmente,  y con la respiración visiblemente acelerada, la mamá y la niña alcanzan a la comisión,  pero… ¡horror! alguien ha variado la formación para cumplir la normativa y la niña ya no tiene hueco ¿Dónde me pongo? pregunta la niña sin haber recuperado todavía el aliento,  y después de un cierto estrés y algunas discusiones se encaja a la niña en el desfile,  y pasamos a ofrecer las flores a nuestra Mare de Deu que todo lo aprecia y valora y nos recibe con su amor infinito.

    Entonces me vienen a la cabeza esos pensamientos propios de una noche de Primavera:  ¿Cuánto tiempo nos ocupa la Ofrenda?  No es habitual que sean más de cuatro horas,  generalmente más o menos tres horas  ¿Conozco a alguien que haya muerto de inanición,  como si tuviese la desgracia de encontrarse en un país en guerra,  por no probar bocado durante cuatro horas?  Yo no lo conozco,  aunque no digo que no pudiera pasar esto a causa de algún problema de salud, pero tengo entendido que en general para morir de hambre hacen falta bastantes días sin comer.  En un  día normal cualquiera nos pasamos cuatro horas sin tomar nada,  por ejemplo desde la diez de la mañana que almorzamos hasta las dos de la tarde que comemos,  y no caemos inconscientes en la calle.

    Moraleja:  Si se come,  se bebe,  y si se bebe se necesita ir al baño.  Que nuestros niños vayan a la Ofrenda con todo hecho de antes (comer, beber, e ir al retrete) y evitaremos ir cargados y tener episodios como el que hemos contado.  Bueno,  si hace mucho calor porque es a primera hora de la tarde,  algún sorbito de agua…  tampoco ha que exagerar.

    Que disfrutemos la Ofrenda.

     

     

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